Una generación sobre-estimulada?

Cuando era niño salía de la escuela al medio día y recorría un largo camino hasta la casa en el bus número 6, pero llegaba siempre a la hora del almuerzo a comer “lo que había”, de allí a hacer las tareas y luego nada… a improvisar las actividades. Podía salir a andar en bici, jugar pelota o a ir ver a mis amigos a la esquina y conversar. El resto del tiempo, a ver qué hacer. Los fines de semana eran otra historia, visitas familiares o alguna fiestita esporádica (las fiestas de cumpleaños infantiles se organizaban sólo los fines de semana en aquellos días), el resto del tiempo… nada, tiempo libre entre mis manos.

A veces uno salía a la calle sólo para sentarse en la vereda y esperar que algo pase. Si uno salía con una pelota de fútbol había más probabilidades de que los amiguitos llegaran. Si no había pelota nos subíamos a los árboles o nos matábamos de risa con historias. Cavar un hueco en la tierra o jugar con piedras no estaba descartado nunca como opción. En esos años aprendí a encender fuego sin cerilla, a hacer resorteras con tubos de caucho o a romper las nueces de almendra de los árboles de la cuadra… nos las comíamos. Algunos aprendimos hasta a tocar guitarra sin que nadie nos inscribiera en clases particulares. No teníamos afinador, aprendimos a afinar la guitarra «a las bravas». Aprendimos a aprender, a ser auto-didactas. No fue sino por necesidad, no había de otra.

En las vacaciones íbamos a Huigra –un pueblito ferroviario en medio de los Andes; no había “talleres vacacionales” en esa época. Básicamente uno despertaba, desayunaba y quedaba libre, silvestre. Más tiempo entre las manos. El reto era ver qué hacer. «Busca algo qué hacer» me decía mi abuela. Recorríamos las calles empedradas de todo el pueblo con una pandilla entera de amigos. Cuando se acercaba el medio día se escuchaba el silbato del ferrocarril a lo lejos y corríamos a la estación de tren del pueblo para ver llegar la sudorosa locomotora de vapor. Era interesante verla y sólo eso, ver esa enorme máquina llegar era suficiente. Eran vacaciones de verdad.

Extraño esos tiempos, extraño ese tiempo libre entre mis manos. Que me aburría? A veces; pero también aprendí a lidiar con el aburrimiento. Aprendí que la diversión a veces está en nuestra cabeza. Aprendí a leer libros por ejemplo. En un viejo armario encontré la incompleta y destartalada colección de revistas Mecánica Popular de mi abuelo. Era casi lo único que había, así que aprendí a hacer pequeñas sillas de madera y un boomerang que se rompió en el primer lanzamiento. Que me aburría? A veces, pero poco. Muy poco.

A veces nos poníamos a grabar música en casettes con mi hermano, pescando canciones entre las emisoras de radio y poniendo un gancho de alambre en la antena para que la grabación salga lo más nítida posible. A veces también me ponía a grabar canciones sólo. Tenía su encanto hacerlo solo, podía grabar lo que a mí me gustaba. Aprendí a lidiar con esa soledad. Mejor dicho, aprendí a disfrutar de mi propia compañía. Aprendí a reflexionar, a mirar para adentro, aprendí de filosofía involuntariamente. 

Pero hoy la cosa ha cambiado, los padres buscamos incesantemente actividades para nuestros hijos. Salen de la escuela y van directo a las “actividades extracurriculares”, hacen karate, idiomas, etiqueta, tenis, baile, canto, actuación y muchas cosas más. Si es que no hay alguna fiestita infantil entre semana o clases de nivelación, llegan a la casa a las 4 de la tarde rendidos, y de allí toman la computadora o el celular de los papás para jugar aceleradamente realidades virtuales. Luego de la cena están bastante cansados y duermen. Su día se apaga súbitamente, no queda mucho tiempo para la reflexión, para interiorizarse, para razonar, contemplar.

Los fines de semana los papás nos apuramos en organizarles visitas al zoológico, parques temáticos, cine, ferias, comilonas, conciertos, pijamadas, talleres de cerámica, pintura, etc, etc, etc. Si no se nos ocurre algo más interesante los llevamos al centro comercial, con tal de «hacer algo». En vacaciones los metemos a los ahora famosos talleres “vacacionales” y cuantas actividades se nos ocurren para que estén «ocupados». El otro día mi hijo me dijo “no quiero ir al cine papá, quiero quedarme en casa”. Me di cuenta la realidad. Los estamos SOBREESTIMULANDO.

A los niños de ahora ya no les interesa contemplar el cielo. Y por qué lo harían? Pueden jugar en extraordinarios mundos artificiales creados en computadora. Pueden ver explosiones o videos electrizantes. Los niños de ahora piensan que Milky Way (Vía Láctea) es sólo el nombre de un chocolate. Contemplar la realidad en estos días resulta aburrido. Ver cómo una mariposa cosecha el néctar de una flor es lento, no tiene zoom, ni explosiones, ni sonido envolvente de fondo. Admirar una larga fila de hormigas llevando migajas de pan a su nido es de «perdedores». A nadie se le ocurre ahora hacerles un círculo con agua para ver qué hacen. Ya nadie quiere descubrir sino que alguien más les cuente la historia, es más cómodo.

El SOBREESTIMULO hace que perdamos el poder de contemplar la belleza que nos circunda.

Muchos niños de ahora tampoco saben cómo lidiar con el aburrimiento. Basta con quitarles la computadora o el celular para que digan «me aburro a mares». No saben qué hacer. No han podido desarrollar esas cualidades por culpa de nosotros, los padres. No saben cómo tomar una cuerda y un pedazo de madera y hacerlo bailar como trompo. No saben que una roca redonda y un hoyo en la tierra también pueden ser divertidos. Cuando crecen, la soledad los aterra.

Y no, no han tenido mucho tiempo entre sus manos para aprender a inventar actividades, inventar juegos, inventar, inventar, inventar, reflexionar, concluir, formar criterio. Los estamos privando de la creatividad dándoles todo servido, resolviéndoles el 100% de su tiempo.

Cada vez escucho más comentarios como «la generación de ahora no se entusiasma con nada» y pienso, por qué nuestro afán de llenarlos de estímulos? Por qué nuestro afán de llenarles los huecos del día con nuestros planes o ideas? Será que nos sentimos malos padres si los vemos en una esquina pensando, razonando, leyendo, contemplando el cielo, las hormigas? No será mejor, de vez en cuando, dejarlos sólos y que ellos resuelvan que hacer? No será que a veces, dejarlos que «se aburran» es una oportunidad para que desarrollen sus propias destrezas?… Sería bueno plantearnos todos esa pregunta alguna vez. No siempre estaremos para resolverles el día.


MEDARDO Y LA DANZA DE PAVLOVA

Escrito por: Vicente Adum G.

Este video es de la famosa bailarina Anna Pavlova interpretando La Muerte del Cisne. En mayo de 1917, Anna y el Gran Ballet Ruso se presentaron en Guayaquil, y entre el público se encontraba el poeta Medardo Angel Silva. Tan conmovido quedó Silva después de presenciar la interpretación de Pavlova del cisne moribundo que, de acuerdo con Rodolfo Pérez, escribió escondido tras las cortinas del palco de prensa del teatro Olmedo su célebre poema DANSE D’ANITRA (nombre seguramente inspirado en el drama Peer Gynt del noruego Henry Ibsen). Hoy, gracias a Youtube, tenemos a la mano esta filmación de la década de 1920 en la que Pavlova interpreta su célebre muerte del cisne, lo que nos permite tener toda una nueva dimensión para la comprensión e interpretación de aquel maravilloso poema del bardo guayaquileño, a los cien años de su muerte.  En la coreografía, un cisne ha sido mortalmente herido y lucha dolorosamente contra su muerte, pero al final, pierde la batalla y muere.  A la luz de este video y de esta explicación, les invito a leer el poema en cuestión:

DANSE D’ANITRA

Va ligera, va pálida, va fina,
cual si una alada esencia poseyere
Dios mío, esta adorable danzarina
se va a morir…, se va a morir…, se muere.

Tan aérea, tan leve, tan divina,
se ignora si danzar o volar quiere;
y se torna su cuerpo un ala fina,
cual si el soplo de Dios la sostuviere.

Sollozan perla a perla cristalina
las flautas en ambiguo miserere…
Las arpas lloran y la guzla trina…
¡Sostened a la leve danzarina,
porque se va a morir…, porque se muere!

En el video se escucha el audio superpuesto correspondiente a El Cisne de El Carnaval de los Animales de Saint-Säens, que es la música sobre la que Anna Pavlova ejecutó, guiada por el coreógrafo Mikhail Fokine, su ahora célebre ballet conocido popularmente como La Muerte del Cisne.   Es necesario aclarar esto ya que debido al nombre que escogió Silva para su poema, se ha creído erróneamente que la música que bailó Pavlova en el teatro Olmedo era la compuesta por Edvard Grieg para la obra Peer Gynt, supuesto que difiere ampliamente de la realidad.

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Compact Computer 40 de Texas Instruments

Luego de escribir la breve reseña de la EPSON HX-20: la primera laptop de la historia, me decidí por hacer lo mismo con otros computadores antiguos. El siguiente aparato que cayó en mis manos, fue un computador muy compacto, lanzado en 1983 (al igual que la HX-20), pero no logró ser tan exitoso como la EPSON. Tenía más velocidad, un precio MUY competitivo y su fabricante no era cualquiera sino nada menos que Texas Instruments, número uno en el mercado de semiconductores de aquel entonces.

Pero no fue fácil, el aparente futuro promisorio de la CC40 terminó en un fracaso en ventas y quedó claro que en aquel naciente mercado de las computadoras personales, nada estaba dicho y no era cosa de «soplar y hacer botellas».

La Compact Computer 40 era fantástica en términos de eficiencia. Sus 4 pilas alcalinas AA (pilas comunes) le daban una autonomía de 200 horas de uso continuo y muchos meses de uso normal. Esto no lo encontraremos inclusive en ninguna laptop de la actualidad. Esta gran autonomía hizo que un detalle importante pasara a un segundo plano en la cabeza de los diseñadores del producto: el almacenamiento permanente. Pensaron que luego de lanzarla (originalmente sin unidad de almacenamiento permanente) tendrían tiempo suficiente para lanzar una unidad de almacenamiento externa (Wafertape), mientras los usuarios gastaban sus pilas durante meses y guardaban sus programas en memoria volátil hasta mientras. Pero los cálculos no salieron como esperaban y su producto de almacenamiento externo no terminaba de ser un prototipo con muchos problemas técnicos. Al final, las revistas especializadas calificaron al producto como «incompleto» y los usuarios voltearon sus miradas a otros productos.

Texas Instruments decidió descontinuar el producto un año después y esto marcó el fin de una era para la compañía. Posteriormente anunciaron que no fabricarían más computadoras personales. Para poner todo en contexto hay que recordar que meses antes 3 importantes directivos habían decidido dejar sus cargos y fundar su propia compañía, nada más y nada menos que Compaq.

A pesar de todo, la Compact Computer 40 es interesante en otros términos como la citada eficiencia y avances como la inclusión de una interfaz computacional llamada HEXBUS, que permitía conectar varios periféricos en «cascada». HEXBUS se considera un predecesor del ahora popular bus USB.

Como varios computadores de ese entonces, se podía encontrar soporte para BASIC, el popular lenguaje de programación de la época. El intérprete de BASIC venía embebido y listo para usar. Para probarlo escribí un brevísimo programita en la CC40 para convertir la temperatura de grados Fahrenheit a Centígrados.

100 INPUT "ingrese grados f:"; far1
200 cent1=(far1-32)*5/7
300 PRINT cent1
310 PAUSE

Finalmente les dejo con un video donde ejecuto el programa y hago un resumen de esta reseña.


EPSON HX-20. La Primera Laptop de la Historia

Para fines de Diciembre del año pasado conseguí una joyita impresionante: una vieja computadora, pero en óptima condición, la EPSON HX-20. Esta reliquia, parte de la historia de la computación fue mi auto-regalo de Navidad y no había tenido tiempo de encenderla hasta hoy.

Para muchos la EPSON HX-20 es la primera laptop de la historia, lanzada al mercado en 1983. Ya habían salido al mercado otros productos compactos, pero este tenía batería incorporada. A pesar de su pequeño display de 120×32 píxeles, ya se nota que la tecnología estaba lista para la portabilidad. Ya no sólo se dependía de los pesados y voluminosos monitores CTRs (pantallas de vidrio) sino que el LCD comenzaba a ocupar un espacio cada vez mayor. El siguiente computador portátil de EPSON, el PX-8, tendría una pantalla LCD 8 veces mayor, de 480 x 64 pixeles. Quién diría en aquellos días que terminaríamos usando televisores con tecnología LCD años después?

Es muy interesante buscar en Internet cómo eran los anuncios de la época publicitando el producto como revolucionario. Uno de los que más llamó mi atención fue este video para la televisión. No lo encontré en buena resolución, pero se puede sentir ese estilo ochentero de video de rock glam en él. Fiel reflejo de la época.

Mi primera experiencia al encenderlo fue una pantalla con ciertos caracteres extraños en ella: «basurita» le digo yo. Buscando solución invoqué a Google y me topé con una sorpresa que creo interesante contar. EPSON aun conserva los manuales del producto en su sitio Web!  Con ellos y un simple procedimiento solucioné el inconveniente. Así es… aquí les dejo una prueba.

https://files.support.epson.com/pdf/hx20__/hx20__u1.pdf

Entre documento y documento me puse a investigar, entre otras cosas, la autonomía de la batería, para descubrir que era de más de 50 horas!!!… mi laptop actual con la que escribo este artículo apenas llega a las 5 horas.

Por ahora no diré mucho más. Me tomará unos días desempolvar mis conocimientos de BASIC y hacer cosas útiles con la vieja compu. Ya tengo ideas… hasta mientras elaboré un breve video para presentarla a sociedad. Espero les guste.


La Voz del último Castrato. La Única Grabación Conocida.

Hace mucho tiempo la prosperidad y la fama eran los codiciados premios para aquellas voces extraordinarias que se pudieran colar entre los coros de las iglesias. Pero para algunos jóvenes cantantes el precio a pagar era alto.

La prometedora y angelical voz de la infancia de algunos cantantes varones, casi siempre desaparece a la mitad de la pubertad. En algún momento alguien descubrió que aquel cambio de voz se podía minimizar con una práctica que hoy en día sonaría impensable y aberrante: la extirpación de los testículos durante la niñez con la finalidad única de no «engrosar» la voz. Aunque algunas veces no se llegaba a retirarlos sino sólo a dañarlos lo suficiente, el procedimiento no dejaba de ser doloroso y traumático. Se dice que la práctica surgió en el imperio bizantino y permaneció semi-oculta hasta el renacimiento, donde tuvo su auge en Italia. Miles de niños fueron castrados con la esperanza de un futuro promisorio, lejos de la pobreza.

Desde hace aproximadamente un siglo no existe ningún castrato vivo. El último conocido se llamó Alessandro Moreschi y murió en 1922. Actualmente ya no se realiza este procedimiento y seguro se consideraría un hecho abominable si un padre decidiera cortar los testículos de alguno de sus hijos sólo para apostarle a su fama futura. Pero hay algo detrás de todo esto que me llama la atención y es que si muchos decidieron pasar por esa horrible experiencia (aun desde el punto de vista de un padre) debió haber sido porque los resultados valían la pena y la diferencia era extraordinaria.

Lo interesante es que Alessandro Moreschi vivió lo suficiente para que su vida coincidiera con la aparición de las primeras técnicas de grabación de voz. Recordemos que a finales del siglo XIX ya aparecieron los primeros aparatos de grabación acústica (o mecánica). Un ejemplo de esto es el fonógrafo de Thomas Edison, que fue creado en 1877. Esta particular coincidencia nos permite tener el privilegio de escuchar la ÚNICA grabación de la voz de un castrato cantando. Si bien Moreschi no fue uno de los «grandes», su voz no deja de ser realmente admirable y nos da una idea el por qué existió esta técnica.

Para terminar, justo como el lector está imaginando, sí, existe una grabación de la voz de Moreschi cantando, extraordinaria y disponible en la Web. Con ella cierro este artículo. Al final del día basta con escuchar esta grabación para que la piel se ponga de gallina. Disfruten.


Cómo Hacer un Cargador de Celular a Pilas para Emergencias

Solución del hombre de las cavernas

Un truco que he realizado antes en un caso extremo (estaba acampando y no tenía un toma-corriente cerca) es el de conectar 4 pilas AA en serie y conectar esto directamente al celular a través de un cable micro-USB. Tenía unas pilas de repuesto para una linterna y las usé. Claro, también tuve que decapar el cable con una navaja (quedó inservible luego), pero resolví mi inconveniente. Sin embargo, 4 pilas AA no dan exactamente los 5 voltios que el celular necesita para cargarse, sino aproximadamente 6 voltios (cada una provee 1.5 voltios teóricos) o puede que hasta un poco más. En resumen, hágalo bajo su propio riesgo 😉

Una pequeña mejora a lo anterior es la de colocar una pequeña resistencia de menos de un Ohmio entre las pilas y el celular para disminuir levemente el voltaje y proteger el celular en el peor de los casos (aunque prácticamente todos los celulares tienen un regulador de voltaje incorporado, pero nunca está de más). Obviamente si estoy de camping en el bosque no tendré resistores en la billetera o una tienda de electrónicos a la vista, así que habrá que improvisar. Una cosa que a lo mejor tengamos a la mano y que podemos utilizar es un lápiz. Entre uno o dos centímetros de mina de lápiz nos pueden dar entre 0.25 y 2 ohmios dependiendo de la dureza de la mina. Yo he utilizado un centímetro de mina de  lápiz 4H para el experimento. Publicaré un video en próximos días.

Una solución más civilizada (añadimos un regulador de voltaje)

Un circuito menos primitivo que el anterior lo podemos conseguir añadiendo UN SOLO componente a nuestro circuito de pilas en serie. Esto tiene sus pros y contras. La construcción de este circuito ya no puede improvisarse in-situ, sino que tendremos que llevar en nuestra mochila un pequeño circuito prefabricado. En todo caso, la fabricación es extremadamente sencilla.

La idea aquí es usar un pequeño componente regulador de voltaje. El más común es el LM7805 (o símplemente 7805) que se puede conseguir en prácticamente cualquier tienda de electrónica por unos centavos. También es preferible aquí usar de 5 a 6 pilas en lugar de 4, pues este componente necesita de cierto voltaje mínimo de diferencia entre la entrada y la salida. También podríamos usar una batería de 9 voltios aquí. Les comparto un pequeño diagrama que hice.

La solución Ninja Pro

Vamos complicándonos un poco más… Otra solución más sofisticada pero mucho más precisa y eficiente que la anterior es la de utilizar un circuito convertidor step-down (también llamado reductor DC-DC o convertidor Buck), que es un circuito barato y que podemos encontrar en tiendas de electrónica. El que he comprado se puede adquirir en línea en varios sitios como Amazon, Ebay, OLX o Mercadolibre. Nos dará exactamente 5 voltios. En otro artículo que escribí hace algún tiempo en este mismo blog explico cómo hacer uno, por si alguien se quiere aventurar. Los hay de voltajes fijos como el que he usado yo, pero también hay otros en los cuales hay que ajustar el voltaje de salida girando la clavija de un potenciómetro de precisión. También hay de varias capacidades. El de este artículo nos proveerá de hasta 1 amperio, pues está basado en el chip AMS1117.

Para ilustrar mejor cómo conectar todo preferí hacer un video. El circuito elegido puede funcionar incluso con una batería de auto, por lo que nos puede servir para añadirle un puerto USB a nuestro vehículo, en caso de que no lo tenga. También podríamos conectar una batería recargable y utilizar un panel solar para cargarla. La regla por lo general en cuanto a pilas de carbón o alcalinas es que mientras más grandes, más carga. Por ejemplo, las pilas AA tienen más carga que las AAA, ya que son de mayor tamaño.

Ahora sí les dejo con el video. En él verán el circuito utilizado, el cual podemos poner en una cajita para que se vea más simpático y meterlo en nuestra mochila.  Nos salvará en caso de emergencias.


Club de Computadoras Antiguas Retro Tech

Lo que comenzó como una idea loca fue tomando forma. Hace unos años mi amigo Vicente Adum (Chento) me contó que estaba desempolvando y restaurando sus juguetes de la infancia, entre ellos viejas computadoras y consolas de videojuegos, y, pues yo, estaba haciendo lo mismo. Esta coincidencia a lo mejor es consecuencia de la edad y de que uno va recordando el pasado con nostalgia. Ya saben «todo pasado fue mejor», «recordar es vivir», y montón de frases más.

Uno de los recuerdos más nítidos de mi infancia fue aquella Navidad en la que mi mamá nos regaló una consola ATARI 2600 a mi hermano y a mi. Supongo que habré tenido unos 9 años y mi hermano un año menos. Como el regalo era compartido, la mañana del 25 de Diciembre me levanté a las 5AM para poder jugar primero que él y la sorpresa fue grande cuando me di cuenta de que mi hermano estaba ya jugando desde hacía bastante rato!. Él siempre fue más madrugador que yo.

El asunto es que la nostalgia es sólo el principio, hace unos 6 años comencé a conseguir/comprar/restaurar viejas computadoras y cuando me di cuenta, ya tenía una pequeña colección. Chento hizo lo mismo y en cierto punto teníamos un grupo de computadoras interesantes, entre ellas algunas icónicas ATARI como la Super PONG o la 400; la Commodore 64 y otras marcas también como Apple, Texas, Sinclair. Un mostrador interesante.

Atari Super Pong

Atari Super Pong

Atari 400

Atari 400

Fue en 2017 cuando se nos ocurrió presentar nuestras colecciones en un evento. Me encontraba yo ayudando en la organización de un festival de ciencia y tecnología en la ciudad llamado SeGenial (www.segenial.ec) y había un stand disponible. «COMPUTADORAS RETRO» decía el letrero que colgaba del travesaño de la carpa. Nos fue bien. Pusimos una máquina emuladora de juegos ARCADE que fabriqué en AsiriLabs, para que los curiosos pudieran jugar. Para nuestro asombro los interesados no sólo eran los papás nostálgicos de los años ochentas, sino también muchos jóvenes. Algunos adolescentes reconocían los juegos y aparatos de manera sorprendente, sabían de la historia de nuestras máquinas, habían leído de sus inventores y de las anécdotas detrás del desarrollo del software y hardware inicial.

Stand de Computadoras Vintage en el Festival SeGenial 2017

Stand de Computadoras Vintage en el Festival SeGenial 2017

La muestra de equipos retro en el SeGenial 2017 en ESPOL

La muestra de equipos retro en el SeGenial 2017 en ESPOL

Repetimos el experimento en la edición de 2018 del SeGenial que tuvo lugar el mes de Noviembre en el Malecón de la ciudad de Guayaquil, junto al río Guayas. Se nos unió Haridas Mederos y así comenzó a tomar forma nuestro pequeño club. La respuesta del público fue reconfortante pues al final del día se trata de una actividad cultural, una especie de museo itinerante. Mucho de historia de la tecnología y la evolución del computador personal.

Esta vez decidimos encender algunas computadoras como la ATARI 400 (el primer computador personal fabricado por ATARI) y la ATARI 2600 (la popular consola de videojuegos). Conectamos los cartuchos de Donkey Kong, PACMAN, Missile Command, entre otros y en determinadas horas tuvimos personas haciendo fila para tomar un turno con el joystick! Un éxito que sobrepasó nuestra expectativa. Un par de jóvenes (que posteriormente bautizamos como «los viajeros del tiempo») que bordeaban los 18 años se acercaron al stand y reconocieron la ATARI PONG de inmediato. No podían creer ver un ejemplar en «carne y hueso». Pidieron que por favor la encendamos y luego pasaron largo rato jugando el viejo juego en la segunda videoconsola de la historia, no sin gritos de emoción y como si lo hubieran jugado toda la vida. Nos sorprendió y nos contagiaron de alegría. Dos adolescentes aficionados al ATARI PONG?!!!. Viajeros del tiempo sin duda.

De ahora en adelante el plan es sumar aficionados y engrosar la colección con items interesantes que permitan conocer cómo fue que comenzó esta revolución que hoy nos tiene conectados al Internet leyendo este artículo.

Festival SeGenial 2018 en Malecón 2000 de Guayaquil

Festival SeGenial 2018 en Malecón 2000 de Guayaquil

Jóvenes interesados haciendo preguntas

Jóvenes interesados haciendo preguntas

Niños haciendo fila para jugar Donkey Kong

Niños haciendo fila para jugar Donkey Kong

El Club RETROTECH: Haridas Mederos, Vicente Adum y Edgar Landívar

El Club RETROTECH: Haridas Mederos, Vicente Adum y Edgar Landívar

Niños jugando ARCADE

Niños jugando ARCADE (Máquina construida por AsiriLabs)

Viajeros del Tiempo

Viajeros del Tiempo


La milagrosa cura contra el paludismo que se convirtió en gin-tonic

Antes de la llegada de los españoles, las tribus aborígenes de Sudamérica conocían la milagrosa propiedad de la corteza de un árbol que aliviaba la fiebre y el dolor, así que cuando los europeos trajeron el paludismo (o malaria) los nativos decidieron usar aquel viejo remedio para este nuevo mal. El asunto es que los españoles no habían tomado muy en serio esta medicina ancestral, hasta que en 1632 la esposa del Virrey de Perú, la Condesa de Chinchón, cayó enferma de malaria. Al borde de morir y en medio de una delirante agonía un sirviente sugirió que la trataran con la corteza del árbol milagroso y para sorpresa de todos se recuperó.

A partir de allí bautizaron al árbol milagroso en honor a la mujer y lo llamaron Cinchona. Su corteza viajó a Europa y su popularidad no hizo más que crecer. Se lo llevaron por toneladas, en barcos cargados de corteza y metales preciosos. A la corteza la llamaron Quina y luego los primeros químicos europeos extrajeron de ella su elemento activo y lo llamaron quinina.

Legiones de intrépidos aventureros escarbaron las selvas sudamericanas en búsqueda de nuevas variedades del árbol de Cinchona con la esperanza de encontrar cortezas más eficaces. Y las encontraron!. Interrogaron a los aborígenes y ellos les contaron del árbol de la Quina Amarilla, la Quina Colorada y hasta el raro árbol de la Quina Canela. Existen muchas crónicas de estos científicos aventureros que se encargaron de escribir en sus diarios sus aventuras en medio de la selva buscando la Cinchona. Vale la pena leerlas, pues les garantizo que están a la altura de cualquier película de Indiana Jones.

Una de estas historias de aventura es la de Charles Marie de La Condamine, científico francés que vino a Ecuador en el siglo XVIII a demostrar que la tierra es achatada en los polos y así comprobar que las afirmaciones del afamado Sir Isaac Newton eran ciertas. En ese entonces Ecuador ni se llamaba así y medir no era una cosa de encender un GPS y ya. Casi 10 años le tomó la bendita medición y como es de suponer, tuvo tiempo suficiente para satisfacer su curiosidad científica en otros aspectos. Cualquier cosa con la que La Condamine se tropezó llamó su atención y la documentó. En sus exploraciones encontró una especie de árbol de Cinchona muy efectiva y comunicó esta información a la comunidad científica francesa, quienes propagaron este descubrimiento en todas las direcciones y pronto comenzaron a importar esta variedad de corteza desde el Nuevo Mundo.

Como era un buen negocio exportar la corteza a Europa, los países sudamericanos pusieron restricciones aduanales para que las semillas de Cinchona no puedan salir de sus tierras y así evitar que se siembre este arbolito en otros continentes y monopolizar su comercio. Pero esto no duró mucho, pronto comerciantes ingleses se las arreglaron para convencer a un indígena llamado Manuel Incra para hacerse de un lote de semillas que llevaron a Londres y posteriormente vendieron a los holandeses a precio de oro. La historia cuenta que los holandeses decidieron llevarlas a una de sus colonias; más precisamente a la isla de Java, ahora parte de Indonesia. De aquí en adelante los holandeses suministraron gran parte de la demanda mundial de quinina.

Mientras la quinina causaba sensación como medicina en Europa, un relojero de Ginebra llamado Johann Jacob Schweppe, se las había ingeniado para meter gas carbónico en el agua, dando origen a las ahora populares aguas carbonatadas o bebidas gaseosas. Fundó una compañía y creó varias bebidas con sabores frutales. Para la segunda mitad del siglo XIX ya habían varias fábricas de gaseosas en Inglaterra, experimentando con sabores de frutas y plantas. Las bebidas gaseosas con propiedades curativas no podían faltar y con el tiempo a alguien se le ocurrió ponerle quinina al agua carbonatada. Se puede decir que la invención del agua carbonatada y el descubrimiento de la quinina coincidieron en el tiempo y era sólo cuestión de encontrar una cabeza adecuada donde concebir la idea.

Al agua carbonatada con quinina se la bautizó con el nombre de agua tónica y el relojero Schweppe se subió también al tren de la moda y sacó su propia versión de agua tónica, la cual aún vive hasta nuestros días bajo una de las marcas más conocidas en el mundo: Agua Tónica Schweppe.

Schweppe no fue el único, varios otros fabricantes hicieron lo mismo y así nacieron marcas como el agua tónica de Cunnington o el agua tónica de Pitt. Todos promocionaban los aparentes beneficios para la salud de sus productos. A continuación una publicidad aparecida en una publicación londinense de 1861, donde se describen los beneficios del agua tónica de Pitt.

Otras bebidas gaseosas interesantes también surgieron, como es el caso de la gingerade, que no es otra cosa que el conocido Ginger Ale de nuestros tiempos. Es decir, una bebida a base de jengibre y agua carbonatada.

Sucedió un buen día que el ejército inglés que se encontraba apostado en la India (en ese entonces colonia inglesa) fue provisto de una buena dosis de agua tónica. Los ingleses tenían la equivocada teoría de que el agua tónica no sólo aliviaba la malaria sino que también la podía prevenir, así que decidieron proveer al ejército de esta bebida. Lo que no calcularon era que el agua tónica sabía a «remedio» (de hecho lo era), pues en ese entonces era mucho más amarga que en la actualidad.

Esto ocasionó que los soldados no se la quisieran tomar hasta que a alguien se le ocurrió la fantástica idea de agregarle un poco de Gin. El resto de la historia ya la conocen 😉


Técnicas para encender una buena fogata en tu día de camping

Me encanta acampar, tanto, que luego de unos años de afición decidí emprender un pequeño negocio de camping en Ecuador y dedicarme a esto (www.huigra.com). El contacto con la naturaleza para mi es una forma de aprender muchas lecciones de vida invaluables. Una de las cosas más interesantes es encender fuego para cocinar. Después de muchas fogatas de por medio aprendí algunos trucos que quisiera compartir. Los pongo en el orden en que se deben ejecutar.

1) Ubicar buena yesca 

Lo primero que hago antes de encender una fogata es buscar la yesca correcta (también llamada arrancador o iniciador de fuego). No escatimo en buscar la suficiente cantidad, pues lo peor es que la yesca se termine antes de que la fogata tome cuerpo y tengamos que volverla a encender. La yesca debe ser un elemento de fácil y rápida combustión, que a diferencia de los trozos más grandes de madera o carbón, hará el trabajo de iniciar el fuego de la fogata. Lo más importante es ubicar yesca muy, pero muy seca. La yesca por lo general está constituida por pequeños tronquitos, paja u hojas. Pero ojo, no cualquier hoja ni palito sirve. Por ejemplo, las hojas de árboles que contengan muchos aceites son siempre preferibles. Hojas secas de eucalipto por ejemplo son una opción genial, pero no siempre está disponible. Otros elementos que uso son sobras de cartones que corto en pequeños pedazos, algodón del botiquín o papel higiénico –sin usar por supuesto ;-).

2) Otros combustibles comunes: Doritos, gel antibacterial, aceite de cocina

Por lo general trato de no usar combustible adicional a la yesca que pueda encontrar, pero si hiciera falta, un par de trucos que me dan MUY buen resultado siempre son los Doritos o el gel antibacterial. El gel antibacterial contiene mucho alcohol, por lo que se puede usar de manera segura y los Doritos… no tienen idea de cómo se enciende de bien una fogata con Doritos! (También funciona con Cheetos o cualquier snack con alto porcentaje de carbohidratos, seco y grasoso).

Otra cosa que también he usado es aceite de cocina. La manera como lo uso es remojando el papel higiénico con unas gotas aceite de cocina y poniéndolo en forma de bolitas. En general, se puede remojar la yesca con el aceite de cocina y logramos que dure mucho más.

3) Conformar la Pira

Luego de ubicar la yesca y demás combustibles improvisados hay que disponer los leños de tal forma que sea más eficiente encenderlos. Yo suelo disponerlos en forma de pira. Haciendo un agujero en el centro de la fogata (donde ubico la yesca) y apilando troncos en el perímetro con forma de volcán, de tal modo que el aire ingrese por debajo de la pira y circule hacia arriba por el centro de la misma. La llama debería salir vigorosamente por la cima de nuestro volcán. Si la llama se debilita podemos introducir más combustible por la cima: Doritos, gel, papel.

4) Encender el fuego

Esto siempre es un reto si no tenemos encendedor ni fósforos. Yo siempre digo que una buena fogata se enciende con un fósforo. Pero si no tenemos hay varias opciones disponibles, que aunque toman su tiempo y consumen nuestra paciencia, funcionan. No voy a hablar aquí de soluciones comerciales como la piedra lumbre o las barritas de magnesio, sino de cosas que podamos improvisar.

Para mi una solución muy efectiva y que me encanta es usar un par de pilas y papel de chicle (de estos papeles laminados de aluminio que vienen como envoltura de los chicles como Orbits o Trident). Otro truco es utilizar una pequeña batería de 9V con lumbre o lana de acero para limpiar ollas.

5) Avivar el fuego

Una vez que los leños comienzan a quemarse y nunca antes se debe comenzar a avivar. Si avivamos antes es probable que apaguemos nuestra fogata antes de empezar. La idea de avivar el fuego es que el porcentaje de madera carbonizada se expanda. Para esto no hay mejor cosa que un abanico, el cual puede estar improvisado con cualquier lámina que encontremos. Métodos más sofisticados como usar secadores de pelo, fuelles o ventiladores no están mal, pero cuando acampamos no siempre podemos recurrir a  estos lujos. Si nada está disponible el último recurso siempre serán nuestros pulmones.

 


Don Ramón

Hace casi 20 años que murió mi abuelo Julio y aun conservo vívidos los recuerdos de aquella mente inquieta, vivaz, apasionada, metódica. Dicen que «tuvo su genio» cuando joven, pero yo conocí al viejito trabajador, al inventor, el reparador de todo, que en su taller transformaba cosas viejas en cosas útiles. Al alquimista. El que me hacía horquetas (resorteras) con ramas de árbol para que jugara. Aquel que soldaba con estaño, el que me enseñó a usar el esmeril y a fabricar tarritos con latas de aceite. El que me construyó mi primera caja de herramientas de hojalata y me hizo prometer que sus viejas máquinas quedarían en mis manos cuando muera. El que me fue a ver al colegio caminando y me llevaba a comprar chatarra al tianguis dominical, con su periódico de ayer bajo el brazo y su pluma Parker en la guayabera. El que coleccionaba máquinas sumadoras, cerraduras y revistas de Mecánica Popular, y me enseñó a apreciar lo hermoso de lo antiguo. «Ya nada se fabrica como antes». El que practicaba caligrafía por las noches y anotaba todo a puño y letra. El que me enseñó a curar mi alergia al polvo con aguardiente y a hacer rompope con un tenedor. De quien aprendí a preparar la cola de carpintero, a cepillar madera, a reparar duchas eléctricas, a hacer líquidos misteriosamente útiles con ácido muriático. Quien me contó para qué se usaba el borax y el que me contagió, sin saberlo, el amor por las locomotoras de vapor que aun conservo… Quien vio en mi el retrato de su hijo que extrañaba.

Contador de historias, sus anécdotas siempre guardaban algo de magia. Las hazañas de la época del ferrocarril, cuando ganó la competencia de mecanografía, cuando se disfrazaba de fantasma, cuando fue telegrafista, cuando construyó su fábrica de gaseosas de la nada, cuando puso el negocio de la planta de luz en el pueblo, cuando dormía con su revolver bajo la almohada para cuidar la casa de la sierra. Sus emprendimientos eran historias de aventura para mi. Contador de chistes, su risa a las 6 de la mañana viendo Tres Patines. Su conversación después de la merienda. Fue la única persona que conocí que tomaba café cargado para poder dormir. Le copié la costumbre de derretir una viruta de mantequilla en el café caliente.

No supe darle homenaje en su momento a todo lo que me dejó. La muerte no me gusta. Pero semanas después de su partida el homenaje vino de parte de una persona cercana que me compartió, conmovida, un escrito en honor a su memoria. Lo leí una sola vez. Noté los nombres cambiados de los personajes y supuse una suerte de camuflaje de emociones. Era lo justo. No lo volví a leer, pero lo recordé claramente hasta hoy, casi 20 años después, que le dije «aun tendrás por ahí aquello que escribiste» y como si lo hubiera escrito ayer me lo envió en ese instante. Lo tenía allí guardado para siempre. Gracias Muoi.

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DON RAMÓN

by Muoi Tran

Don Ramon, I saw you. I saw your eyes looking at the ceiling. The light was dim in your room, and there was a strong smell of puro and herbal honey tea. There you were, reclining lazily on a bed of pillows. Ready to take a long nap after you grew bored with your faded book, pages torn from routine.

But I saw your pinched nerves under the blanket. And the yellow blood under your skin that betrayed the truth of immobility. I saw your eyes beneath the clouds, looking up only, waiting. Not bearing to look straight ahead at us or inwardly at yourself.

*****
“Go to the kitchen, Luisito,” Tia Rosa yelled in a whisper. “You know your

Grandfather Ramon can’t drink anything.”
“But I’m thirsty,” Luisito said again. “He can’t hear us. Grandfather doesn’t know

that I’m thirsty.”
“Keep the light on,” Tia Rosa said. “He is afraid of the dark. Let’s keep the light on

for my beloved Father. Let’s keep him company.”
After we fell like dominoes, heavy limbs criss-crossing one another, you didn’t dare

to blink. The artificial light didn’t fool you, Don Ramon. The neighbors’ kids were silent. The darkness from outside penetrated.

“Take his left hand,” Tia Rosa said. “It’s the one that works.”

You did not let go of whatever was in its clutches. You grabbed onto us for dear life, your life, one that was slipping out from under you and through us. We pulled our hands away. Your eyes began to weep single drops. But your hand gripped. You wanted life. We could not give you ours.

“Scream if he stops breathing,” Tia Rosa said. “I’m tired and I need to rest. I’m the only person here who is with him night and day, every day. I have to take care of everything. Tia Berta does not even call. She doesn’t send a dime.”

Your breathing made a funny sound. In and out. In and out. Our mouths feed us, quench our thirst and allow us to speak our minds. Your mouth, Don Ramon, was denied of all three functions. But it gave you air. In and out, in and out. We continued to talk and to laugh because we heard your breathing.

*****
Forgive us if we stared sometimes. Forgive us if we asked you questions you could

not answer. Forgive us if we talked about ourselves in loud voices and about you in tiny ones. Between tears and laughter, we turned to you.

“Remember how Don Ramon always walked with his eyes down, looking for discarded keys and other metallic objects?”

“Remember that lamp that Don Ramon built out of the broken antenna? Ha! It’s telescopic.”

“That was Don Ramon. Our Grandfather. My Father.” Look up now, Don Ramon. Look up now.