Las extrañas fiestas para inhalar anestesia de principios del siglo XIX

El óxido nitroso fue uno de los primeros anestésicos eficaces descubiertos, pero no siempre tuvo ese importante uso. Varios años después de su descubrimiento en 1772 por Joseph Priestley, se encontró que tenía un efecto hilarante en quienes lo respiraban. De hecho, esta propiedad fue documentada por primera vez por Sir Humphry Davy, quien lo bautizó como “el gas de la risa”. Otros lo apodarían luego como “el gas del paraíso”.

Para quienes no lo ubican, Davy fue el descubridor de varios elementos como el potasio, el sodio, el bario, el estroncio, el calcio y el magnesio; además de ser el padre de la electrólisis. Sin duda alguna, uno de los grandes químicos de la historia. Davy, se interesó tanto en estudiar los efectos relajantes de este gas, que terminó adicto a él y pasó sus últimos días inhalando dosis de óxido nitroso hasta 3 veces al día. Probablemente murió intoxicado.

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Debido a lo relativamente fácil que era producirlo se tornó popular en espectáculos de circo, para incrementar el júbilo del público en las actuaciones de cómicos  y payasos.

No pasó mucho tiempo para que los más curiosos le atribuyeran propiedades fantásticas. Algunos creían que la mente, bajo los efectos del gas, podía elevarse a un estado de pensamiento donde se podían desenmascarar los secretos del Universo. Han visto la película “Sin Límites”, donde un fulano se vuelve super inteligente luego de tomar una pastillita transparente?… bueno, más o menos esa era la hipótesis en ese entonces. De hecho, algunos científicos se lo creyeron muy bien y esto debe de haber llegado a oídos de la élite social de Londres de aquel entonces, pues pronto se instauraron las llamadas “fiestas del gas de la risa”.

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Las fiestas se volvieron populares y básicamente eran reuniones donde se llenaban vejigas de gas y se inhalaban por la boca, mientras se tapaba la nariz presionando con los dedos de la mano. Los efectos eran casi instantáneos y algo impredecibles. El estado de euforia ocasionaba estruendosas risas, pero no siempre, algunos se descomponían, otros lloraban, algunos peleaban.

También se hacían demostraciones públicas de los efectos del gas, donde los asistentes eran los conejillos de Indias de estos divertidos experimentos. Muchas veces personajes importantes se ofrecían para participar en estas demostraciones, las cuales se llenaban de curiosos. Una interesante ilustración aparece en las primeras páginas de en un viejo libro titulado Química Sin Misterios, publicado en 1839. La ilustración muestra una de estas presentaciones, donde se distribuyen vejigas llenas de gas entre el público.

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El diario londinense “Morning Post” en 1819 relata una experiencia durante una exhibición realizada en Soho Square, donde un joven del público se ofreció a inhalar el gas de la risa.

“Se reía como hiena, aullaba como lobo, puso sus manos cómo la garra de un águila y brincó hacia adelante como un tigre. Al final, se arrastró por el piso como una araña y terminó buscando sus piernas, sin poderlas encontrar”

Personajes importantes de ciencia como Michael Faraday (en su momento ayudante de Davy) o James Watt, probaron el dichoso gas. Décadas después, el propio Winston Churchill admitiría su uso y sus alucinaciones.

Fue recién en 1844 que se propuso su uso serio como anestésico y así se ha usado incluso hasta nuestros días. A pesar de que Davy había propuesto en 1800 su uso en cirugía, fue un dentista norteamericano, llamado Horacio Wells, quien impulsó su adopción como anestésico, cuando se dio cuenta de manera fortuita que una persona bajo los efectos del gas de la risa, se había vuelvo insensible al dolor.

Recientemente se ha observado una escalada de uso del óxido nitroso como droga recreativa, principalmente en Europa. Básicamente porque en muchos países se vende libremente. Sin embargo, como ya aprendimos hace siglos, su uso no es seguro. Las fiestas del gas de la risa podrían volver, pero esta vez ya sabemos que no revelará los secretos del Universo y los potenciales riesgos de adicción.


La casi desconocida apuesta que cambió la historia de la humanidad

Si existe un punto de inflexión que cambió el rumbo de la humanidad, fue la develación por parte de Isaac Newton de la fuerza de la gravedad. Si bien es cierto, ya se hablaba de ella antes que Newton, fue éste último quien explicó su naturaleza y pudo demostrar su fórmula matemática; además de revelar que era la misma fuerza que hacía que una manzana caiga de su árbol siempre en vertical, la que hacía que la luna gire alrededor de la tierra.

A partir de este hallazgo, muchos fenómenos naturales cobraron sentido. El descubrimiento de Newton permitió explicar con mucha exactitud los fenómenos más diversos y catapultar el desarrollo tecnológico en todos los ámbitos: desde el aparentemente simple movimiento del péndulo de un reloj, hasta logros supremos de la raza humana como el lanzamiento de los primeros cohetes espaciales y la llegada del hombre a la luna.

La genialidad de Newton se contraponía a su personalidad, un tanto difícil de entender para muchos. Era un hombre reservado y un tanto huraño; había reflexionado sobre la gravedad en soledad y, aunque parezca inexplicable, no tenía la menor intención de contárselo a nadie… de hecho, no nos hubiéramos enterado nunca, de no ser por una fortuita reunión de amigos que terminó en una singular apuesta.

La historia que les contaré a continuación se encuentra documentada en un viejo libro que encontré llamado Memorias de la Vida, Escritos y Descubrimientos de Sir Isaac Newton, publicado en 1860. La historia se ha ido completando con referencias encontradas en otras obras e incluso cartas escritas a puño y letra por el mismo Newton y que actualmente son parte del archivo de la Royal Society, la sociedad científica más antigua de Reino Unido.

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Era una fría noche de invierno de Enero de 1684 y tres amigos se habían reunido para cenar en un restaurante de Londres. No eran personas comunes, en realidad se trataba de una inusual reunión entre tres de los más brillantes hombres de ciencia de aquella Europa del siglo XVII: Edmond Halley, Christopher Wren y Robert Hooke.

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Hooke había conseguido fama reciente como biólogo, al ser la primera persona en la historia en observar una célula –de hecho, fue él mismo quien acuñó el término que ahora usamos. Pero el día de la reunión se encontraba obsesionado por otro tema científico diametralmente opuesto: la gravedad. Había dictado una conferencia en la Royal Society de Londres titulada: On Gravity y había anticipado que la fuerza de la gravedad decrece con la distancia. Como podemos ver, la manzana de la gravedad se caía de madura, pero nadie podía explicarla con exactitud.

Halley era el más joven de los tres, pero a pesar de su juventud, su reputación como astrónomo ya había comenzado a desarrollarse. Varios meses antes de la mencionada cena en Londres se encontraba obsesionado con la idea de la gravedad e intentaba relacionarla con las leyes del movimiento de los planetas que años atrás había descubierto el alemán Johannes Kepler. Había recopilado muchísima información gracias a sus observaciones astronómicas. Estaba entusiasmado por poder demostrar con mediciones la veracidad de las afirmaciones de Kepler. Halley estaba en la dirección correcta del gran hallazgo de la gravedad, pero aun no podría resolver matemáticamente el problema.

Por otro lado Wren ya tenía una vida muy activa en el campo de la arquitectura. Sus edificios se levantaban por todo Londres y de los tres personajes, era quien llevaba una vida financiera más cómoda. Pocos conocen su pasión por la ciencia, pues es más conocido por ser uno de los más importantes arquitectos de todos los tiempos y a quien se le encomendó la reconstrucción de gran parte de los edificios de Londres luego del Gran Incendio de 1666. Su pasión por la astronomía no sólo fue un hobby, sino que inclusive llegó a ser profesor titular de la cátedra de astronomía en la universidad de Oxford y al igual que los demás se encontraba dispuesto a desentrañar los secretos de la gravedad.

La conversación de esa noche se centró en el movimiento de los planetas y su órbita elíptica. Trataban de dar explicaciones del por qué los planetas giraban en está forma en particular. Hooke, había llegado a la conclusión de que la gravedad estaba relacionada con el inverso cuadrado de la distancia, pero todos querían saber si podía demostrarlo matemáticamente. Hooke. que era un tanto presumido, se jactaba de conocer la respuesta al enigma pero se negaba a contarla para mantener el suspenso.

Al final Wren decidió lanzar el reto: 40 chelines (algo menos de 2,000 dólares actuales) a cualquiera de los dos que pudiera demostrar matemáticamente la naturaleza de aquella fuerza invisible que atraía a los planetas. Sin duda esto animaría a todos a resolver el acertijo y ayudaría también a aflojar la lengua de Hooke, en caso de que éste supiera algo; pero Hooke se limitó a decir que los iba a mantener con la intriga un rato más, sólo por puro placer.

A partir de esa noche Halley se hizo nudos en la cabeza tratando de demostrar matemáticamente el asunto. Dio sólo con una solución particular, pero no podía encontrar una demostración general. Buscó la solución durante meses, día y noche, hasta que se le ocurrió un nuevo enfoque para resolver el problema. Ir donde el loco de Newton y preguntarle si tenía alguna pista. En ese entonces se rumoraba que Newton era un genio de las matemáticas.

Se cuenta que Halley emprendió viaje desde Londres hacia Cambridge una mañana de Agosto de 1684 y se encontró con Newton en una banca de los jardines de la prestigiosa universidad.

(Continuará)…


La plaga del baile de 1518, el flautista de Hamelin y las tarántulas

Se han preguntado de dónde viene el significado del término “atarantado”, cuando significa “aturdido, espantado, confundido”?… Pues sí, tiene que ver con las tarántulas, pero para entender un poco más les contaré una extraña historia ocurrida en el año de 1518 y que aun hasta nuestros días constituye un misterio sin resolver. Al final del presente artículo, el lector podrá entender el origen del término y también desentrañar el misterio del singular título de este escrito.

Era 14 de Julio de 1518 en la ciudad francesa de Estrasburgo. Troffea, una mujer de algo más de 30 años caminaba ensimismada por una estrecha y empedrada calle cercana a la plaza de la ciudad, cuando repentinamente comenzó a contorsionarse en movimientos violentos. Los que la vieron atestiguaron que la referida dama se encontraba en una especie de trance, ejecutando un frenético baile. Al principio pensaron que estaba poseída por espíritus, pues en esa época era una explicación común a muchos comportamientos inexplicables; pero pronto la diagnosticaron como un caso más del temido Tarantismo o Enfermedad del Baile. Supuesto trastorno causado por la picadura de una tarántula, cuyo síntoma principal es la necesidad irrefrenable de bailar, a veces, hasta la muerte del bailarín.

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Troffea siguió bailando por horas, sólo para caer exhausta el tiempo necesario para recuperarse y continuar bailando. Se cuenta que bailó por cuatro días seguidos, al final de los cuales presentaba calambres y sus piernas terminaron sangrando. Lo más curioso de todo es que al cabo de unos días ya eran más de 30 personas en la plaza de Estrasburgo con los mismos síntomas, en una suerte de fenómeno de histeria colectiva y lo peor de todo era que el número continuaría creciendo aceleradamente en los siguientes días, como veremos más adelante.

Estrasburgo no era el primer caso. En Europa ya se habían presentado otros, se trataba de una temida epidemia. En el siglo X un brote similar afectó a varios poblados al borde del río Rin y en 1374 un brote de magnitud considerable afectó al poblado de Aachen, en Alemania. Otro baile multitudinario en Alemania es el aparente culpable de la caída de un puente sobre el río Mosa en el siglo XIII, que colapsó por el peso de cientos de bailarines.

Una región muy afectada por esta “enfermedad” fue Apulia, al sureste de Italia, donde parece que se volvió un asunto endémico, que recrudecía año con año. Los episodios en Italia fueron tan alarmantes que muchos eruditos de la época comenzaron a investigarlos. En 1612, un médico italiano llamado Epifanio Ferdinando estudió con atención el caso de un niño llamado Pietro Simone di Messapia, quién había sido picado por una tarántula durante la noche. El niño no se podía levantar ya de su cama y sudaba de manera excesivamente alarmante. Se sofocaba y tenía convulsiones. Ferdinando cuenta en su libro que lo único que lo reanimaba era la música y finalmente con un tratamiento bien recetado de melodías, el niño se pudo recuperar en menos de una semana.

La música se había convertido en el tratamiento indiscutible para el Tarantismo. Es decir, en lugar de impedir que los enfermos continuaran bailando, se los alentaba a ello.

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Ahora volvamos a nuestro bailoteo en la plaza de Estrasburgo.

El número de atarantados o atarantulados creció hasta el increíble número de 400 personas, esto, unido a los curiosos y familiares de los enfermos abarrotaban la plaza. El caso de Estrasburgo se convirtió en uno de los casos de tarantismo más graves jamás registrados, pues muchos murieron de agotamiento, deshidratación e infartos. Los que tuvieron algo más de suerte terminaron con lesiones y fracturas. Se cuenta que las autoridades de la ciudad, alarmadas por lo que estaba ocurriendo, llamaron a los más reputados médicos de la época. Al final, la recomendación de los médicos por unanimidad fue la de contratar una banda de música y armar una tarima de baile donde los danzantes se hicieran el menor daño posible.

Aunque lo anterior suene salido de una película, sucedió en la vida real y se encuentra bien documentado en varias obras literarias. Para entender lo ocurrido tenemos que trasladarnos a aquella época, donde la medicina era incipiente y el funcionamiento del cuerpo humano era un tabú. Muchas de las curas eran relacionadas con lo mágico o lo esotérico. Los remedios eran los sugeridos a través de la cultura popular, basados en leyendas o conjeturas fantásticas.

La cura con música se volvió tan popular, que se creó un nuevo tipo de composiciones musicales, llamadas tarantelas y habían bandas de músicos que se dedicaban a tocar tarantelas de pueblo en pueblo con el ánimo de curar a los enfermos.

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En una obra publicada en 1835 se cuenta:

Era común a inicios del siglo XVII, que bandas enteras de músicos viajen a través de Italia, durante los meses de verano, y … la cura del tarantismo fue emprendida en gran escala. Estas sesiones de música y baile eran llamadas “el pequeño carnaval de la mujer” debido a que las damas ahorraban dinero para recompenzar a los músicos que llegaban a los pueblos, dejando de lado sus tareas del hogar, para participar en estos festivales enfermizos. Cabe mencionar el caso de una benevolente dama llamada Mita Lupa, quien gastó toda su fortuna con este fin.

Las tarantelas se volvieron tan populares, que este género se convirtió en parte del folclore italiano y continúa siendo así hasta nuestros días. La tarantela va acelerando su ritmo “in crescendo“, haciendo que cada vez se tenga que bailar más rápido. Para aquellos aficionados a la música he preferido copiar aquí unas viejas partituras encontradas en una obra antigua llamada El Tarantismo Observado en España, de 1787, por el Cid Francisco Javier. Quién sabe y alguno de los lectores pueda revivir el sonido de esta danza de tarántulas.

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Contaré sólo un caso más que resulta particularmente curioso.

Un célebre brote de tarantismo ocurrido en 1237 afectó de manera particular a los niños. Para “variar”, algunos músicos acudieron a su socorro, con la particularidad que los niños bailaban y corrían de tal manera que llegaron a recorrer los 20 kilómetros que separaban a los pueblos de  Erfurt y Arnstadt (en el centro de Alemania). Este suceso ocurrió en la misma época que la leyenda del flautista de Hamelin. Muchos creen que ambas historias se encuentran relacionadas y que el célebre flautista se encontraba en realidad encabezando una multitud de niños en su viaje curativo.

Los brotes de tarantismo desaparecieron súbitamente en Europa, envueltos en el mismo misterio con el que llegaron. La “enfermedad” tomó diferentes nombres a través de los siglos, como Baile de San Vito o Baile de San Johns. Muchos especulan sobre las reales causas, que van desde intoxicación con hongos, fenómenos psicológicos sociales como la histeria colectiva, hasta su relación con alteraciones neurológicas como la enfermedad de Huntington. Lo cierto es que su presencia quedó impregnada hasta nuestros días en forma de arte, de historias, de música y de tradiciones.


Fue Alexander Graham Bell el verdadero inventor del teléfono?

En la actualidad todos asumimos como una verdad indiscutible que Alexander Graham Bell sea el inventor del teléfono, pero a mediados del siglo XIX, cuando aún no existía este artefacto, hubo un inusitado movimiento en torno a este posible invento que muchos ya avisoraban como el “telégrafo parlante”. Esto ocasionó que varios entusiastas trabajen en simultáneo sobre la misma idea, lo que finalmente se convirtió en una carrera maratónica para ver quién llegaba primero a la oficina de patentes. 

Lo que leerán a continuación está basado en el primer capítulo de un libro que publiqué hace algunos años y que he creído propicio compartir. En él notarán el trepidante desarrollo de acontecimientos que terminó en lo que hoy llamamos teléfono y también una de las más grandes polémicas en cuanto a patentes de todos los tiempos, tan importante que el Congreso de los Estados Unidos de América se pronunció al respecto más de un siglo después.

Transcurría el año de 1849 en la Habana, en ese entonces todavía colonia española. Antonio Meucci, químico y médico italiano, se había mudado allí con su esposa en busca de trabajo en uno de los teatros más importantes del continente, el Teatro Tacón. Le habían encomendado la misión de construir un sistema de purificación de agua para el teatro.

Trabajaba en sus diseños en una oficina que había adecuado en la planta baja de su propia casa y de cuando en cuando subía a su dormitorio a constatar el estado de salud de su esposa, quien sufría de dolores a causa del reumatismo. Supongo que como todo inventor, vio en esa incomodidad una oportunidad de solucionar un problema y tuvo la idea de construir un dispositivo para poderse comunicar con su esposa sin tener que subir al dormitorio. Instaló un cablerío desde su oficina hasta su cuarto y después de algunos intentos fallidos logró escuchar la voz de su esposa saliendo de un rudimentario diafragma. El invento fue motivo de sorpresa para sus vecinos y la población en general, pero en la Cuba de ese entonces no había una comunidad científica importante que se hiciera eco de su invento y luego de unos años, decidió mudarse a USA. Así fue como en 1854, el mismo Meucci ya con su dispositivo perfeccionado y con varios diagramas dibujados por él mismo, hace una nueva demostración de su invención en la ciudad de Nueva York.

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Pero mientras Meucci se las ingeniaba para perfeccionar su teléfono, del otro lado del mundo, en Francia, se tejía una historia no menos interesante. Un modesto trabajador de la compañía telegráfica se encontraba realizando mejoras a la red de telégrafos y se le ocurrió un método para convertir la voz en electricidad. En realidad se puede decir que se trataba de un precursor de lo que hoy conocemos como micrófono. El nombre de este hábil ingeniero francés era Charles Bourseul.

La curiosidad de Bourseul no quedó allí, también se imaginó un sistema telefónico con todos sus componentes e inclusive se preocupó de redactar su idea y enviarla a una conocida revista parisina de la época, llamada L’Illustration. Los directivos de la revista no dudaron en publicar sus escritos. Lo curioso de todo esto es que la publicación se realizó casi en simultáneo con la demostración de Meucci en Nueva York, en 1854.

El único problema de Bourseul es que se preocupó de construir un prototipo funcional de su aparato transmisor de voz, pero nunca llevó a cabo el experimento completo y hasta donde sabemos, nunca terminó de construir la parte faltante: el receptor o parlante. Aparentemente comenzó su construcción, pero luego de unos cuantos intentos fallidos, perdió el interés por terminarlo. Lo único que a ciencia cierta queda como constancia de su aventura es el ejemplar de aquella revista parisina.

Tiene que haber sucedido alguna suerte de alineación de los planetas ese año, pues parece que un ejemplar de aquella revista cayó en las mejores manos posibles. Las del brillante y meticuloso ingeniero alemán Johann Philipp Reis.

Reis trabajaba como profesor de física en ese entonces y la idea lo capturó de inmediato. Decidió continuar con la idea de Brouseul y construir toda una serie de prototipos de la manera más prolija y obsesiva imaginable. Al principio lo hizo de forma rudimentaria, trabajando en un improvisado laboratorio en el patio de su casa y aprovechando materiales comunes de forma astuta y creativa. Usó corcho, una aguja de tejer y hasta la “piel” de una salchicha como membrana de su aparato transmisor. Talló un conjunto de orejas humanas en madera, para entender cómo ésta captaba las ondas sonoras y poder así emular su comportamiento. Realizó varias versiones de todos los componentes para encontrar la mejor alternativa de cada uno. Documentó todo el proceso de manera muy paciente y gracias a ello hoy poseemos toda una serie de hermosas ilustraciones de su trabajo.

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Para construir el componente inconcluso de Brouseul tuvo una ingeniosa idea, visitó a su amigo el Profesor Peter, maestro de música y le pidió prestado su violín. Peter no sólo se lo prestó sino que le regaló un violín que no usaba. Hizo que una suerte de electroimán rozara sus cuerdas y después de algunos intentos, logró arrancarle sonidos al instrumento. El violín de por sí tiene una cámara acústica resonante y consiguió amplificar los sonidos de tal forma que se escuchó algo muy parecido a la voz.

Pero esto fue sólo el principio, al poco tiempo reemplazaría el violín por una caja resonante construida por él mismo y luego mejoraría aún más el dispositivo de recepción haciéndolo más compacto. Todo este proceso demoró varios años y es así como en 1860 Reis termina de perfeccionar su aparato telefónico y documenta su logro muy bien. Cabe destacar que fue el mismo Reis quien decide darle el nombre de “teléfono” a su recién nacida criatura, acuñando así el término. Para poner las cosas en perspectiva, en la época que Reis terminó su invento Graham Bell era un niño de 13 años.

Los meses siguientes fueron frustrantes. Reis notificó de su invento a varias revistas y gacetas científicas, obteniendo solo rechazo o respuestas incrédulas que subestimaban la importancia de su invención. En 1862 envió un artículo a la revista alemana Annalen, y su editor, el profesor Poggendorff se negó a publicar el artículo aduciendo que era científicamente imposible crear tal cosa. Fue tan sólo en 1864 cuando Reis decide jugárselas y hacer una demostración en vivo a los más reputados científicos alemanes. La respuesta positiva fue inmediata, incluso el mismo Poggendorff, le ofreció publicar su artículo, para de esta forma reparar la equivocación anterior, pero Reis, ahora hinchado de orgullo se opuso.

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Johann Philipp Reis  pasó los siguientes dos años tratando de impresionar al público alemán, pues había calado en la esfera científica pero aun su invento no era conocido por las masas. Lamentablemente el tiempo no le alcanzó y pronto cayó enfermo y tuvo que bajar su ritmo de vida. Sólo pudo continuar con su trabajo de profesor, alternando su tiempo con esporádicas apariciones ante la comunidad científica. Se cuenta que instaló una línea telefónica hasta el salón donde impartía clases y los alumnos trataban de no decir cosas inapropiadas en su ausencia por temor a que los estuvieran escuchando a través del teléfono del profesor Reis. Murió en 1874, poco menos de 10 años después de su demostración a la élite científica germana y tan sólo un año antes de la patente de Graham Bell, luego de lo cual sus logros fueron prácticamente relegados al olvido.

Ahora hagamos un breve paréntesis aquí para hacernos una pregunta. Ustedes piensan que a estas alturas hay suficientes actores involucrados? Pues, qué les diré, hay todavía mucha más “tela por cortar” aunque parezca increíble.

Sucede que en Italia también había interés por el esperado “telégrafo parlante”. Incluso antes de Meucci, un inventor llamado Innocenzo Manzetti se imagina el artefacto ya en 1843 pero no se decide a construirlo sino hasta 1864.

Manzetti se encontraba trabajando en varios inventos al mismo tiempo, así que el teléfono era uno más y probablemente no le dio toda la importancia que debía. De hecho, se encontraba obsesionado con la construcción de una especie de robot autómata que tocaba la flauta. Por muy descabellado que parezca para mediados del siglo XIX, resulta que Manzetti tenía un prototipo más o menos funcional de su humanoide. Tan impresionante era su autómata, que para darnos una idea podía interpretar más de 10 arias de ópera. Seguramente el teléfono le pareció un invento de segundo orden al principio y sólo le dio el interés que merecía cuando se le ocurrió que su autómata no solo podía tocar la flauta sino también hablar! Así es, el teléfono resultó para Manzetti tan sólo un accesorio de su autómata.

Para dicha de los más curiosos el autómata cibernético tocador de flauta se conserva prácticamente intacto hasta nuestros días y es la principal atracción del Museo Manzetti, ubicado en Aosta, el pequeño poblado donde nació Manzetti, al norte de Italia. Les dejo un vínculo por si algún día deciden darse una vuelta http://www.manzetti.eu/il-museo/.

También es importante que nos percatemos de que Manzetti construye su teléfono en 1864, el mismo año en que Reis se encontraba mostrando su invento a la comunidad científica alemana. Más coincidencias.

Como el teléfono era sólo un accesorio de su autómata, Manzetti no lo publicita de inmediato sino hasta un año después, cuando se da cuenta de su aplicación transmitiendo voz sobre los cables de telégrafo. Fue sólo a finales de 1865 cuando una revista francesa llamada Le Petit Journal decide publicar una reseña en su sección CURIOSIDADES DE LA CIENCIA. Para suerte de los lectores más curiosos tengo una copia de este histórico ejemplar y lo pueden descargar de el siguiente vínculo.

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Muchos rumoran que varios técnicos de la compañía telegráfica inglesa se interesaron en el invento de Manzetti, fueron a visitarlo a Italia y regresaron a Londres con información privilegiada que posteriormente llegó a los oídos de Bell y así fue que éste último se enteró de los detalles de la “mina de oro” que posteriormente patentó; pero todo queda en el campo de la especulación. Lo que sí parece cierto es que realmente técnicos ingleses fueron a visitarlo, pues existe registro de este episodio en el diario La Feuille d’Aoste en Agosto de 1865.

Los problemas con las patentes

Hasta aquí al menos ya algo es obvio, la invención del teléfono se trabajaba en simultáneo y sin respiro en varios países, de manera independiente. El conocimiento y la tecnología de la época habían apuntado todas sus lanzas en una misma dirección y muchos lo visionaron casi al mismo tiempo, como por arte de magia. La humanidad estaba lista para el invento, clamaba por él, lo necesitaba. La revolución en las comunicaciones humanas estaba por venir de cualquier forma, sólo era cuestión de poco tiempo, tal como sucede con otras invenciones humanas.

Lo cierto es que en este mundo todos podemos tener ideas, todos podemos construir prototipos, pero lamentablemente el rédito económico se lo lleva; no quien tiene la idea primero, tampoco quien la fabrica primero, sino quien la patenta primero. Injusto? No lo se, pero es tema de otro artículo seguramente. El lector, luego de leer esta historia podrá juzgar si algo del mérito tienen estos incansables predecesores que se quemaron las pestañas y prepararon el camino para lo que hoy conocemos como teléfono. En todo caso, el lector también debe saber que aún falta otro actor muy importante en esta historia y no se trata precisamente de Bell, como veremos más adelante.

En realidad, para ser objetivos, el primero en tratar de patentar el invento fue Meucci, de quien hablamos al principio de esta historia, quien en 1871 suscribió un documento de “aviso de patente” pero por su condición económica nunca pudo pagar el dinero para terminar este trámite y su documento expiró pocos años después. 

En 1875, un año después de expirar el trámite de patente de Meucci, Alexander Graham Bell, un escocés radicado en los Estados Unidos, logra patentar el esperado teléfono y es el primero en terminar el trámite de patente.

Lo cierto es que Bell había estado experimentando previamente con algunas ideas para concebir su dispositivo telefónico hasta que un día logró arrancarle a la electricidad algunos sonidos. Cuenta la historia que la primera llamada que hizo fue para decirle a su asistente las célebres frases “Mr. Watson, come here. I want to see you.” (“Sr. Watson, venga. Necesito verlo.”).

Pero aquí no termina la historia. Quizá el personaje que más desató polémica con la invención del teléfono no fue ninguno de quienes hemos hablado hasta aquí, sino Elisha Gray.

Lo que hace que el caso de Elisha Gray sea particularmente importante no es que también haya construido un teléfono como varios más, sino que increíblemente llegó a la oficina de patentes tan sólo unas horas después de Bell. Imagínense, la humanidad pasó miles de años acumulando conocimientos, estudiando la naturaleza del sonido, descubriendo la electricidad, inventando el telégrafo, fraguando todo lo necesario para darle forma y tiempo a un artefacto… y resulta que dos personas coinciden en la MISMA oficina de patentes a patentar la MISMA cosa sólo a horas de diferencia. Realmente asombroso y para algunos: imposible.

Los dos inventores entraron en una conocida disputa legal que finalmente ganó Bell luego de larga batalla. Esta disputa fue tan compleja y larga que constituye de por sí un interesante caso de estudio y a la vez un entretenido relato. Las coincidencias entre ambas solicitudes de patentes son tan asombrosas que han dado pie a las historias conspiratorias más fantásticas. Si alguien está interesado en conocer más detalles, les comparto el vínculo de Wikipedia y les recomiendo preparar un buen café https://en.wikipedia.org/wiki/Elisha_Gray_and_Alexander_Bell_telephone_controversy

Al final del día, gracias a la patente Bell pudo hacer de la idea del teléfono un negocio rentable y tiene el mérito de haber desarrollado la idea y convertirla en algo práctico para la sociedad. Bell se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Se cuenta que en determinado momento Bell trató de vender su patente a Western Union por $100 mil dólares pero el presidente de Western Union se negó pues consideró que el teléfono era nada más que un juguete. Tan solo dos años más tarde el mismo directivo de Western Union le comentó a sus colegas que si pudiera conseguir la patente de Bell por $25 millones de dólares lo consideraría una ganga!

Hasta aquí mi anhelo de dar a conocer la otra parte de los acontecimientos suscitados prácticamente en paralelo a la famosa patente de Bell, el resto de la historia ya la conocemos todos.


Dos experimentos misteriosamente interminables. Uno de ellos sigue funcionando desde el siglo XIX.

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Parecerán dos historias de ciencia ficción, pero no lo son. Se trata de dos experimentos que, incluso luego de la muerte de quienes los comenzaron, aún continúan inconclusos hasta nuestros días, funcionando pacientemente después de décadas o hasta siglos de haberse iniciado.

La historia comienza en el año de 1840, cuando el físico Robert Walker, profesor universitario, adquirió un raro aparato: una especie de timbre activado por una inusual batería de alto voltaje llamada Pila de Zamboni. En ese tiempo debe haber sido un dispositivo bastante peculiar, pues la electricidad era aún poco conocida y muchos la consideraban un tema de magia o fuerza divina (o demoniaca). Se dice que lo hizo para demostrar unas hipótesis científicas de aquel entonces, como la teoría de Electrificación Por Contacto (ahora descartada). Pero en realidad poco se sabe con certeza, ni siquiera es seguro que el dispositivo tenga una pila de Zamboni, lo único que se sabe a ciencia cierta es que fue adquirido en 1840 y desde allí no ha dejado de funcionar. Tampoco ha existido quien se atreva a averiguar el misterio de esta batería aparentemente inagotable, pues desbaratar la dichosa maquinita, atrapada dentro de una campana de vidrio, podría destruirla. Están esperando a que la campana se detenga, algún día, para desarmarla, pues temen que cualquier cambio pueda detener la frágil maquinaria compuesta por una especie de largo péndulo de metal que toca delicadamente dos campanas de bronce.

Para tener una idea de la época en que ocurrió esto: muchos países de latinoamérica tenían poquísimo tiempo de vida y otros ni existían, tampoco se había inventado la bombilla incandescente, peor el avión y la “ópera prima” de Darwin: El Origen de las Especies, estaba aún a varios años de distancia de ser publicada.

En todo caso, ha pasado mucho desde entonces. A la fecha son casi 200 años en los cuales esta especie de reloj nunca se ha detenido y ha seguido zumbando levemente como una incansable abejita metálica. Se calcula que son más de 10.000.000.000 (diez billones) de veces las que el timbre ha sonado hasta la fecha y se piensa que aún le queda mucha vida por delante.

La peculiar campana se encuentra en un pasillo junto al laboratorio de Clarendon, en la Universidad de Oxford y ya ha recibido un lugar en el famoso libro de Récords de Guinness como la batería con mayor duración del mundo.

{focus_keyword} Dos experimentos misteriosamente interminables. Uno de ellos sigue funcionando desde el siglo XIX. campana

Y, aunque lo anterior parezca una cosa de locos, no se trata del único caso.

En 1927, en Australia, otro entusiasta llamado Thomas Parnell, ansioso por descubrir qué tan viscosa puede ser una sustancia decidió hacer otro de estos experimentos que no llegaría a su fin (o al menos mientras él estuviera vivo). Fue en la Universidad de Queensland y su motivación era demostrar a sus estudiantes que hay sustancias aparentemente sólidas, que pueden ser en realidad extremadamente viscosas, sólo que nuestro marco temporal no nos permite ver lo rápido que fluyen. De hecho muchos vidrios en realidad son sustancias viscosas, pero en nuestro tiempo de vida prácticamente los vemos intactos, sólidos. Si instaláramos una cámara que tome una secuencia de imágenes cada cierto tiempo y esperáramos el número de años suficiente (a lo mejor toda una vida), a lo mejor notáramos algo observando el video en cámara rápida.

En la práctica el experimento de Parnell no sólo sirvió para demostrar la idea a sus estudiantes, sino que por lo visto también a los nietos y bisnietos.

Lo cierto el experimento comenzó y aun no se detiene. Se trata de un embudo que contiene una especie de brea. La idea es que la brea gotee a través del embudo, vaciando todo su contenido. Hasta el momento han pasado sólo nueve gotas por el cuello del embudo, la última el 17 Abril de 2014 y se espera que la próxima gota caiga en algún momento del año 2028. Al principio de este artículo se puede observar una foto del experimento, acompañado de su actual custodio, el Professor John Mainstone de la Universidad de Queensland.

 

 


Cosechando energía de ondas de radio. Tecnología del futuro… o del pasado?

Hace unos días me topé con un producto que se está financiando en Kickstarter (el más popular sitio de crowdfunding); un dispositivo que carga tu celular cosechando energía de las ondas de radio que existen en el ambiente. Cool, cierto? Energía grátis!!!

NikolaLabs (Proyecto en Kickstarter)

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Buenísima idea!… y si llega a perfeccionarse podría significar el fin de los cargadores de pared o de las baterías portátiles!… asombroso!

Me imaginé un mundo con muchos dispositivos cargándose con energía disponible en el ambiente… pero mientras me transportaba al futuro en mi cápsula del tiempo me asaltó un Deja Vu… “ya he oído esto antes, muchísimo antes”.

Hurgué un poco en los cajones de recuerdos y lo encontré. En realidad ya había visto este concepto funcionando antes, pero antes incluso de lo que imaginaba… en la década de los 80s!!!

Lo descubrí por una historia de mi abuela, que me contaba que mi padre había confeccionado un receptor de radio con tan sólo una roca y pocas chucherías más.

Me parecía una historia fantástica y durante algunos años de mi niñez viví intrigado por la historia, tratando de encontrar más pistas de aquel aparato mágico.

Años después supe que se trataba de un radio de galena o de cristal. Es decir, seguramente la roca que había usado mi padre era una roca de galena. Un mineral compuesto por plomo y azufre.

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Se podría decir que una radio de cristal es el receptor de radio más sencillo de construir posible. Sin embargo, lo interesante es que no necesita alimentarse de energía… SÍ, LEYÓ BIEN… Funciona sin pilas, sin paneles solares, sin la necesidad de conectarse a la red eléctrica, nada, nada de eso. La energía con la que funciona viene de las propias ondas de radio que consume y demodula y lo más interesante es que se concibió el el SIGLO 19!!!

A principios del siglo 20 su uso se popularizó y fue parte del entretenimiento de muchas familias y entusiastas, que gracias a este aparato podían escuchar transmisiones a kilómetros de distancia, incluso al otro lado de nuestro planeta.

En un próximo artículo explicaré cómo construir una de estas radios y por supuesto, remontarnos al pasado escuchando programas radiales a “la vieja usanza”.

A veces, para predecir el futuro, sólo basta averiguar cómo era el pasado… y como muestra los dejo con otro artículo que escribí hace algún tiempo acerca de los autos eléctricos.


La segunda taza de café no surte efecto (según recientes investigaciones de 1960?!)

El otro día me topé con un ejemplar de SCIENCE DIGEST de 1960. Me entretiene leer los “recientes descubrimientos” que se mencionan en este tipo de revistas antiguas. Algunos artículos eran presagios de hechos históricos para la humanidad, como la llegada del hombre a la luna en 1969.

Sin embargo, hubo una pequeña reseña que captó mi atención y en español el título sería algo como: “PEQUEÑO INCREMENTO” EN LA SEGUNDA TAZA DE CAFE, y trata de como científicos notaron que la estimulación que el ser humano obtiene con la primera taza de café no es la misma que con la segunda y como conclusión dicen que no hace falta tomar más de una taza de café cada 2 horas y media para mantener la estimulación neurológica provocada por la cafeína.

No se si esta reseña haya sido desmentida luego de las décadas que pasaron desde 1960, pero en caso de ser verdad, ya saben… si tienen que trabajar toda la noche… NO TOMEN TANTO CAFÉ… PUES NO HACE FALTA MAS QUE UNA TAZA CADA 2 HORAS Y MEDIA!!!! 🙂

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Cómo hacer un tubo de vacío a mano!

El otro día un amigo me dijo en son de broma “por qué no haces tus propios tubos de vacío”; así que me entró la curiosidad acerca del proceso de manufactura y buscando en Internet me encontré con este increíble video de Claude Paillard, un fulano que hace sus propios tubos de manera artesanal. Realmente asombroso ver la paciencia, pericia y meticulosidad del sujeto: un verdadero maestro!. Para los amantes de los tubos de vacío les comparto el hermoso video a continuación.

Parte 1.

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Parte 2.

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Algo asombroso que no se puede apreciar en el video es que las máquinas que utiliza en el proceso fueron en su mayoría construidas por él, inclusive la misma bomba de vacío.

En un sitio Web me encontré un comentario acerca de estos videos. El comentario está en inglés y resalta cómo en el mundo de hoy se ha perdido la admiración por estos verdaderos artesanos.

When you hear people say we do not need apprenticeships any more, you need to remember that this is a display of classic craftsmanship; a truly skilled artisan. In today’s world, we place no value on such skills; assuming that they can be bought. But you need to build a society that respects and encourages such skill. France is such a nation. They still have many rural villages that retain the idea of the individual in their local community, providing everything you need from the local skill base, and respect the idea that an individual can make his mark through his individual skills as an artisan.

You cannot buy these skills at the local Walmart. You have to create a society that creates them within its structure as a society of artisans. But to do that, you first have to value such skills and do everything you can to encourage them, from childhood right through to old age.

El trabajo de muchos artesanos como Paillard hoy en día ha sido desvalorado por nuestra cultura consumista, los objetos adquieren valor por cómo se ven y cuestan, más no por lo que significan. El artículo que escribo es un tributo a Paillard y a todos los artesanos que como él todavía conservan la curiosidad y la pasión por hacer las cosas a mano.

El Blog de Paillard: http://paillard.claude.free.fr

Interesante crónica del video: http://www.antiquewireless.org/otb/bboard0408.htm

P.D. Por cierto, luego de ver el video me quedó bien claro lo inocente que fui al querer fabricar mis propios tubos de vacío 🙂


Los vehículos eléctricos, un invento que olvidamos, por culpa del petróleo.

Me encanta coleccionar libros viejos, y mientras más técnicos mejor. Tratados de química, anatomía, locomotoras a vapor, electricidad, tubos de vacío… uffff… Debe ser que tengo algunas neuronas fuera de sitio o algún trauma infantil que desembocó en esta extraña afición, pero lo cierto es que me gustan. El olor, las páginas amarillentas, los lomos gastados por manos ávidas de conocimiento, la historia detrás de cada doblez, las anotaciones al márgen. En fin, haaaarto material para el psicoanálisis tengo.

Pero aunque parezca cosa de locos, encontré en estos ejemplares un interesante escape, una interesante cabina de tele-transportación al pasado. Así me entero de qué fue “lo primero” en tecnología, en los tiempos cuando lo que ahora es viejo fue nuevo!. Y es que da nostalgia sumergirse en esa realidad ya olvidada de los primeros hombres de ciencia, verdaderos héroes, que se proponían llevar a cabo sus ideas o experimentos incluso a costa de sus vidas.

Entre mis ejemplares más preciados se encuentra la Guía Eléctrica de Hawkins de 1927. Hace algunos días me encontraba hojeando alguna de sus páginas cuando me encontré con un apartado que decía “Electric Vehicles” (“Vehículos Eléctricos”). Por un momento no supe si estaba leyendo un libro antiguo o un artículo futurista de Tesla Motors… Y, pues sí, me causó sorpresa enterarme de lo populares que fueron los autos eléctricos a finales del siglo XIX y  principios del XX. Sin embargo, lo que más sorpresa me causó fue enterarme que algunos modelos tenían una autonomía de entre 75 y 100 millas por carga!

La siguiente figura es una foto de una de las páginas de la enciclopedia. Allí se muestra un vehículo de la marca Baker Electric.

son los vehiculos eléctricos la solución del futuro... o del pasado? Los vehículos eléctricos, un invento que olvidamos, por culpa del petróleo. hawkins4

A continuación una fotografía de este vehículo en la vida real. Bonito, verdad?

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Pero Baker Electric no fue la única compañía fabricando autos eléctricos. Existían varias. Una de las más conocidas era Detroit Electric, que construyó varios modelos de vehículos eléctricos a principios del siglo XX. A continuación uno de ellos, el modelo 46, fabricado en 1914.

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La misma esposa de Henry Ford poseía un vehículo de Detroit Electric.

Existieron más compañías fabricando vehículos eléctricos. La pregunta entonces es: por qué esta tecnología dejó de ser la más usada? Por qué tuvo que hibernar por tanto tiempo? Los problemas que nos ha generado la dependencia del petróleo han sido nefastos para la humanidad, pasando por contaminación del aire, derrames de crudo en nuestros océanos y hasta guerras. Los automóviles eléctricos existían antes que los autos a combustión y seguramente existirán después de ellos. Es en el medio donde la humanidad cometió un grave error.

En la actualidad se habla mucho de que los autos eléctricos son el futuro y que se podrán recargar desde una toma eléctrica común. Muchos los ven como una ingeniosa y futurista solución a los problemas inherentes al petróleo. Sin embargo, la gran pregunta que me hago es: No estábamos usando ya este tipo de tecnología hace más de 100 años? Será a lo mejor que la ambición del hombre y el gran negocio del petróleo cegó nuestra creatividad y archivó la idea del vehículo eléctrico por décadas? El tiempo nos dirá. Por ahora los dejo con unas reveladoras imágenes de cómo estábamos recargando las baterías de los vehículos eléctricos en el pasado… les parece familiar?

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