La plaga del baile de 1518, el flautista de Hamelin y las tarántulas

Se han preguntado de dónde viene el significado del término “atarantado”, cuando significa “aturdido, espantado, confundido”?… Pues sí, tiene que ver con las tarántulas, pero para entender un poco más les contaré una extraña historia ocurrida en el año de 1518 y que aun hasta nuestros días constituye un misterio sin resolver. Al final del presente artículo, el lector podrá entender el origen del término y también desentrañar el misterio del singular título de este escrito.

Era 14 de Julio de 1518 en la ciudad francesa de Estrasburgo. Troffea, una mujer de algo más de 30 años caminaba ensimismada por una estrecha y empedrada calle cercana a la plaza de la ciudad, cuando repentinamente comenzó a contorsionarse en movimientos violentos. Los que la vieron atestiguaron que la referida dama se encontraba en una especie de trance, ejecutando un frenético baile. Al principio pensaron que estaba poseída por espíritus, pues en esa época era una explicación común a muchos comportamientos inexplicables; pero pronto la diagnosticaron como un caso más del temido Tarantismo o Enfermedad del Baile. Supuesto trastorno causado por la picadura de una tarántula, cuyo síntoma principal es la necesidad irrefrenable de bailar.

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Troffea siguió bailando por horas, sólo para caer exhausta el tiempo necesario para recuperarse y continuar bailando. Se cuenta que bailó por cuatro días seguidos, al final de los cuales presentaba calambres y lesiones en el cuerpo. Lo más curioso de todo es que al cabo de unos días ya eran más de 30 personas en la plaza de Estrasburgo con los mismos síntomas, en una suerte de fenómeno de histeria colectiva y lo peor de todo era que el número continuaría creciendo aceleradamente en los siguientes días, como veremos más adelante.

Estrasburgo no era el primer caso. En Europa ya se habían presentado otros, se trataba de una temida epidemia. En el siglo X un brote similar afectó a varios poblados al borde del río Rin y en 1374 un brote de magnitud considerable afectó al poblado de Aachen, en Alemania. Otro baile multitudinario en Alemania es el aparente culpable de la caída de un puente sobre el río Mosa en el siglo XIII, que colapsó por el peso de cientos de bailarines. Una región muy afectada por esta “enfermedad” fue Apulia, al sureste de Italia, donde parece que se volvió un asunto endémico, que recrudecía año con año. De hecho, existen abundantes referencias de casos, principalmente durante los siglos XVI, XVII y XVIII.

El caso de la región de Apulia, en Italia, fue tan alarmante que muchos eruditos de la época comenzaron a estudiarlo. En 1612, un médico italiano llamado Epifanio Ferdinando estudió con atención el caso de un niño llamado Pietro Simone di Messapia, quién había sido picado por una tarántula durante la noche. El niño no se podía levantar ya de su cama y sudaba de manera excesivamente alarmante. Se sofocaba y tenía convulsiones. Ferdinando cuenta en su libro que lo único que lo reanimaba era la música y finalmente con un tratamiento bien recetado de melodías, el niño se pudo recuperar en menos de una semana.

La música se había convertido en el tratamiento indiscutible para el Tarantismo. Es decir, en lugar de impedir que los enfermos continuaran bailando, se los alentaba a ello.

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Ahora volvamos a nuestro bailoteo en la plaza de Estrasburgo.

El número de atarantados o atarantulados creció hasta el increíble número de 400 personas, convirtiéndose en uno de los casos de tarantismo más graves registrados, pues muchos murieron de agotamiento, deshidratación e infartos. Bailaban hasta la muerte. Los que tuvieron algo más de suerte terminaron con lesiones y fracturas. Se cuenta que las autoridades de la ciudad, alarmadas por lo que estaba ocurriendo, llamaron a los más reputados médicos de la época. Al final, la recomendación de los médicos por unanimidad fue la de contratar una banda de música y armar una tarima de baile donde los danzantes se hicieran el menor daño posible.

Aunque lo anterior suene salido de una película, sucedió en la vida real y se encuentra bien documentado en varias obras literarias. Para entender lo ocurrido tenemos que trasladarnos a aquella época, donde la medicina era incipiente y el funcionamiento del cuerpo humano era un tabú. Muchas de las curas eran relacionadas con lo mágico o lo esotérico. Los remedios eran los sugeridos a través de la cultura popular, basados en leyendas o conjeturas fantásticas.

La cura con música se volvió tan popular, que se creó un nuevo tipo de composiciones musicales, llamadas tarantelas y habían bandas de músicos que se dedicaban a tocar tarantelas de pueblo en pueblo con el ánimo de curar a los enfermos.

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En una obra publicada en 1835 se cuenta:

Era común a inicios del siglo XVII, que bandas enteras de músicos viajen a través de Italia, durante los meses de verano, y … la cura del tarantismo fue emprendida en gran escala. Estas sesiones de música y baile eran llamadas “el pequeño carnaval de la mujer” debido a que las damas ahorraban dinero para recompenzar a los músicos que llegaban a los pueblos, dejando de lado sus tareas del hogar, para participar en estos festivales enfermizos. Cabe mencionar el caso de una benevolente dama llamada Mita Lupa, quien gastó toda su fortuna con este fin.

Las tarantelas se volvieron tan populares, que este género se convirtió en parte del folclore italiano. La tarantela va acelerando su ritmo “in crescendo“, haciendo que cada vez se tenga que bailar más rápido. Para aquellos aficionados a la música he preferido copiar aquí unas viejas partituras encontradas en una obra antigua llamada El Tarantismo Observado en España, de 1787, por el Cid Francisco Javier. Quién sabe y alguno de los lectores pueda revivir el sonido de esta danza de tarántulas.

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Un célebre brote de tarantismo ocurrido en 1237 afectó de manera particular a los niños. Para “variar”, una banda de músicos tocando tarantelas acudió a su socorro, con la particularidad que los niños bailaban y corrían de tal manera que llegaron a recorrer los 20 kilómetros que separaban a los pueblos de  Erfurt y Arnstadt (en el centro de Alemania). Este suceso ocurrió en la misma época que la leyenda del flautista de Hamelin. Muchos creen que ambas historias se encuentran relacionadas.

Los brotes de tarantismo desaparecieron súbitamente en Europa, envueltos en el mismo misterio con el que llegaron. Tomó diferentes nombres a través de los siglos, como Baile de San Vito o Baile de San Johns. Muchos especulan sobre las reales causas, que van desde intoxicación con hongos, fenómenos psicológicos sociales como la histeria colectiva, hasta su relación con alteraciones neurológicas como la enfermedad de Huntington. Lo cierto es que su presencia quedó impregnada hasta nuestros días en forma de arte, de historias, de música y de tradiciones.


Fue Alexander Graham Bell el verdadero inventor del teléfono?

En la actualidad todos asumimos como una verdad indiscutible que Alexander Graham Bell sea el inventor del teléfono, pero a mediados del siglo XIX, cuando aún no existía este artefacto, hubo un inusitado movimiento en torno a este posible invento que muchos ya avisoraban como el “telégrafo parlante”. Esto ocasionó que varios entusiastas trabajen en simultáneo sobre la misma idea, lo que finalmente se convirtió en una carrera maratónica para ver quién llegaba primero a la oficina de patentes. 

Lo que leerán a continuación está basado en el primer capítulo de un libro que publiqué hace algunos años y que he creído propicio compartir. En él notarán el trepidante desarrollo de acontecimientos que terminó en lo que hoy llamamos teléfono y también una de las más grandes polémicas en cuanto a patentes de todos los tiempos, tan importante que el Congreso de los Estados Unidos de América se pronunció al respecto más de un siglo después.

Transcurría el año de 1849 en la Habana, en ese entonces todavía colonia española. Antonio Meucci, químico y médico italiano, se había mudado allí con su esposa en busca de trabajo en uno de los teatros más importantes del continente, el Teatro Tacón. Le habían encomendado la misión de construir un sistema de purificación de agua para el teatro.

Trabajaba en sus diseños en una oficina que había adecuado en la planta baja de su propia casa y de cuando en cuando subía a su dormitorio a constatar el estado de salud de su esposa, quien sufría de dolores a causa del reumatismo. Supongo que como todo inventor, vio en esa incomodidad una oportunidad de solucionar un problema y tuvo la idea de construir un dispositivo para poderse comunicar con su esposa sin tener que subir al dormitorio. Instaló un cablerío desde su oficina hasta su cuarto y después de algunos intentos fallidos logró escuchar la voz de su esposa saliendo de un rudimentario diafragma. El invento fue motivo de sorpresa para sus vecinos y la población en general, pero en la Cuba de ese entonces no había una comunidad científica importante que se hiciera eco de su invento y luego de unos años, decidió mudarse a USA. Así fue como en 1854, el mismo Meucci ya con su dispositivo perfeccionado y con varios diagramas dibujados por él mismo, hace una nueva demostración de su invención en la ciudad de Nueva York.

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Pero mientras Meucci se las ingeniaba para perfeccionar su teléfono, del otro lado del mundo, en Francia, se tejía una historia no menos interesante. Un modesto trabajador de la compañía telegráfica se encontraba realizando mejoras a la red de telégrafos y se le ocurrió un método para convertir la voz en electricidad. En realidad se puede decir que se trataba de un precursor de lo que hoy conocemos como micrófono. El nombre de este hábil ingeniero francés era Charles Bourseul.

La curiosidad de Bourseul no quedó allí, también se imaginó un sistema telefónico con todos sus componentes e inclusive se preocupó de redactar su idea y enviarla a una conocida revista parisina de la época, llamada L’Illustration. Los directivos de la revista no dudaron en publicar sus escritos. Lo curioso de todo esto es que la publicación se realizó casi en simultáneo con la demostración de Meucci en Nueva York, en 1854.

El único problema de Bourseul es que se preocupó de construir un prototipo funcional de su aparato transmisor de voz, pero nunca llevó a cabo el experimento completo y hasta donde sabemos, nunca terminó de construir la parte faltante: el receptor o parlante. Aparentemente comenzó su construcción, pero luego de unos cuantos intentos fallidos, perdió el interés por terminarlo. Lo único que a ciencia cierta queda como constancia de su aventura es el ejemplar de aquella revista parisina.

Tiene que haber sucedido alguna suerte de alineación de los planetas ese año, pues parece que un ejemplar de aquella revista cayó en las mejores manos posibles. Las del brillante y meticuloso ingeniero alemán Johann Philipp Reis.

Reis trabajaba como profesor de física en ese entonces y la idea lo capturó de inmediato. Decidió continuar con la idea de Brouseul y construir toda una serie de prototipos de la manera más prolija y obsesiva imaginable. Al principio lo hizo de forma rudimentaria, trabajando en un improvisado laboratorio en el patio de su casa y aprovechando materiales comunes de forma astuta y creativa. Usó corcho, una aguja de tejer y hasta la “piel” de una salchicha como membrana de su aparato transmisor. Talló un conjunto de orejas humanas en madera, para entender cómo ésta captaba las ondas sonoras y poder así emular su comportamiento. Realizó varias versiones de todos los componentes para encontrar la mejor alternativa de cada uno. Documentó todo el proceso de manera muy paciente y gracias a ello hoy poseemos toda una serie de hermosas ilustraciones de su trabajo.

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Para construir el componente inconcluso de Brouseul tuvo una ingeniosa idea, visitó a su amigo el Profesor Peter, maestro de música y le pidió prestado su violín. Peter no sólo se lo prestó sino que le regaló un violín que no usaba. Hizo que una suerte de electroimán rozara sus cuerdas y después de algunos intentos, logró arrancarle sonidos al instrumento. El violín de por sí tiene una cámara acústica resonante y consiguió amplificar los sonidos de tal forma que se escuchó algo muy parecido a la voz.

Pero esto fue sólo el principio, al poco tiempo reemplazaría el violín por una caja resonante construida por él mismo y luego mejoraría aún más el dispositivo de recepción haciéndolo más compacto. Todo este proceso demoró varios años y es así como en 1860 Reis termina de perfeccionar su aparato telefónico y documenta su logro muy bien. Cabe destacar que fue el mismo Reis quien decide darle el nombre de “teléfono” a su recién nacida criatura, acuñando así el término. Para poner las cosas en perspectiva, en la época que Reis terminó su invento Graham Bell era un niño de 13 años.

Los meses siguientes fueron frustrantes. Reis notificó de su invento a varias revistas y gacetas científicas, obteniendo solo rechazo o respuestas incrédulas que subestimaban la importancia de su invención. En 1862 envió un artículo a la revista alemana Annalen, y su editor, el profesor Poggendorff se negó a publicar el artículo aduciendo que era científicamente imposible crear tal cosa. Fue tan sólo en 1864 cuando Reis decide jugárselas y hacer una demostración en vivo a los más reputados científicos alemanes. La respuesta positiva fue inmediata, incluso el mismo Poggendorff, le ofreció publicar su artículo, para de esta forma reparar la equivocación anterior, pero Reis, ahora hinchado de orgullo se opuso.

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Johann Philipp Reis  pasó los siguientes dos años tratando de impresionar al público alemán, pues había calado en la esfera científica pero aun su invento no era conocido por las masas. Lamentablemente el tiempo no le alcanzó y pronto cayó enfermo y tuvo que bajar su ritmo de vida. Sólo pudo continuar con su trabajo de profesor, alternando su tiempo con esporádicas apariciones ante la comunidad científica. Se cuenta que instaló una línea telefónica hasta el salón donde impartía clases y los alumnos trataban de no decir cosas inapropiadas en su ausencia por temor a que los estuvieran escuchando a través del teléfono del profesor Reis. Murió en 1874, poco menos de 10 años después de su demostración a la élite científica germana y tan sólo un año antes de la patente de Graham Bell, luego de lo cual sus logros fueron prácticamente relegados al olvido.

Ahora hagamos un breve paréntesis aquí para hacernos una pregunta. Ustedes piensan que a estas alturas hay suficientes actores involucrados? Pues, qué les diré, hay todavía mucha más “tela por cortar” aunque parezca increíble.

Sucede que en Italia también había interés por el esperado “telégrafo parlante”. Incluso antes de Meucci, un inventor llamado Innocenzo Manzetti se imagina el artefacto ya en 1843 pero no se decide a construirlo sino hasta 1864.

Manzetti se encontraba trabajando en varios inventos al mismo tiempo, así que el teléfono era uno más y probablemente no le dio toda la importancia que debía. De hecho, se encontraba obsesionado con la construcción de una especie de robot autómata que tocaba la flauta. Por muy descabellado que parezca para mediados del siglo XIX, resulta que Manzetti tenía un prototipo más o menos funcional de su humanoide. Tan impresionante era su autómata, que para darnos una idea podía interpretar más de 10 arias de ópera. Seguramente el teléfono le pareció un invento de segundo orden al principio y sólo le dio el interés que merecía cuando se le ocurrió que su autómata no solo podía tocar la flauta sino también hablar! Así es, el teléfono resultó para Manzetti tan sólo un accesorio de su autómata.

Para dicha de los más curiosos el autómata cibernético tocador de flauta se conserva prácticamente intacto hasta nuestros días y es la principal atracción del Museo Manzetti, ubicado en Aosta, el pequeño poblado donde nació Manzetti, al norte de Italia. Les dejo un vínculo por si algún día deciden darse una vuelta http://www.manzetti.eu/il-museo/.

También es importante que nos percatemos de que Manzetti construye su teléfono en 1864, el mismo año en que Reis se encontraba mostrando su invento a la comunidad científica alemana. Más coincidencias.

Como el teléfono era sólo un accesorio de su autómata, Manzetti no lo publicita de inmediato sino hasta un año después, cuando se da cuenta de su aplicación transmitiendo voz sobre los cables de telégrafo. Fue sólo a finales de 1865 cuando una revista francesa llamada Le Petit Journal decide publicar una reseña en su sección CURIOSIDADES DE LA CIENCIA. Para suerte de los lectores más curiosos tengo una copia de este histórico ejemplar y lo pueden descargar de el siguiente vínculo.

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Muchos rumoran que varios técnicos de la compañía telegráfica inglesa se interesaron en el invento de Manzetti, fueron a visitarlo a Italia y regresaron a Londres con información privilegiada que posteriormente llegó a los oídos de Bell y así fue que éste último se enteró de los detalles de la “mina de oro” que posteriormente patentó; pero todo queda en el campo de la especulación. Lo que sí parece cierto es que realmente técnicos ingleses fueron a visitarlo, pues existe registro de este episodio en el diario La Feuille d’Aoste en Agosto de 1865.

Los problemas con las patentes

Hasta aquí al menos ya algo es obvio, la invención del teléfono se trabajaba en simultáneo y sin respiro en varios países, de manera independiente. El conocimiento y la tecnología de la época habían apuntado todas sus lanzas en una misma dirección y muchos lo visionaron casi al mismo tiempo, como por arte de magia. La humanidad estaba lista para el invento, clamaba por él, lo necesitaba. La revolución en las comunicaciones humanas estaba por venir de cualquier forma, sólo era cuestión de poco tiempo, tal como sucede con otras invenciones humanas.

Lo cierto es que en este mundo todos podemos tener ideas, todos podemos construir prototipos, pero lamentablemente el rédito económico se lo lleva; no quien tiene la idea primero, tampoco quien la fabrica primero, sino quien la patenta primero. Injusto? No lo se, pero es tema de otro artículo seguramente. El lector, luego de leer esta historia podrá juzgar si algo del mérito tienen estos incansables predecesores que se quemaron las pestañas y prepararon el camino para lo que hoy conocemos como teléfono. En todo caso, el lector también debe saber que aún falta otro actor muy importante en esta historia y no se trata precisamente de Bell, como veremos más adelante.

En realidad, para ser objetivos, el primero en tratar de patentar el invento fue Meucci, de quien hablamos al principio de esta historia, quien en 1871 suscribió un documento de “aviso de patente” pero por su condición económica nunca pudo pagar el dinero para terminar este trámite y su documento expiró pocos años después. 

En 1875, un año después de expirar el trámite de patente de Meucci, Alexander Graham Bell, un escocés radicado en los Estados Unidos, logra patentar el esperado teléfono y es el primero en terminar el trámite de patente.

Lo cierto es que Bell había estado experimentando previamente con algunas ideas para concebir su dispositivo telefónico hasta que un día logró arrancarle a la electricidad algunos sonidos. Cuenta la historia que la primera llamada que hizo fue para decirle a su asistente las célebres frases “Mr. Watson, come here. I want to see you.” (“Sr. Watson, venga. Necesito verlo.”).

Pero aquí no termina la historia. Quizá el personaje que más desató polémica con la invención del teléfono no fue ninguno de quienes hemos hablado hasta aquí, sino Elisha Gray.

Lo que hace que el caso de Elisha Gray sea particularmente importante no es que también haya construido un teléfono como varios más, sino que increíblemente llegó a la oficina de patentes tan sólo unas horas después de Bell. Imagínense, la humanidad pasó miles de años acumulando conocimientos, estudiando la naturaleza del sonido, descubriendo la electricidad, inventando el telégrafo, fraguando todo lo necesario para darle forma y tiempo a un artefacto… y resulta que dos personas coinciden en la MISMA oficina de patentes a patentar la MISMA cosa sólo a horas de diferencia. Realmente asombroso y para algunos: imposible.

Los dos inventores entraron en una conocida disputa legal que finalmente ganó Bell luego de larga batalla. Esta disputa fue tan compleja y larga que constituye de por sí un interesante caso de estudio y a la vez un entretenido relato. Las coincidencias entre ambas solicitudes de patentes son tan asombrosas que han dado pie a las historias conspiratorias más fantásticas. Si alguien está interesado en conocer más detalles, les comparto el vínculo de Wikipedia y les recomiendo preparar un buen café https://en.wikipedia.org/wiki/Elisha_Gray_and_Alexander_Bell_telephone_controversy

Al final del día, gracias a la patente Bell pudo hacer de la idea del teléfono un negocio rentable y tiene el mérito de haber desarrollado la idea y convertirla en algo práctico para la sociedad. Bell se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Se cuenta que en determinado momento Bell trató de vender su patente a Western Union por $100 mil dólares pero el presidente de Western Union se negó pues consideró que el teléfono era nada más que un juguete. Tan solo dos años más tarde el mismo directivo de Western Union le comentó a sus colegas que si pudiera conseguir la patente de Bell por $25 millones de dólares lo consideraría una ganga!

Hasta aquí mi anhelo de dar a conocer la otra parte de los acontecimientos suscitados prácticamente en paralelo a la famosa patente de Bell, el resto de la historia ya la conocemos todos.


Los animales más numerosos del planeta son también los menos conocidos. El infame caso del krill y los colémbolos.

Al lector a lo mejor le sorprenda saber que los animales más numerosos del planeta no son los perros o las hormigas, ni los mosQuitos, ni las vacas, sino el krill y los colémbolos. Son pequeños animales pero de gran número. Parafraseando a Isaac Asimov en uno de sus escritos “lo numeroso es pequeño”.

Pero la cosa seguro no terminará allí sino que el lector, en caso de que no los conozca, querrá saber qué diablos son estas cosas y por qué han pasado desapercibidos de la mayoría de nosotros?. Pues a continuación haré una breve descripción de estas singulares especies que inundan nuestro planeta, manteniendo la cadena alimenticia y por lo tanto el equilibrio de todo el ecosistema. Su número es tal que es difícil incluso imaginarlo y por lo tanto se especula su número por unidad de superficie o volúmen, pudiendo llegar a superar los 60,000 individuos por cada metro cuadrado en el caso de los colémbolos.

El Krill

Para hacerlo sencillo digamos que el krill es una suerte de camarón diminuto, aunque hablando estrictamente no es un camarón, así como una langosta puede parecer un camarón grande, sin convertirse con ello en uno. Habita en todos los mares pero su concentración es considerable cerca de la Antártida, donde es importante fuente de alimento de ballenas, pinguinos y peces. Se moviliza en inmensos cardúmenes que son como nubes gigantescas en lo profundo del océano. De una sola bocanada una ballena jorobada puede engullir decenas de miles de individuos. En la noche el denso cardumen sube a la superficie para alimentarse y es blanco de un sinnúmero de especies que esperan este momento para darse un festín.

Actualmente, la pesca desmedida y el cambió climático han comenzado a mermar las poblaciones de krill, lo que representa un potencial problema para toda la cadena alimenticia en un futuro cercano. Para no explicar más, aquí las fotos del animalito.

Los animales más numerosos del planeta son también los menos conocidos. El infame caso del krill y los colémbolos. Los animales más numerosos del planeta son también los menos conocidos. El infame caso del krill y los colémbolos. Screen Shot 2018 05 06 at 3

Colémbolo

Los colémbolos son diminutos insectos terrestres, que pueden llegar a ser tan pequeños como el grosor de un cabello humano. Viven en todos los continentes y es muy probable que hayamos estados junto a alguno de ellos en algún momento sin darnos cuenta. Se adaptan muy bien a todos los entornos, tanto así que una especie de colémbolo fue hallada en una cueva a casi 2000 metros de profundidad, convirtiéndose en el artrópodo encontrado a mayor profundidad en la tierra. Se alimentan de esporas, nemátodos, bacterias y cualquier otra cosa más diminuta que ellos. De hecho existe un tipo de colémbolo que resulta ser un parásito de otro insecto, de las termitas específicamente, alimentándose de cualquier desperdicio que éstas dejen. Imagínense, hay que ser muy pequeño para ser un parásito de un insecto ya de por si pequeño.

Saltan, como las pulgas, pudiendo llegar a distancias de varias veces su tamaño… claro, tratándose de un animal tan pequeño, estas “grandes” distancias no llegan a superar los 5 milímetros. En fin, para no alargarles el cuento les comparto unas imágenes de este pequeño habitante.

Los animales más numerosos del planeta son también los menos conocidos. El infame caso del krill y los colémbolos. Los animales más numerosos del planeta son también los menos conocidos. El infame caso del krill y los colémbolos. cole


Dos experimentos misteriosamente interminables. Uno de ellos sigue funcionando desde el siglo XIX.

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Parecerán dos historias de ciencia ficción, pero no lo son. Se trata de dos experimentos que, incluso luego de la muerte de quienes los comenzaron, aún continúan inconclusos hasta nuestros días, funcionando pacientemente después de décadas o incluso siglos de haberse iniciado.

La historia comienza en el año de 1840, cuando el físico Robert Walker, profesor universitario, adquirió un raro aparato: una especie de timbre activado por una inusual batería de alto voltaje llamada Pila de Zamboni. En esos tiempos debe haber sido un dispositivo bastante peculiar, pues la electricidad era aún poco conocida y muchos la consideraban un tema de magia o fuerza divina (o demoniaca). Se dice que lo hizo para demostrar unas hipótesis científicas de aquel entonces, como la teoría de Electrificación Por Contacto (ahora descartada). Pero en realidad poco se sabe con certeza, ni siquiera es seguro que el dispositivo tenga una pila de Zamboni, lo único que se sabe a ciencia cierta es que fue adquirido en 1840 y desde allí no ha dejado de funcionar. Tampoco ha existido quien se atreva a averiguar el misterio de esta batería aparentemente inagotable, pues desbaratar la dichosa maquinita, atrapada dentro de una campana de vidrio, podría destruirla. Están esperando a que la campana se detenga, algún día, para desarmarla, pues temen que cualquier cambio pueda detener la frágil maquinaria compuesta por una especie de largo péndulo de metal que toca delicadamente dos campanas de bronce.

Para tener una idea del tiempo en que ocurrió esto: muchos países de latinoamérica tenían poquísimo tiempo de vida y otros ni existían, tampoco se había inventado la bombilla incandescente, peor el avión y la “ópera prima” de Darwin: El Origen de las Especies, estaba aún muy lejos de salir a la luz.

En todo caso, ha pasado mucho tiempo. A la fecha son casi 200 años en los cuales esta especie de reloj nunca se ha detenido. Se calcula que son más de 10.000.000.000 (diez billones) de veces las que el timbre ha sonado hasta la fecha y se piensa que aún le queda mucha vida por delante.

La peculiar campana se encuentra en un pasillo junto al laboratorio de Clarendon, en la Universidad de Oxford y ya ha recibido un lugar en el famoso libro de Récords de Guinness como la batería con mayor duración del mundo.

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Aunque lo anterior parezca una cosa de locos, no se trata del único caso.

En 1927, en Australia, otro entusiasta llamado Thomas Parnell, ansioso por descubrir qué tan viscosa puede ser una sustancia decidió hacer otro de estos experimentos que no llegaría a su fin (o al menos mientras él estuviera vivo). Fue en la Universidad de Queensland y su motivación era demostrar a sus estudiantes que hay sustancias aparentemente sólidas, que pueden ser en realidad extremadamente viscosas, sólo que nuestro marco temporal no nos permite ver lo rápido que fluyen. De hecho muchos vidrios en realidad son sustancias viscosas, pero en nuestro tiempo de vida prácticamente los vemos intactos, sólidos. Si instaláramos una cámara que tome una secuencia de imágenes cada cierto tiempo y esperáramos el número de años suficiente (a lo mejor toda una vida), a lo mejor notáramos algo observando el video en cámara rápida.

En la práctica el experimento de Parnell no sólo sirvió para demostrar la idea a sus estudiantes, sino que por lo visto también a los nietos y bisnietos.

En todo caso el experimento comenzó y aun no se detiene. Se trata de un embudo que contiene una especie de brea. La idea es que la brea gotee a través del embudo, vaciando todo su contenido. Hasta el momento han pasado sólo nueve gotas por el cuello del embudo, la última el 17 Abril de 2014 y se espera que la próxima gota caiga en algún momento del año 2028. Al principio de este artículo se puede observar una foto del experimento, acompañado de su actual custodio, el Professor John Mainstone de la Universidad de Queensland.

 

 


Chipipe no es Shit Pipe

Hace unos días escuché un rumor mal inventado. A alguien se le ocurrió la “teoría” de que la etimología de Chipipe (popular sector del balneario de Salinas, Ecuador) estaba relacionada con la palabra Shit (mierda en inglés).

Pues, no es común que los nombres de nuestras ciudades, pueblos o lugares vengan del inglés y encima que tengan una connotación peyorativa, así que decidí investigar un poco. Lo grave del rumor era que se había filtrado hasta llegar a ser citado en Wikipedia.

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El rumor, como se aprecia en la imagen anterior, decía que las tropas norteamericanas que arribaron a Salinas para la segunda guerra mundial habían instalado una tubería de desagüe que llamaban “shit pipe” y de allí venía el nombre de la playa.

Pues no voy a entrar en detalles de cómo se resolvió el misterio, pero luego de tanto “desempolvar baúles” encontré la prueba que estaba buscando. Un viejo libro, impreso en 1924, llamado “SEMANTICA. Ensayo de lexicografía ecuatoriana“, resultó ser el “eslabón perdido” en este caso de etimologicidio 😉

En el libro es una suerte de diccionario de términos coloquiales. Al final de su página 13 aparece el término revelador… CHIPIPE!

Transcribo lo que dice… “CHIPIPE.-s. Nombre de un caserío en Salinas, población de Ecuador.

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Esto desvirtúa por completo la hipótesis de que Chipipe se llame así debido a la tubería de los gringos en la segunda guerra mundial pues eso ocurrió en los años cuarentas, varios años después de la publicación del libro en cuestión.

Aun así queda un misterio que a lo mejor nunca será resuelto: Cuál es el origen del nombre Chipipe?

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Para tranquilidad del lector peninsular, luego de este descubrimiento (el cual publiqué oportunamente en twitter ) fue retirada la desatinada mención de Wikipedia. Felices todos, en especial los pobladores de Salinas!

Referencias: Tweet original https://twitter.com/elandivar/status/971396918294335488


La extraña historia de aquella vez que amaneció a la medianoche (parte 1)

Esta es la primera parte de una historia basada en hechos reales, ocurridos en Siberia, en 1908. Un extraño fenómeno aun sin clara explicación, conocido como el Bólido de Tunguska.

La tarde del 27 de Junio de 1908, William Tallack se encontraba cerrando su zapatería. Caminó por la pequeña calle empedrada en dirección al río —le gustaba ver la entretenida vida fluvial antes de tomar el tranvía hacia su hogar, no muy lejos de allí. Al llegar vio un grupo de muchachos colgados del pasamanos de metal, mirando al cielo desde la mitad del puente… “está verde!” decían, mientras señalaban al cielo “mira, por detrás de esas nubes”.

William miró con atención. En realidad el cielo se había pintado de color verde intenso en dirección al horizonte. Miró hacia el otro lado y vio el natural resplandor naranja de todas las tardes. Llegada la noche, todos en el puerto de Bristol estaban hablando de lo mismo, del extraño fenómeno de colores aparecido en el firmamento.

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En el tranvía, William notó que todos comentaban del extraño acontecimiento. Que horas antes vieron unas luces intensas en el cielo, que era el halo de un ángel que cayó en la tierra, que eran experimentos con la luz eléctrica, que era un castigo de Dios que se acercaba. Él no habló con nadie. Tenía el cansancio acumulado de toda la semana presionándole las palabras.

Llegó a su departamento en el último piso de un pequeño edificio de tres plantas cerca del río Avon, en el barrio de Hotwells. Era noche de sábado y William acostumbraba a tomar una taza de té en su pequeña mesa de madera. Solitario. El té no era un acontecimiento social para él, sino más bien todo lo contrario, un momento para refugiarse de la sociedad y disfrutar de las cosas elementales, que están de la piel para adentro, un acto de reflexión. Cerraba los ojos de vez en cuando y se imaginaba de chico, metido en el taller de su padre en la casa de campo, en las montañas de Dartmoor, al sur de Inglaterra.

Todo el día atendiendo clientes en la zapatería, en medio del bullicio de la zona comercial de la bullente ciudad, le habían hecho apreciar sus momentos de ermitaño.

No podía dormir esa noche. Se acordaba del cielo verde fulgurante al final de la tarde. Recordaba también una leyenda de su abuelo en Dartmoor. De aquella vez que la iglesia de San Pancracio fue impactada por una gigante bola de luz que vino del cielo y que mató a varios fieles en medio de la prédica. Un esférico latigazo luminoso que dañó parte del techo de la iglesia. Trataba de asociar ambos acontecimientos de algún modo, no podía recordar si la leyenda de su abuelo estaba pintada de verde en algún lado, pero sí recordaba que su abuelo le decía que el rayo aniquilador había sido enviado por el demonio para llevarse las almas de los que juegan cartas o apuestan en secreto durante la misa. Luego de examinar los cadáveres se confirmó que se trataba de los apostadores más voraces de la región.

{focus_keyword} La extraña historia de aquella vez que amaneció a la medianoche (parte 1) Great Storm Widecombe woodcut

Amaneció como cualquier domingo. William sacó la cabeza por la buhardilla y miró al cielo con dirección al Este. No vio nada raro, sólo un hermoso y no muy frecuente, pero tampoco imposible, cielo azul. Tenía una carta de su hermana sin abrir sobre su mesa, que no había podido leer la noche anterior por andar pensativo. La abrió.

Su hermana le contaba de la apacible vida en el campo y le confesaba su preocupación por el estilo de vida que él llevaba, que se dé un descanso de tanto trabajar y que deje la zapatería encargada con su primo y ayudante por unos días, que se tome unas vacaciones, que ya tenía 25 años y aun no tenía descendencia, que ya era mucho tiempo sin verlo, que sus padres lo echaban de menos, que tenía mucho que contarle.

El domingo transcurrió sin sobresaltos, se sentó a revisar las cuentas del negocio, se puso a responder la carta de su hermana —se le hizo difícil decidir una respuesta, pues le atraía la idea de despejar la cabeza e ir unos días a Dartmoor.

En la tarde salió a visitar a un amigo. Había quedado en llevarle un par de zapatos recién reparados. Caminó por el empedrado de la vereda y de repente notó un súbito alboroto en la calle, en dirección al río. Siguió a la multitud movido por la curiosidad. No hizo falta preguntar a nadie, la razón del alboroto de mostró obvia ante sus ojos justo antes de llegar a la multitud. Un verde fulgor en el cielo, más intenso que el del día anterior, se develaba hacia el Este, con magnitud variable, como latiendo y despidiendo de cuando en cuando destellos luminosos, incluso después de entrada la noche. La curiosidad de la ciudad, despertada el día anterior, se comenzó a transformar en temor, temor a lo desconocido.

(Continuará)



Historia de un alma liberada

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Me iré una noche, cuando nadie me vea. Cuando el silencio y la oscuridad camuflen mi identidad inexplicable. Saldré del castillo moribundo antes que los pájaros despierten, cuando aun estés dormida y tus latidos resuenen con los míos; para que de este modo no me notes, para que no sientas como mi respiración se pierde entre los aires de la noche.

Si te preguntan qué pasó, diles que fui un sueño de la fiebre. Que el mal de las montañas corría por tu sangre, inyectado por un diente de serpiente.

Todos te creerán. Nunca nadie dio su fe de mi presencia. Nunca nadie a mi me vio, encarnado aquí en mi cuerpo y si alguien vio mi sombra, fue tal vez cuando escondido entre ropajes, vivía entreverado entre tus prendas.

Fui tu piel, casi tu mismo. Vivimos tan unidos, que tejimos juntos la crisálida envolvente que nos une. Ahí estuve siendo líquido en tus llantos, apretando el corazón en tus quebrantos. Fui tu mano y tu mis dedos, y tu vientre fue mi hogar en los inviernos. Cuando vino aquel recuerdo abandonado, fui también aquella historia que callaste.

Por eso, el día que me exhales, no te quedarás en el castillo reposada. Vendrás conmigo, incrustada en mi mismo, para siempre, dejando atrás el hilo etéreo que un día nos unía con tu cuerpo.



Mi Cielo está Contigo

{focus_keyword} Mi Cielo está Contigo cielo 1

Sólo faltabas tú esa noche. A las montañas se las había comido ya esa nada color negro que se entrevera con las plumas de los mirlos y le roba el color a las cosas. Pero el cielo estaba despejado y aquella franja tenue —pintura de estrellas— se ceñía como un cinturón, dibujado en aquella inmensidad. Era un espectáculo maravilloso el que te perdías en tu lejanía ciudadana: la vía láctea.

Me sentí más sólo que de costumbre. Ni siquiera mis fantasmas vienen cuando te espero, porque saben que eres mi única aparición posible. Saben que te pienso y que sonrío… y me olvido de todo lo demás.

A propósito, hace un rato cerré mis ojos y te vi encendiendo la luz de alguna luna vagabunda. Vuelas conmigo? Jugamos a enfriar soles lejanos? Nos escribimos retazos de cualquier cosa?. Aterrizamos en algún planeta oxigenado?… o mejor soñamos que desenredo tu pelo a tientas mientras cruzas un sistema planetario?.

Creo que estoy algo nostálgico, sabes?. A lo mejor es este cielo y sus escarchas o a lo mejor es que tengo el cuerpo cansado de recorrer estas montañas sin caminos.

Quieres que te hamaquee en mis brazos y te duermes? Quieres flotar en esa órbita abrigada? Quieres volar a la galaxia más lejana, tomada de la mano… yo no te suelto nunca.

Un destello en mi cabeza te dibuja. Será que estás viniendo? Será que te escapaste de tu cápsula del tiempo? Será que viajas pasajera en la cola de un cometa? Que dejaste tu cama destendida y viniste a refugiarte aquí a mi lado?

Tengo un plan por si no llegas, un consuelo. Escribiré para ti más noches de lunas sonrientes, de enjambres brillantes. Las regaré por la bóveda celeste, en un patrón de corazón desordenado… y las pondré fugaces o del color de tu bufanda preferida. Las voy a decorar con cintas caprichosas y jugaré a encontrar tus ojos en el fondo de alguna nebulosa.

Miramos las estrellas? Tu conmigo?… No importa nos separe la distancia, siempre el cielo que tu ves es como el mío. A pesar de que no escuche tus palabras, en el fondo de este espacio distanciado, lo importante de mi cielo está contigo.