Buscando el puente perdido de Eiffel

Hace unos meses, leyendo un libro de la historia del ferrocarril ecuatoriano, me topé con un párrafo donde se mencionaba un supuesto puente sobre el río Chimbo construido por Eiffel.

Me llamó mucho la atención no haber escuchado antes de esto. Sería verdad?.. Eiffel es todo un personaje y las obras de Eiffel suelen ser atractivos en todo el mundo. Cómo podía ser que la existencia de este puente no sea vox populi?

La curiosidad me llevó a investigar más. Luego de un tiempo pude conseguir dos fotos del mencionado puente y el año de su instalación: 1886.

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Lo primero que salta a la vista es que se trataba de un puente sencillo. Yo esperaba un monumental puente de arco o algo parecido. Eiffel había construido algunos grandes puentes de arco que le habían dado renombre en la época como diseñador de estructuras metálicas, como el Viaducto de Garabit o el puente María Pía. Sin embargo, al observar las fotos del puente de Chimbo es evidente que se trataba de un puente de poca “luz”, lo que hacía innecesario un puente de arco; hubiera sido un desperdicio de recursos. Eiffel hizo lo correcto.

Pero, a pesar de lo simple de la estructura, a final de cuentas seguía siendo un puente de Eiffel!… y la curiosidad se incrementó… Rondaban por mi cabeza muchas preguntas sin respuesta: existirá el puente todavía? En qué condiciones? Estará enterrado entre la maleza? Se usará todavía?

Sólo había una manera de resolver este misterio… había que encontrarlo!

Lo siguiente fue determinar su ubicación. En libros viejos se menciona que el puente se encontraba muy cerca de la población de Chimbo.

Por varias semanas estuve confundido. La única población de Chimbo que aparece en los mapas actuales es San José de Chimbo en la provincia de Bolívar y no habían rastros de la línea férrea allí, peor del puente.

Entonces, dónde estaba aquel Chimbo? Dónde estaba el dichoso puente?

ALGO DE HISTORIA

Aquí voy a hacer un paréntesis, para contar brevemente un pasaje de la historia del ferrocarril ecuatoriano que nos permitirá esclarecer la situación un poco más.

Resulta que en 1886 (fecha de instalación del puente), el plan de tendido de la línea del ferrocarril del Sur era diferente al que finalmente se concluyó en la época de Eloy Alfaro (en 1908).

García Moreno había construido con éxito la línea Yaguachi-Chimbo y en 1885 el Presidente Plácido Caamaño contrató al ingeniero inglés Marcus J. Kelly para que continúe con la obra, desde Chimbo hasta la población serrana de Sibambe.

Kelly le propuso a Caamaño crear 82 kilómetros de vía y construir oficinas administrativas tanto en Chimbo y Sibambe.

De hecho, fue el mismo Kelly quien trajo e instaló el puente, como nos lo relata el investigador Karl Dieter Gartelmann en su libro NARIZ DEL DIABLO Y MONSTRUO NEGRO.

En París, Kelly había tenido la oportunidad de conocer los talleres del ingeniero Alexandre-Gustave Eiffel, quien gozaba en Europa de una amplia fama como constructor de puentes metálicos. Kelly le encargó la construcción de un nuevo puente sobre el río Chimbo, que fue instalado en 1886.

Como dato interesante, y para agregar más condimento al asunto, hay que destacar que en 1886 la obra magna de Eiffel todavía no había sido erigida: la famosa torre Eiffel.

EXISTIO EL PUEBLO DE CHIMBO?

Con lo leído hasta aquí uno ya se hace la idea de que Chimbo debía haber sido un lugar importante. La línea férrea llegaba hasta allí (era la última estación), lo que aparentemente lo convertía en un lugar clave, donde la mercadería del ferrocarril era embarcada a lomo de mula para ser transportada hasta Quito. Además, Kelly planeaba hacer oficinas administrativas allí.

Pero esta idea de un Chimbo importante contrasta totalmente con la realidad… Chimbo, no existe en los mapas actuales.

El misterio se hace aun más interesante cuando uno lee lo que el científico y aventurero Edward Whymper escribió en las memorias de sus viajes por los Andes ecuatorianos alrededor de 1880 (es decir 6 años antes de la instalación del supuesto puente de Eiffel).

El puente de Chimbo, una construcción de madera, cruzaba el río del mismo nombre antes de que éste se volviera bruscamente hacia el Oeste. la vía estaba escondida entre malezas, y hubo que descubrirla; pero, no encontramos ni estación ni trenes, casa, cabaña, ni personas o medios de procurarnos informes. La orilla derecha del río formaba el término de la vía que llegaba hasta el borde del torrente, sin obstáculos que previnieran la caída de un tren a las aguas…

Resultan evidentes aquí varias cosas. Lo primero, Whymper se topó con el final de la vía, donde supuestamente estaba ubicada la población de Chimbo; lo segundo, nos da una referencia de ubicación cuando dice “antes de que éste (el río Chimbo) se volviera bruscamente hacia el Oeste”; y tercero Chimbo no existía como poblado en ese entonces (1880). No había siquiera una estación ni personas en ese lugar, sólo el metal de las rieles.

Sin embargo, Whymper luego relata que en efecto llegó un tren a aquel lugar abandonado, y que lo transportó hasta Yaguachi. Es decir, en efecto Whymper se encontraba en el lugar donde debería nacer luego el poblado de Chimbo.

En algún punto de la historia Chimbo fue creciendo en importancia, eso es claro. Es más, en el transcurso de la investigación pude encontrar dos fotos de Chimbo. Estas no revelan mucha información acerca de la importancia del poblado, pero al menos se puede concluir que se trataba de un caserío establecido. Es decir, que existió!

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Esta hipótesis es reforzada por el escritor Galo García Idrovo, cuando escribe en su obra El Ferrocarril más Difícil del Mundo:

Con el pasar del tiempo, todo este sector poco a poco se fue habitando de inmigrantes llegados de otros sectores de la provincia de Bolívar y de la parroquia de Sibambe, hasta formar una pequeña población que justamente tomó de nombre “El Chimbo”.

DETERMINANDO LA UBICACION DE CHIMBO

Las primeras pistas de la ubicación aproximada de Chimbo aparecieron por simple lógica. Debía quedar junto al río Chimbo y, como la había escrito Whymper, donde el río gira bruscamente hacia el Oeste. Además, era el fin de la línea del ferrocarril.

Analizando estas dos pistas resulta obvio que Chimbo debía quedar cerca de la actual población de Bucay.

Esto es consecuente con el testimonio de Don Daniel Barragán en el libro de Galo García:

…logrando llegar hasta el sector denominado “del Chimbo”, sitio ubicado a muy pocos kilómetros al norte de Bucay y que toma este nombre justamente por estar ubicado contiguo al río Chimbo.

Sin embargo, la ubicación exacta vendría de un antiguo mapa levantado por el propio Whymper.

Whymper era un ávido observador, buen dibujante y amante del detalle. Se dio el tiempo de elaborar un mapa de la ruta que recorrió, basado en sus propias mediciones y en ciertas referencias de los mapas de La Condamine y Pedro Vicente Maldonado, que existían hasta ese entonces. Whymper no se basó en ellos por completo, pues descubrió imprecisiones.

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Gracias a esta prolijidad documental de Whymper, la ubicación de Chimbo quedó develada por completo.

A PONERSE LAS BOTAS Y SALIR A BUSCAR EL PUENTE

A estas alturas ya había contagiado de curiosidad a mis buenos amigos Vicente Adum (Chento) y Paul Estrella; y los había convencido de ir a buscar el puente. El día elegido fue el Sábado 10 de Enero del presente.

Chento es un aficionado de la historia del ferrocarril y de las locomotoras al igual que yo y Paul, como aficionado a la fotografía, nos acompaño a la aventura equipado con su cámara de fotos.

La primera parada del viaje fue Bucay. No conseguimos mucha información del puente aquí, excepto por el testimonio de Don Eduardo Benavides, ex-maquinista, quien nos mencionó que nuestro puente podía ser uno cercano al caserío llamado La Victoria, en la vía hacia Pallatanga. Nos dirigimos en esa dirección.

Nos detuvimos en el ingreso a La Victoria y tratamos de buscar una forma de llegar al río. El plan “A” era caminar por la ribera del Chimbo, en algún punto de ella tendríamos que toparnos con el puente o con sus bases.

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Lo espeso de la vegetación dificultó un poco la tarea, así que decidimos buscar una ruta alternativa, cuando de pronto Chento gritó: “aquí está, aquí está el puente!”.

Resulta, que el escurridizo puente de Chimbo, o lo que quedaba de él, se encontraba justo debajo del actual puente vehicular que pasaba sobre el río Chimbo. Algo cubierto de vegetación, pero visible. Estuvo todo el tiempo en nuestras narices!

La mala noticia es que ya nada queda de la estructura metálica que algún día fue construida en los talleres de Eiffel. Sin embargo, las bases se encuentran casi intactas, como en sus mejores días.

Nos apresuramos a buscar algunas marcas únicas en el puente, las cuales íbamos encontrando sin mucha dificultad. Una de ellas era un detalle rectangular, en forma de ventana, en una de las columnas principales; otro era un borde horizontal que dividía la mampostería… En pocos minutos nos fue obvio comprobar que se trataba del mismo puente: el histórico puente de Chimbo.

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En la foto anterior se puede observar la base oriental, construida de piedra. Se puede distinguir la diferencia de color entre la mampostería rectangular (abajo) y la piedra irregular revocada (arriba). Entre ellas se observa un bordillo horizontal y sobre la piedra revocada un detalle rectangular de color ligeramente diferente.

La mezcla de emociones era intensa. Nos sentíamos como expedicionarios legendarios. La alegría del hallazgo competía con la tristeza de no haber encontrado ya nada de la estructura metálica que algún día reposó sobre estas bases. También fue como transportarnos al lejano siglo XIX e imaginar los días en los que se construyó esta obra sobre la quebrada del Chimbo, sin la ventaja de la maquinaria e instrumentos actuales; nos asombraba cómo la construcción seguía casi intacta.

QUE PASO CON LA ESTRUCTURA METALICA?

Ya en el camino de regreso a Guayaquil y con la satisfacción de haber encontrado nuestro botín nos preguntábamos cuál había sido la suerte de la estructura metálica de Eiffel. Habría sido reutilizada en otro puente? La habrían robado? La habrían fundido?

Todo era especulación hasta ese momento, hasta que un día después, todavía emocionado y devorando un par de libros de la historia del ferrocarril, me encontré con un informe, de la Guayaquil & Quito Railway Company, escrito por John Harman, hacia el Ministro de Obras Públicas de ese entonces. El informe tiene como fecha Julio de 1900 y parecería sugerir lo que menos nos habíamos imaginado –el desenlace más triste de un puente construido por Eiffel– que el puente de Eiffel se había deteriorado en el transcurso de unos pocos años (aproximadamente 14 años).

No es nuestro propósito, sin embargo, abandonar lo hecho; al contrario, nos proponemos concluir la obra hasta el río Zhaurin, distante unos 18 kilómetros de Chimbo y dejarla como un ramal. Con tal fin construiremos un nuevo puente sobre el río Chimbo, pues el que existe, abandonado como ha estado por tanto tiempo, se encuentra deteriorado e inseguro para el tránsito de trenes.

No he querido aceptar la posibilidad anterior, sin embargo, no hay más puentes sobre el Chimbo a los que se haya podido referir este comunicado.

Hasta aquí, la aventura de encontrar el puente perdido llega a su fin. Sin embargo, hay algunos cabos por atar todavía y que serán motivo de investigación posterior. Los mantendré informados.

Espero les haya gustado la presente crónica.

Eloy Alfaro quería morir?

Mucho se ha hablado de los acontecimientos bárbaros en los que fueron inmolados Eloy Alfaro y sus más cercanos colaboradores a inicios del siglo pasado. Sin embargo, poco se habla de los días anteriores; de la situación que desembocó en estos hechos lamentables.

El presente ensayo pretende explorar brevemente, pero con sustento histórico, el enfoque de un Eloy Alfaro que, para preservar sus ideales en el tiempo, no ve otra salida que la de convertirse en mártir.

Como lo diría su amigo José Peralta, en discurso pronunciado en Panamá a los pocos días de la muerte del Viejo Luchador:

Alfaro, sin el horroroso martirio el 28 de Enero de 1912, acaso se habría confundido con otras celebridades. Pero los mismos que ansiaban exterminar y anonadar al reformador y al héroe, los mismos que profanaron su cadáver y lo redujeron a cenizas, han contribuido eficazmente a la inmortalidad del fundador del liberalismo ecuatoriano.

O como predicaba el propio Alfaro:

Los mártires son los que han redimido a los pueblos. Sin mártires, no habría Libertadores: estos recogen la buena simiente que sembraron y regaron aquellos con el sacrificio de la vida.

En este escrito veremos cómo a través del tiempo el General Alfaro habla del concepto del martirio y cómo, en su “Ultimo Viaje” incluso rehusa a escapar de sus captores cuando se entera de que había un operativo en marcha para rescatarlo.

Los días anteriores

Para quienes no han tenido la oportunidad de conocer los hechos ocurridos, previos a la muerte de Alfaro, haré un repaso muy breve a continuación.

Eloy Alfaro se encontraba en Panamá, desterrado. Con sus 70 años encima se sentía cansado físicamente y ya con algunos achaques propios de la vejez, que se le venía acercando inminente. Se dormía en las sobremesas con amigos y su respiración era fatigosa, “señal evidente de un cansancio orgánico trascendental” [1]. Anímicamente también estaba un poco desencantado y triste. El movimiento liberal del cual él mismo había sido bandera, se encontraba dividido. Para sorpresa de muchos, son los propios liberales los que ostentaban el poder en la fecha de su muerte y son los propios liberales, a quienes Alfaro había tendido la mano en el pasado, los que ahora gritaban en su contra.

Ahora, muchos se burlaban de él, como lo relata Roberto Andrade:

“… estaba tan enfermo, que en El  Oro fue a dormirse en el campamento mientras conversaba con los suyos, y se convirtió en la burla de sus soldados: la causa de este sueño era la arteriosclerosis que lo atormentaba desde 1908”

El periódico liberal El Guante publicó en 1910 la caricatura que se expone a continuación, donde se aprecia un Alfaro corcovado y falto de fuerzas.

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El Ecuador se encontraba en medio de una guerra civil propiciada por los liberales cercanos a Alfaro (Partido Liberal Radical), en busca de arrebatarles el poder a estos nuevos liberales (para muchos, conservadores disfrazados). Al mando del ejercito revolucionario se encontraba el propio sobrino de Eloy Alfaro, el General Flavio Alfaro.

En este contexto, el 30 de Diciembre de 1911, Alfaro recibe en Panamá (pocos días antes de su muerte) un telegrama muy breve de su más fiel compañero de batallas, el General Montero, que dice:

Urge presencia suya aquí. Si es preciso vapor expreso. Pedro J Montero.

Y Alfaro, sin pensarlo mucho, emprende viaje a Guayaquil. Con los años encima no tenía entre sus planes pelear una guerra, ni siquiera ser Presidente (como le manifestara a su hijo Olmedo en una carta personal, cuyo resumen copio en breve). Su objetivo era, según él mismo manifestara, servir de mediador en este conflicto entre liberales.

… he manifestado con sinceridad que no quiero más volver a regir los destinos del país y todos aquellos que necesitan destinos para vivir se han enfriado y retirado…

Hay que destacar que Alfaro venía a una situación muy peligrosa. El sabía que el riesgo de morir era muy alto.

En el Gobierno de ese entonces ya se rumoraba de un posible regreso de Alfaro, tanto así que el propio Presidente Emilio Estrada, el 17 de Diciembre de 1911 (pocos días antes de morir de insuficiencia cardiaca) escribe una carta intimidante a un allegado de Alfaro.

Repetidas noticias del Istmo (Panamá) han avisado de que el General Alfaro tomará en Panamá el próximo vapor que sale de allá mañana, con ánimo de dirigirse a esta ciudad (Guayaquil). Usted mejor que nadie medirá las consecuencias de este viaje; pero tengo el deber de comunicarle que tengo impartidas instrucciones severas, aunque no crueles; las que en último resultado, llevarán al General a Quito, donde, no estando yo, es peligrosísima la presencia del General. Su prudencia y talento le aconsejarán en este trance.

Es notorio que Estrada trata de hacer llegar su mensaje de manera indirecta a Alfaro, y persuadirlo de que no viaje, so pena de ser trasladado a Quito, sin garantías. Lo que también causa asombro es que esta carta parece una predicción de lo que realmente sucedió días después.

Para el lector resultará obvio entonces de Eloy Alfaro sabía de las posibles consecuencias de su retorno al Ecuador, pero no vaciló en su decisión de emprender el viaje a Guayaquil.

CONTINUARÁ…