Club de Computadoras Antiguas Retro Tech

Lo que comenzó como una idea loca fue tomando forma. Hace unos años mi amigo Vicente Adum (Chento) me contó que estaba desempolvando y restaurando sus juguetes de la infancia, entre ellos viejas computadoras y consolas de videojuegos, y, pues yo, estaba haciendo lo mismo. Esta coincidencia a lo mejor es consecuencia de la edad y de que uno va recordando el pasado con nostalgia. Ya saben “todo pasado fue mejor”, “recordar es vivir”, y montón de frases más.

Uno de los recuerdos más nítidos de mi infancia fue aquella Navidad en la que mi mamá nos regaló una consola ATARI 2600 a mi hermano y a mi. Supongo que habré tenido unos 9 años y mi hermano un año menos. Como el regalo era compartido, la mañana del 25 de Diciembre me levanté a las 5AM para poder jugar primero que él y la sorpresa fue grande cuando me di cuenta de que mi hermano estaba ya jugando desde hacía bastante rato!. Él siempre fue más madrugador que yo.

El asunto es que la nostalgia es sólo el principio, hace unos 6 años comencé a conseguir/comprar/restaurar viejas computadoras y cuando me di cuenta, ya tenía una pequeña colección. Chento hizo lo mismo y en cierto punto teníamos un grupo de computadoras interesantes, entre ellas algunas icónicas ATARI como la Super PONG o la 400; la Commodore 64 y otras marcas también como Apple, Texas, Sinclair. Un mostrador interesante.

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Atari Super Pong

Atari 400 atari Club de Computadoras Antiguas Retro Tech 23659593 10214092381520196 3336854511683708394 n

Atari 400

Fue en 2017 cuando se nos ocurrió presentar nuestras colecciones en un evento. Me encontraba yo ayudando en la organización de un festival de ciencia y tecnología en la ciudad llamado SeGenial (www.segenial.ec) y había un stand disponible. “COMPUTADORAS RETRO” decía el letrero que colgaba del travesaño de la carpa. Nos fue bien. Pusimos una máquina emuladora de juegos ARCADE que fabriqué en AsiriLabs, para que los curiosos pudieran jugar. Para nuestro asombro los interesados no sólo eran los papás nostálgicos de los años ochentas, sino también muchos jóvenes. Algunos adolescentes reconocían los juegos y aparatos de manera sorprendente, sabían de la historia de nuestras máquinas, habían leído de sus inventores y de las anécdotas detrás del desarrollo del software y hardware inicial.

Stand de Computadoras Vintage en el Festival SeGenial 2017 atari Club de Computadoras Antiguas Retro Tech 23735997 10214091987550347 3791462079292694021 o

Stand de Computadoras Vintage en el Festival SeGenial 2017

La muestra de equipos retro en el SeGenial 2017 en ESPOL atari Club de Computadoras Antiguas Retro Tech 23722265 10214091978830129 6298659757281536272 n

La muestra de equipos retro en el SeGenial 2017 en ESPOL

Repetimos el experimento en la edición de 2018 del SeGenial que tuvo lugar el mes de Noviembre en el Malecón de la ciudad de Guayaquil, junto al río Guayas. Se nos unió Haridas Mederos y así comenzó a tomar forma nuestro pequeño club. La respuesta del público fue reconfortante pues al final del día se trata de una actividad cultural, una especie de museo itinerante. Mucho de historia de la tecnología y la evolución del computador personal.

Esta vez decidimos encender algunas computadoras como la ATARI 400 (el primer computador personal fabricado por ATARI) y la ATARI 2600 (la popular consola de videojuegos). Conectamos los cartuchos de Donkey Kong, PACMAN, Missile Command, entre otros y en determinadas horas tuvimos personas haciendo fila para tomar un turno con el joystick! Un éxito que sobrepasó nuestra expectativa. Un par de jóvenes (que posteriormente bautizamos como “los viajeros del tiempo”) que bordeaban los 18 años se acercaron al stand y reconocieron la ATARI PONG de inmediato. No podían creer ver un ejemplar en “carne y hueso”. Pidieron que por favor la encendamos y luego pasaron largo rato jugando el viejo juego en la segunda videoconsola de la historia, no sin gritos de emoción y como si lo hubieran jugado toda la vida. Nos sorprendió y nos contagiaron de alegría. Dos adolescentes aficionados al ATARI PONG?!!!. Viajeros del tiempo sin duda.

De ahora en adelante el plan es sumar aficionados y engrosar la colección con items interesantes que permitan conocer cómo fue que comenzó esta revolución que hoy nos tiene conectados al Internet leyendo este artículo.

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Festival SeGenial 2018 en Malecón 2000 de Guayaquil

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Jóvenes interesados haciendo preguntas

Niños haciendo fila para jugar Donkey Kong atari Club de Computadoras Antiguas Retro Tech 46674505 755761898094923 369137569914421248 o

Niños haciendo fila para jugar Donkey Kong

El Club RETROTECH: Haridas Mederos, Vicente Adum y Edgar Landívar atari Club de Computadoras Antiguas Retro Tech 46860478 755762654761514 6801465473566244864 o

El Club RETROTECH: Haridas Mederos, Vicente Adum y Edgar Landívar

Niños jugando ARCADE atari Club de Computadoras Antiguas Retro Tech 46501577 755761608094952 2767305286317244416 o

Niños jugando ARCADE (Máquina construida por AsiriLabs)

Viajeros del Tiempo atari Club de Computadoras Antiguas Retro Tech viajeros del tiempo

Viajeros del Tiempo


La milagrosa cura contra el paludismo que se convirtió en gin-tonic

Antes de la llegada de los españoles, las tribus aborígenes de Sudamérica conocían la milagrosa propiedad de la corteza de un árbol que aliviaba la fiebre y el dolor, así que cuando los europeos trajeron el paludismo (o malaria) los nativos decidieron usar aquel viejo remedio para este nuevo mal. El asunto es que los españoles no habían tomado muy en serio esta medicina ancestral, hasta que en 1632 la esposa del Virrey de Perú, la Condesa de Chinchón, cayó enferma de malaria. Al borde de morir y en medio de una delirante agonía un sirviente sugirió que la trataran con la corteza del árbol milagroso y para sorpresa de todos se recuperó.

A partir de allí bautizaron al árbol milagroso en honor a la mujer y lo llamaron Cinchona. Su corteza viajó a Europa y su popularidad no hizo más que crecer. Se lo llevaron por toneladas, en barcos cargados de corteza y metales preciosos. A la corteza la llamaron Quina y luego los primeros químicos europeos extrajeron de ella su elemento activo y lo llamaron quinina.

Legiones de intrépidos aventureros escarbaron las selvas sudamericanas en búsqueda de nuevas variedades del árbol de Cinchona con la esperanza de encontrar cortezas más eficaces. Y las encontraron!. Interrogaron a los aborígenes y ellos les contaron del árbol de la Quina Amarilla, la Quina Colorada y hasta el raro árbol de la Quina Canela. Existen muchas crónicas de estos científicos aventureros que se encargaron de escribir en sus diarios sus aventuras en medio de la selva buscando la Cinchona. Vale la pena leerlas, pues les garantizo que están a la altura de cualquier película de Indiana Jones.

Una de estas historias de aventura es la de Charles Marie de La Condamine, científico francés que vino a Ecuador en el siglo XVIII a demostrar que la tierra es achatada en los polos y así comprobar que las afirmaciones del afamado Sir Isaac Newton eran ciertas. En ese entonces Ecuador ni se llamaba así y medir no era una cosa de encender un GPS y ya. Casi 10 años le tomó la bendita medición y como es de suponer, tuvo tiempo suficiente para satisfacer su curiosidad científica en otros aspectos. Cualquier cosa con la que La Condamine se tropezó llamó su atención y la documentó. En sus exploraciones encontró una especie de árbol de Cinchona muy efectiva y comunicó esta información a la comunidad científica francesa, quienes propagaron este descubrimiento en todas las direcciones y pronto comenzaron a importar esta variedad de corteza desde el Nuevo Mundo.

Como era un buen negocio exportar la corteza a Europa, los países sudamericanos pusieron restricciones aduanales para que las semillas de Cinchona no puedan salir de sus tierras y así evitar que se siembre este arbolito en otros continentes y monopolizar su comercio. Pero esto no duró mucho, pronto comerciantes ingleses se las arreglaron para convencer a un indígena llamado Manuel Incra para hacerse de un lote de semillas que llevaron a Londres y posteriormente vendieron a los holandeses a precio de oro. La historia cuenta que los holandeses decidieron llevarlas a una de sus colonias; más precisamente a la isla de Java, ahora parte de Indonesia. De aquí en adelante los holandeses suministraron gran parte de la demanda mundial de quinina.

Mientras la quinina causaba sensación como medicina en Europa, un relojero de Ginebra llamado Johann Jacob Schweppe, se las había ingeniado para meter gas carbónico en el agua, dando origen a las ahora populares aguas carbonatadas o bebidas gaseosas. Fundó una compañía y creó varias bebidas con sabores frutales. Para la segunda mitad del siglo XIX ya habían varias fábricas de gaseosas en Inglaterra, experimentando con sabores de frutas y plantas. Las bebidas gaseosas con propiedades curativas no podían faltar y con el tiempo a alguien se le ocurrió ponerle quinina al agua carbonatada. Se puede decir que la invención del agua carbonatada y el descubrimiento de la quinina coincidieron en el tiempo y era sólo cuestión de encontrar una cabeza adecuada donde concebir la idea.

Al agua carbonatada con quinina se la bautizó con el nombre de agua tónica y el relojero Schweppe se subió también al tren de la moda y sacó su propia versión de agua tónica, la cual aún vive hasta nuestros días bajo una de las marcas más conocidas en el mundo: Agua Tónica Schweppe.

Schweppe no fue el único, varios otros fabricantes hicieron lo mismo y así nacieron marcas como el agua tónica de Cunnington o el agua tónica de Pitt. Todos promocionaban los aparentes beneficios para la salud de sus productos. A continuación una publicidad aparecida en una publicación londinense de 1861, donde se describen los beneficios del agua tónica de Pitt.

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Otras bebidas gaseosas interesantes también surgieron, como es el caso de la gingerade, que no es otra cosa que el conocido Ginger Ale de nuestros tiempos. Es decir, una bebida a base de jengibre y agua carbonatada.

Sucedió un buen día que el ejército inglés que se encontraba apostado en la India (en ese entonces colonia inglesa) fue provisto de una buena dosis de agua tónica. Los ingleses tenían la equivocada teoría de que el agua tónica no sólo aliviaba la malaria sino que también la podía prevenir, así que decidieron proveer al ejército de esta bebida. Lo que no calcularon era que el agua tónica sabía a “remedio” (de hecho lo era), pues en ese entonces era mucho más amarga que en la actualidad.

Esto ocasionó que los soldados no se la quisieran tomar hasta que a alguien se le ocurrió la fantástica idea de agregarle un poco de Gin. El resto de la historia ya la conocen 😉


Técnicas para encender una buena fogata en tu día de camping

Me encanta acampar, tanto, que luego de unos años de afición decidí emprender un pequeño negocio de camping en Ecuador y dedicarme a esto (www.huigra.com). El contacto con la naturaleza para mi es una forma de aprender muchas lecciones de vida invaluables. Una de las cosas más interesantes es encender fuego para cocinar. Después de muchas fogatas de por medio aprendí algunos trucos que quisiera compartir. Los pongo en el orden en que se deben ejecutar.

1) Ubicar buena yesca 

Lo primero que hago antes de encender una fogata es buscar la yesca correcta (también llamada arrancador o iniciador de fuego). No escatimo en buscar la suficiente cantidad, pues lo peor es que la yesca se termine antes de que la fogata tome cuerpo y tengamos que volverla a encender. La yesca debe ser un elemento de fácil y rápida combustión, que a diferencia de los trozos más grandes de madera o carbón, hará el trabajo de iniciar el fuego de la fogata. Lo más importante es ubicar yesca muy, pero muy seca. La yesca por lo general está constituida por pequeños tronQuitos, paja u hojas. Pero ojo, no cualquier hoja ni palito sirve. Por ejemplo, las hojas de árboles que contengan muchos aceites son siempre preferibles. Hojas secas de eucalipto por ejemplo son una opción genial, pero no siempre está disponible. Otros elementos que uso son sobras de cartones que corto en pequeños pedazos, algodón del botiquín o papel higiénico –sin usar por supuesto ;-).

2) Otros combustibles comunes: Doritos, gel antibacterial, aceite de cocina

Por lo general trato de no usar combustible adicional a la yesca que pueda encontrar, pero si hiciera falta, un par de trucos que me dan MUY buen resultado siempre son los Doritos o el gel antibacterial. El gel antibacterial contiene mucho alcohol, por lo que se puede usar de manera segura y los Doritos… no tienen idea de cómo se enciende de bien una fogata con Doritos! (También funciona con Cheetos o cualquier snack con alto porcentaje de carbohidratos, seco y grasoso).

Otra cosa que también he usado es aceite de cocina. La manera como lo uso es remojando el papel higiénico con unas gotas aceite de cocina y poniéndolo en forma de bolitas. En general, se puede remojar la yesca con el aceite de cocina y logramos que dure mucho más.

3) Conformar la Pira

Luego de ubicar la yesca y demás combustibles improvisados hay que disponer los leños de tal forma que sea más eficiente encenderlos. Yo suelo disponerlos en forma de pira. Haciendo un agujero en el centro de la fogata (donde ubico la yesca) y apilando troncos en el perímetro con forma de volcán, de tal modo que el aire ingrese por debajo de la pira y circule hacia arriba por el centro de la misma. La llama debería salir vigorosamente por la cima de nuestro volcán. Si la llama se debilita podemos introducir más combustible por la cima: Doritos, gel, papel.

4) Encender el fuego

Esto siempre es un reto si no tenemos encendedor ni fósforos. Yo siempre digo que una buena fogata se enciende con un fósforo. Pero si no tenemos hay varias opciones disponibles, que aunque toman su tiempo y consumen nuestra paciencia, funcionan. No voy a hablar aquí de soluciones comerciales como la piedra lumbre o las barritas de magnesio, sino de cosas que podamos improvisar.

Para mi una solución muy efectiva y que me encanta es usar un par de pilas y papel de chicle (de estos papeles laminados de aluminio que vienen como envoltura de los chicles como Orbits o Trident). Otro truco es utilizar una pequeña batería de 9V con lumbre o lana de acero para limpiar ollas.

5) Avivar el fuego

Una vez que los leños comienzan a quemarse y nunca antes se debe comenzar a avivar. Si avivamos antes es probable que apaguemos nuestra fogata antes de empezar. La idea de avivar el fuego es que el porcentaje de madera carbonizada se expanda. Para esto no hay mejor cosa que un abanico, el cual puede estar improvisado con cualquier lámina que encontremos. Métodos más sofisticados como usar secadores de pelo, fuelles o ventiladores no están mal, pero cuando acampamos no siempre podemos recurrir a  estos lujos. Si nada está disponible el último recurso siempre serán nuestros pulmones.

 


Don Ramón

Hace casi 20 años que murió mi abuelo Julio y aun conservo vívidos los recuerdos de aquella mente inquieta, vivaz, apasionada, metódica. Dicen que “tuvo su genio” cuando joven, pero yo conocí al viejito trabajador, al inventor, el reparador de todo, que en su taller transformaba cosas viejas en cosas útiles. Al alquimista. El que me hacía horquetas (resorteras) con ramas de árbol para que jugara. Aquel que soldaba con estaño, el que me enseñó a usar el esmeril y a fabricar tarritos con latas de aceite. El que me construyó mi primera caja de herramientas de hojalata y me hizo prometer que sus viejas máquinas quedarían en mis manos cuando muera. El que me fue a ver al colegio caminando y me llevaba a comprar chatarra al tianguis dominical, con su periódico de ayer bajo el brazo y su pluma Parker en la guayabera. El que coleccionaba máquinas sumadoras, cerraduras y revistas de Mecánica Popular, y me enseñó a apreciar lo hermoso de lo antiguo. “Ya nada se fabrica como antes”. El que practicaba caligrafía por las noches y anotaba todo a puño y letra. El que me enseñó a curar mi alergia al polvo con aguardiente y a hacer rompope con un tenedor. De quien aprendí a preparar la cola de carpintero, a cepillar madera, a reparar duchas eléctricas, a hacer líquidos misteriosamente útiles con ácido muriático. Quien me contó para qué se usaba el borax y el que me contagió, sin saberlo, el amor por las locomotoras de vapor que aun conservo… Quien vio en mi el retrato de su hijo que extrañaba.

Contador de historias, sus anécdotas siempre guardaban algo de magia. Las hazañas de la época del ferrocarril, cuando ganó la competencia de mecanografía, cuando se disfrazaba de fantasma, cuando fue telegrafista, cuando construyó su fábrica de gaseosas de la nada, cuando puso el negocio de la planta de luz en el pueblo, cuando dormía con su revolver bajo la almohada para cuidar la casa de la sierra. Sus emprendimientos eran historias de aventura para mi. Contador de chistes, su risa a las 6 de la mañana viendo Tres Patines. Su conversación después de la merienda. Fue la única persona que conocí que tomaba café cargado para poder dormir. Le copié la costumbre de derretir una viruta de mantequilla en el café caliente.

No supe darle homenaje en su momento a todo lo que me dejó. La muerte no me gusta. Pero semanas después de su partida el homenaje vino de parte de una persona cercana que me compartió, conmovida, un escrito en honor a su memoria. Lo leí una sola vez. Noté los nombres cambiados de los personajes y supuse una suerte de camuflaje de emociones. Era lo justo. No lo volví a leer, pero lo recordé claramente hasta hoy, casi 20 años después, que le dije “aun tendrás por ahí aquello que escribiste” y como si lo hubiera escrito ayer me lo envió en ese instante. Lo tenía allí guardado para siempre. Gracias Muoi.

—–

DON RAMÓN

by Muoi Tran

Don Ramon, I saw you. I saw your eyes looking at the ceiling. The light was dim in your room, and there was a strong smell of puro and herbal honey tea. There you were, reclining lazily on a bed of pillows. Ready to take a long nap after you grew bored with your faded book, pages torn from routine.

But I saw your pinched nerves under the blanket. And the yellow blood under your skin that betrayed the truth of immobility. I saw your eyes beneath the clouds, looking up only, waiting. Not bearing to look straight ahead at us or inwardly at yourself.

*****
“Go to the kitchen, Luisito,” Tia Rosa yelled in a whisper. “You know your

Grandfather Ramon can’t drink anything.”
“But I’m thirsty,” Luisito said again. “He can’t hear us. Grandfather doesn’t know

that I’m thirsty.”
“Keep the light on,” Tia Rosa said. “He is afraid of the dark. Let’s keep the light on

for my beloved Father. Let’s keep him company.”
After we fell like dominoes, heavy limbs criss-crossing one another, you didn’t dare

to blink. The artificial light didn’t fool you, Don Ramon. The neighbors’ kids were silent. The darkness from outside penetrated.

“Take his left hand,” Tia Rosa said. “It’s the one that works.”

You did not let go of whatever was in its clutches. You grabbed onto us for dear life, your life, one that was slipping out from under you and through us. We pulled our hands away. Your eyes began to weep single drops. But your hand gripped. You wanted life. We could not give you ours.

“Scream if he stops breathing,” Tia Rosa said. “I’m tired and I need to rest. I’m the only person here who is with him night and day, every day. I have to take care of everything. Tia Berta does not even call. She doesn’t send a dime.”

Your breathing made a funny sound. In and out. In and out. Our mouths feed us, quench our thirst and allow us to speak our minds. Your mouth, Don Ramon, was denied of all three functions. But it gave you air. In and out, in and out. We continued to talk and to laugh because we heard your breathing.

*****
Forgive us if we stared sometimes. Forgive us if we asked you questions you could

not answer. Forgive us if we talked about ourselves in loud voices and about you in tiny ones. Between tears and laughter, we turned to you.

“Remember how Don Ramon always walked with his eyes down, looking for discarded keys and other metallic objects?”

“Remember that lamp that Don Ramon built out of the broken antenna? Ha! It’s telescopic.”

“That was Don Ramon. Our Grandfather. My Father.” Look up now, Don Ramon. Look up now.


De cuando nos lavábamos los dientes con pasta radioactiva y tomábamos Coca-Cola con cocaína

El título puede sonar bizarro, pero a través de la historia la humanidad ha utilizado las sustancias más insólitas y peligrosas como parte de sus artículos de uso común. Este relato recopila algunos de los casos más horripilantes de productos peligrosos que han sido consumidos a través de todos los tiempos, algunas veces por ignorancia, otras por conveniencia o en beneficio de oscuros intereses.

Cuando era adolescente hubo una lectura que capturó mi atención entre los artículos que pululaban en la colección de revistas Selecciones de mi abuela. Como su nombre lo indica, esta revista “seleccionaba” las mejores publicaciones de la prensa y publicaba un compendio de interesantes artículos. La “crème de la crème”. No recuerdo el título exacto que leí, pero era algo como “Fue el envenenamiento con plomo la causa de la caída del Imperio Romano?”. El artículo sostenía que la locura de Nerón o Calígula, así como la de muchos miembros del ejército romano, se debía en parte a intoxicación con plomo, pues los romanos usaban plomo en sus aleaciones para fabricar ollas, vasijas e incluso tuberías para transportar agua, de allí viene la palabra “plomero”.

Cómo puede una sustancia, equivocadamente inofensiva, cambiar el rumbo de la historia?… El asunto me dejó pensando por un buen tiempo. Me dije: la humanidad pagó el precio de la ignorancia… Pero pronto descubrí que uno de los aditivos más populares de la gasolina de mis tiempos adolescentes era precisamente el plomo!. Llenamos la atmósfera de nuestro planeta con tal cantidad de plomo que tomará millones de años en volver a limpiarla. Aun no entiendo en qué parte se nos olvidó la historia de los romanos y cómo todos pudimos hacernos de la “vista gorda”. Aunque el plomo en la gasolina ya está prohibido en la mayoría del planeta, ya es muy tarde, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos respirarán aire envenenado.

Lo interesante de todo esto es que la historia se repite una y otra vez. El ser humano ha jugado con cosas que no conoce bien a través de todas las eras y así pasó también con otras sustancias realmente increíbles.

Elementos Radiactivos

Parece inverosímil que hayamos podido consumir esto, pero recordemos que la radioactividad es un descubrimiento relativamente nuevo (de poco más de un siglo) y al principio se desconocían sus efectos sobre la salud. Muchos de los primeros científicos que estudiaron elementos radioactivos murieron producto de su manipulación. A pesar de esto, no dejaba de ser algo muy novedoso y visto por muchos como una bendición, llamado a solucionar varios problemas de la humanidad, entre ellos el de la generación de energía. Este revolucionario descubrimiento no tardó mucho en convertirse en productos como pasta de dientes radioactiva, agua radiactiva milagrosa, juguetes para niños, entre otros.

En las décadas de los años 1930s y 40s la cantidad de productos que contenían sustancias radioactivas había crecido llegando hasta límites ridículos. Cualquier cosa que incluyera un elemento radioactivo era lo último en la moda. Se fabricaron desde relojes que brillaban en la oscuridad, lápices labiales, cigarrillos, hasta supositorios y condones radioactivos.

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En la actualidad todavía se comercializan productos de uso masivo con compuestos radioactivos, como es el caso de ciertos detectores de humo o las mantas de Torio de las lámparas de camping a combustible. Sin embargo, se ha mencionado que la cantidad de compuesto radioactivo es tan pequeña, que su efecto no es nocivo para el ser humano.  Usted lo cree?

Pues a pesar de ser “aparentemente” poca la cantidad elemento radioactivo en algunos detectores de humo, existe un caso ocurrido en USA en los años 90s, donde un individuo llamado David Hahn compró tantos detectores de humo con el fin de acumular sus componentes radioactivos que terminó fabricando un acelerador de partículas que posteriormente fue detectado y confiscado por la policía. David Hahn fue apodado por este incidente como “El hombre radiactivo”.

Asbestos

Los asbestos (o amianto como se le denomina en algunos países) y sus derivados, fueron el omnipresente “aliado” de la humanidad durante mucho tiempo. Los encontramos en todo tipo de productos, principalmente de construcción y lo más grave es que esta sustancia aún habita entre nosotros.

El problema con estos minerales es que son cancerígenos. Sus efectos nocivos sobre la salud son conocidos desde hace muchísimo tiempo. Ya en el siglo I, un científico y naturalista del imperio romano, llamado Plinio el Viejo escribía sobre los efectos perjudiciales sobre los pulmones producidos por el uso de ropa con asbesto por los esclavos romanos. Así que, de nuevo, no podemos culpar solamente a la ignorancia.

En determinado momento era tan natural convivir con productos de asbesto que se comercializaba ropa de asbesto e incluso se jugaba con él. Este es el caso de la popular nieve de asbesto, que incluso se utilizó como sustituto de la nieve natural en varias películas de Hollywood. La icónica película de fines de los años 30s, el Mago de Oz, fue filmada usando este material. Aquí un vínculo a la escena de nieve de la película https://youtu.be/RG2keYgBiZc?t=166

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El NCI (Instituto Nacional del Cáncer) una entidad gubernamental de los Estados Unidos de América ha puesto información disponible sobre el asbesto y sus riesgos en su sitio Web: NCI: Información sobre el Asbesto. La principal preocupación se centra en el cáncer de pulmón.

En gran parte de latinoamérica aun se comercializa un material para cubiertas bajo la marca Eternit, con una composición de aproximadamente del 10% de asbestos. La erosión de estos paneles libera lentamente partículas de asbesto nocivas en los hogares. En algunos países son altamente populares.

Un caso reciente y extremadamente alarmante es el del talco de bebé de Johnson & Johnson el cual hasta la fecha acumula más de 11 mil demandas de personas que dicen ser víctimas de cáncer producto del uso del talco.

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Cocaína, Heroína, Morfina, Cannabis, etc

Como sucede con otras sustancias, los efectos de estas drogas estimulantes no fueron bien conocidos en sus inicios. Algunos les inventaron usos como anestésicos y como reemplazo de otras drogas. A fines del siglo XIX una serie de productos salieron al mercado con contenido de Cocaína. Aunque usted no lo crea, a inicios del siglo XX incluso Coca-Cola usaba un extracto de hojas de coca en su producto, de allí su nombre. Muchos especulan que tenía casi 9 miligramos de cocaína por cada vaso. Les dejo con una reciente noticia de la cadena Fox News acerca del tema. http://www.foxnews.com/food-drink/2018/05/14/10-secrets-coca-cola.html

Es muy interesante conocer también, que John Pemberton, el creador de esta popular producto lo hizo con el interés de desarrollar una bebida que le sirviera como sustituto para dejar su adicción a la Morfina, tan de mala suerte que terminó adicto a su propia creación. En 1903 se dejó de utilizar cocaína en la bebida, pero en la actualidad todavía se utiliza una sustancia derivada de las hojas de coca, no alcaloide, en el popular producto. Coca-Cola, a través de sus subsidiarias es la única empresa en los Estados Unidos con permiso para importar coca de otros países.

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Pero la cocaína no fue la única droga, la Heroína, la Morfina y el Cannabis, también fueron comercializadas en su momento en infinidad de productos “medicinales”. Hasta la conocida farmacéutica BAYER llegó a comercializar heroína en forma de jarabe para la tos. La cocaína y la morfina en cambio fueron recetadas para el dolor de dientes de los niños. A mediados del siglo XIX, un jarabe a base de morfina llamado Mrs. Winslow Shooting Syrup, fue popular remedio para los bebés que padecían dolor de encías, tras la aparición de sus primeros dientes.

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En un antiguo anuncio publicado en 1874 por Diario Los Andes, de Guayaquil, Ecuador, se puede leer que publicita el uso de cigarrillos de cannabis para curar varias enfermedades como el asma, la tisis y hasta el insomnio.

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Plomo

Ya hablamos del Plomo en la introducción del presente artículo, así que me centraré en enumerar algunos de los usos actuales del Plomo que puedan resultar peligrosos. Sí, aun se utiliza y en grandes cantidades, pues no se considera un gran peligro ya que en dosis bajas no representa un potencial peligro para la salud; pero lo que no se menciona frecuentemente es que el Plomo, una vez en nuestro cuerpo NUNCA sale de allí. Así es, este metal pesado se acumula. Podemos haberlo consumido en dosis pequeñas, aparentemente inofensivas, pero si nos encontramos expuestos de manera constante, tarde o temprano terminará acumulándose lo suficiente como para envenenarnos. El envenenamiento con Plomo también se conoce como Saturnismo y uno de sus síntomas frecuentes es la demencia. Sí, como la de Nerón o Calígula.

El uso del Plomo en la industria es tan grande y tan diverso que sólo podré mencionar algunos de los usos actuales, sin duda sólo un pequeño porcentaje del gran universo de artículos, pero trataré de enumerar los artículos comunes del día a día como: baterías de auto, contrapesos para neumáticos, pintura para cerámicas, soldadura, municiones.

Muchos países han prohibido el uso del Plomo en ciertos artículos de uso común como la gasolina o las pinturas de pared. También se ha prohibido el ingreso de electrónica soldada con Plomo en algunos países, entre ellos la Unión Europea. Esta última iniciativa es fácil de identificar en productos electrónicos marcados con las siglas RoHS (es decir libres de Plomo).

Lamentablemente tengo que decir al final de este apartado, que sea lo que sea que hagamos para evitar tener contacto con el Plomo, la principal fuente contaminante de Plomo en la actualidad (y por muchos millones de años más) es nuestra atmósfera. Gracias a las petroleras respiramos Plomo todos los días. Un artículo interesante acerca de esto se encuentra en el sitio de la BBC y les comparto lectura: https://www.bbc.com/mundo/noticias-40582316

Insecticidas, herbicidas y antibacterianos

En este apartado más que analizar los usos pasados de estas sustancias, pues han sido innumerables, analizaré la realidad actual y la polémica que existe con algunas de estas sustancias.

Entre los insecticidas más polémicos sin duda hay que nombrar al glifosato. Décadas de lucha tratando de que se prohiba su uso completamente han sido en vano. Muchos no se dan cuenta de las implicaciones de este químico y piensan que si se usa racionalmente en los sembríos, cuando las plantas produzcan y su fruto se lave, los efectos del glifosato se minimizan, pero lamentablemente eso no es verdad. Basta analizar la problemática actual de la miel de abeja en Argentina.

Argentina es uno de los más grandes productores de miel de abeja del mundo, pero también produce mucha soja y el herbicida usado en este cultivo es el glifosato. Sucede que las abejas visitan los campos de soja y llevan inconscientemente el glifosato a sus colmenas. El resultado es miel de abeja contaminada con este veneno. Actualmente la Unión Europea ha prohibido el ingreso de miel de abeja contaminada con glifosato por los riesgos para la salud de sus habitantes.

Otro caso muy sonado es el del Triclosán, que a pesar de continuarse su uso como antibacteriano se ha prohibido su uso en alimentos y cosméticos. En 2017 más de 200 médicos elaboraron un documento llamado la Declaración de Florencia (https://ehp.niehs.nih.gov/doi/10.1289/ehp1788), donde se documentan los graves peligros para la salud. Lo INCREIBLE de todo esto saben qué es? Que probablemente usted todavía se lo esté metiendo a la boca. Pues sí, un producto ha logrado que la FDA y otros organismos todavía autoricen este ingrediente. Saben cómo se llama el producto? COLGATE TOTAL 12.


Las extrañas fiestas para inhalar anestesia de principios del siglo XIX

El óxido nitroso fue uno de los primeros anestésicos eficaces descubiertos, pero no siempre tuvo ese importante uso. Varios años después de su descubrimiento en 1772 por Joseph Priestley, se encontró que tenía un efecto hilarante en quienes lo respiraban. De hecho, esta propiedad fue documentada por primera vez por Sir Humphry Davy, quien lo bautizó como “el gas de la risa”. Otros lo apodarían luego como “el gas del paraíso”.

Para quienes no lo ubican, Davy fue el descubridor de varios elementos como el potasio, el sodio, el bario, el estroncio, el calcio y el magnesio; además de ser el padre de la electrólisis. Sin duda alguna, uno de los grandes químicos de la historia. Davy, se interesó tanto en estudiar los efectos relajantes de este gas, que terminó adicto a él y pasó sus últimos días inhalando dosis de óxido nitroso hasta 3 veces al día. Probablemente murió intoxicado.

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Debido a lo relativamente fácil que era producirlo se tornó popular en espectáculos de circo, para incrementar el júbilo del público en las actuaciones de cómicos  y payasos.

No pasó mucho tiempo para que los más curiosos le atribuyeran propiedades fantásticas. Algunos creían que la mente, bajo los efectos del gas, podía elevarse a un estado de pensamiento donde se podían desenmascarar los secretos del Universo. Han visto la película “Sin Límites”, donde un fulano se vuelve super inteligente luego de tomar una pastillita transparente?… bueno, más o menos esa era la hipótesis en ese entonces. De hecho, algunos científicos se lo creyeron muy bien y esto debe de haber llegado a oídos de la élite social de Londres de aquel entonces, pues pronto se instauraron las llamadas “fiestas del gas de la risa”.

{focus_keyword} Las extrañas fiestas para inhalar anestesia de principios del siglo XIX Doctor and Mrs Syntax with a party of friends experimentin Wellcome L0022227

Las fiestas se volvieron populares y básicamente eran reuniones donde se llenaban vejigas de gas y se inhalaban por la boca, mientras se tapaba la nariz presionando con los dedos de la mano. Los efectos eran casi instantáneos y algo impredecibles. El estado de euforia ocasionaba estruendosas risas, pero no siempre, algunos se descomponían, otros lloraban, algunos peleaban.

También se hacían demostraciones públicas de los efectos del gas, donde los asistentes eran los conejillos de Indias de estos divertidos experimentos. Muchas veces personajes importantes se ofrecían para participar en estas demostraciones, las cuales se llenaban de curiosos. Una interesante ilustración aparece en las primeras páginas de en un viejo libro titulado Química Sin Misterios, publicado en 1839. La ilustración muestra una de estas presentaciones, donde se distribuyen vejigas llenas de gas entre el público.

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El diario londinense “Morning Post” en 1819 relata una experiencia durante una exhibición realizada en Soho Square, donde un joven del público se ofreció a inhalar el gas de la risa.

“Se reía como hiena, aullaba como lobo, puso sus manos cómo la garra de un águila y brincó hacia adelante como un tigre. Al final, se arrastró por el piso como una araña y terminó buscando sus piernas, sin poderlas encontrar”

Personajes importantes de ciencia como Michael Faraday (en su momento ayudante de Davy) o James Watt, probaron el dichoso gas. Décadas después, el propio Winston Churchill admitiría su uso y sus alucinaciones.

Fue recién en 1844 que se propuso su uso serio como anestésico y así se ha usado incluso hasta nuestros días. A pesar de que Davy había propuesto en 1800 su uso en cirugía, fue un dentista norteamericano, llamado Horacio Wells, quien impulsó su adopción como anestésico, cuando se dio cuenta de manera fortuita que una persona bajo los efectos del gas de la risa, se había vuelvo insensible al dolor.

Recientemente se ha observado una escalada de uso del óxido nitroso como droga recreativa, principalmente en Europa. Básicamente porque en muchos países se vende libremente. Sin embargo, como ya aprendimos hace siglos, su uso no es seguro. Las fiestas del gas de la risa podrían volver, pero esta vez ya sabemos que no revelará los secretos del Universo y los potenciales riesgos de adicción.


El Conde de Montecristo

Por: Raúl Guerrero

El primer libro que leí de tapa a tapa fue un resumen ilustrado de El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas. Lo gané en un concurso de composición a los siete años. Supongo que lo leí con tal gusto porque después de ganar el concurso me negaron el premio.

Vivíamos en Huigra, un pueblo diminuto y encantador. La compañía Guayaquil & Quito Railway, constructora del ferrocarril del Ecuador, dirigida por el ingeniero Archer Harman, decidió establecer en Huigra la gerencia de la empresa ferroviaria que finalmente en 1908 culminó la monumental empresa de unir la costa y la sierra andina. Medio siglo antes habían abandonado los franceses la obra aludiendo que más fácil sería hacer volar a un burro que doblegar la barrera de los Andes.

Dos calles cruzaban Huigra: la Calle del Tren, paralela al Río Chanchán, y al otro lado del río se abría la otra calle, llamada, naturalmente, El Otro Lado. Huigra es un valle con medio kilómetro de ancho por dos de largo. En Huigra empieza un callejón ascendente hacia la imperiosa muralla rocosa de los Andes donde un pico enorme en forma de nariz se levanta como centinela infernal. Los constructores pronto tildaron al pico rocoso Nariz del Diablo.

Había tres escuelas, dos fiscales, la escuela de barones y la de niñas, y el colegio mixto del Padre Paredes. El concurso de composición lo organizó el Padre Paredes con motivo de la semana del Escolar Ecuatoriano.

A cuarenta años de distancia, y con nostalgia, recuerdo Huigra como el escenario de una película del Oeste con comedores, tiendas, cantinas, la iglesia en lo alto de la colina, un hotel administrado por la viuda del propietario inglés que le dio el nombre, Hotel Morley, y al norte, a un cuarto de kilometro, la ciudadela ferroviaria con una enorme casona donde funcionaba la gerencia.

Mi padre era Secretario Divisional del ferrocarril. Uno de los privilegios del cargo era residir en la vieja casona color verde perico y amarillo canario. No era privilegio cualquiera. Era vivir en una cápsula fuera de la geografía del Ecuador, mucho más cerca a la zona del Canal de Panamá, a su vez levantada en imagen y semejanza del Sur de los Estados Unidos. Teníamos teléfono, por ejemplo, en una época que la mayoría de los ecuatorianos no había visto un teléfono ni anticipaba usarlo jamás. Teníamos hospital privado, carpintería, herrería, bodegas llenas de dinamita, un gallinero bien surtido, árboles de aguacate y chirimoya, un jardín lleno de nardos, y muchachas y muchachos de servicio, y el guardián o wachimán.

El río, a la altura de la gerencia, tenía un recodo de agua dormida donde nadábamos o pasábamos la tarde sentados en las enromes rocas que con precisión fotográfica describió García Marques como huevos de aves prehistóricas. No había carretera a Huigra, pero nosotros teníamos estacionado a un costado de la casona un carro de mano, un automóvil de riel conchuevino.

Durante las primeras décadas del siglo veinte, la ciudadela ferroviaria fue una pequeña colonia americana. Entonces se transfirió la administración de la empresa al estado. La elección de Huigra para sede del ferrocarril obedeció a tres razones, según puño y letra de Archer Hartman: (1) Se encontraba justo a mitad de camino entre Guayaquil y Riobamba, el tramo comercial principal. En efecto dos trenes de pasajeros salían a las seis de la mañana de Riobamba y de Guayaquil y coincidían en Huigra para el almuerzo. Arroz con huevo frito y algún guisado de carne era el plato típico, acompañado de una gaseosa helada. Los vendedores pregonaban a pulmón suelto. Los pasajeros de primera comían en bajilla de hierro enlozado con cubiertos, los de segunda y tercera en hojas de col y con la mano. (2) Huigra era una eterna primavera. (3) Archer Hartman quería estar lo más lejos posible de la politiquería capitalina que a punto estuvo de truncar la empresa.

La primavera eterna incidió en que el padre Paredes, un cura independiente, instalara un internado a donde iban a parar los muchachos de la clase media alta de Guayaquil que habían sido expulsados de colegios prestigiosos. Debió tener un nombre oficial el colegio, pero se lo conocía como el Colegio del Padre Paredes.

Huigra también atraía personajes famosos de Guayaquil durante el invierno. En Guayaquil, el puerto principal y centro financiero del país, y en esa época la capital mundial del banano, el calor y los zancudos se confabulan para martirizar a la población. Entre diciembre y abril las familias pudientes escapaban. No pocas familias invernaban en Huigra.

Aprovechó el Padre Paredes que un destacado intelectual Guayaquileño vacacionaba en Huigra para convocar el concurso de composición y comprometerlo a ser juez. Como era la semana del Escolar Ecuatoriano, el concurso fue para estudiantes de cuarto, quinto y sexto grado. La idea del padre Paredes era incentivar a los estudiantes de su colegio a la escritura. El intelectual puso una condición antes de aceptar ser el juez: que también se invitara a participar a los estudiantes de la escuela fiscal.

Yo cursaba el tercer grado en la escuela fiscal. Escribí una composición sobre los curas y los gallinazos basado en mi observación de niño y las enseñanzas de un profesor comunista. Había dos curas en Huigra, el párroco, el cura oficial, y el padre Paredes, el cura independiente. Los dos andaban con sotana negra y a veces con ese peculiar sombrero de ala ancha y copa pequeña. Y había gallinazos en abundancia. Gallinazos negros con el pescuezo pelado y un copete que se parecía al copete de los curas. Eran los años sesenta y todos los hombres usaban copete. Mi profesor era comunista. Había sido estudiante de la Universidad Central de Quito, una universidad sumamente politizada. La familia lo había mandado de Riobamba a estudiar leyes, pero al cabo de dos años se acabó la plata y al futuro abogado no le quedó más que conseguir trabajo en el magisterio. Llegó a Huigra con ínfulas comunistas y su copete, porque también los comunistas usaban copete.

En la escuela fiscal un profesor enseñaba todas las asignaturas del grado, y nuestro profesor algunos días sólo hablaba de los grandes pecados de la iglesia. A él le escuché hacer la analogía entre gallinazos y curas, ambos aves de rapiña decía. En realidad, ahora sé que estuvo equivocado, los gallinazos son aves de carroña más que de rapiña. Por una semana me dediqué a observar las similitudes entre los gallinazos y los dos curas de Huigra. Plasmé mis observaciones en una composición que el intelectual Guayaquileño seleccionó ganadora. Entre otras cosas, dijo al explicar su decisión, mi composición era la más corta.

Surgió una controversia. El concurso se convocó para estudiantes de cuarto, quinto y sexto grados. Los estudiantes perdedores esgrimieron en su defensa la ilegitimidad de mi participación pues yo estaba en tercer grado. Los profesores del quinto y sexto grado del colegio del padre Paredes me descalificaron y otorgaron el premio a uno de sus estudiantes sobresalientes. La composición ganadora era una elegía a la disciplina en rima que si mal no recuerdo comenzaba con las siguientes líneas: La disciplina es una mina cuya riqueza al niño empina. Mientras la mía comenzaba así: El cura y el gallinazo, pálidos seres ojerosos, de negro van y vienen en busca de alguna rata muerta o limosna.

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El intelectual tomaba cerveza todas las noches en un salón que tenía una potente rocola. Comenzaba a beber con Bésame Mucho de Lucho Gatica. Es lo que decían en casa cuando a eso de las siete los acordes del bolero volaban por el pueblo: Ay, ya habrá comenzado el intelectual a beber solo. En casa yo crecía rodeado de mujeres: la abuelita, mamá, la tía Raquel, tres hermanas, casi siempre una o dos primas y alguna comadre de paso, las vecinas y las muchachas. Qué hombre tan raro, decían las mujeres de la casa, como si le costaran las palabras, hay que sacárselas con tirabuzón. La abuelita, que ya no oía nada pero habiendo aprendido a leer los labios metía su cuchara en todas las conversaciones, razonó que a lo mejor el intelectual era medio mudo, y advirtió que se anduvieran con cuidado pues había dos tipos de mudo, el mudo que por voluntad de Dios no hablaba, y el que se hacía el mudo, el mudo sabido.

Me puse un gorro y baje al pueblo a ver al intelectual. En efecto, estaba en una mesa tomando cerveza sólo. Vestía camisa blanca y pantalones oscuros, y a través de gruesos lentes, los que se llamaban de culo de botella, tenía extraviada la vista en el horizonte oscuro. Como yo era niño pensaba que a lo mejor los intelectuales podían ver a través de la oscuridad. Le escuché a mi profesor decir: Hay hombres que miran a través de las sombras, hombres que por sabios se los cree locos. Las mujeres de la casa así pensaban del intelectual. Ese hombre bebe solo, decían, sin entender como prefería el silencio a su locuaz compañía.

Buenas noches, lo saludé.

   – Cuidado, me advirtió el propietario del salón, a un intelectual no hay que molestarle cuando piensa.

No era mi intención molestarle sino denunciar una injusticia. Me presenté. Le expliqué que me había negado el premio por estar en el tercer grado. El intelectual soltó una enorme carcajada. Recuerdo claramente su voz gruesa: Te han negado el premio por ser demasiado joven. No dijo más. Yo interpreté su silencio como una manera de despedirme. Regresé a casa derrotado.

La entrega del premio fue el domingo después de la misa que el padre Paredes pronunciaba ataviado elegantemente. Me parece que el padre Paredes en ciertas ocasiones vestía de cardenal (no sé si inventé este recuerdo.) Lo cierto es que después de cada misa el padre Paredes manifestaba su afecto a las feligreses con efusivos abrazos. Me cuenta mi madre que disimuladamente manoseaba a las señoritas y a las madres jóvenes con sus manos escurridizas. El cura era un Tenorio pero nunca abusó a menores. Su mujer oficial, se rumoraba, era la señorita rectora del colegio.

Inmediatamente después de la Bendición, el padre Paredes pidió a los feligreses que permanecieran sentados. Y prosiguió así: Y ahora nos es grato presentarles al distinguido intelectual que nos honra con su presencia para entregar el premio a la mejor composición en esta la semana del Escolar Ecuatoriano. El premio lo levantó para que todos lo vieran. Se trata nada menos y nada más que de una preciosa novela ilustrada del gran escritor francés Alejandro Dumas para inspirar en la muchachada el amor por las letras y el buen hábito de la lectura. El Padre Paredes también elogió la labor del profesor de sexto grado. Qué no hay alumno sin su profesor, dijo.

El intelectual no había asistido a la misa. Entró a la capilla justo ese momento y se dirigió al altar. Yo asistía con indignación la ceremonia. Más indignación me provocaba el intelectual que los mismos profesores de quinto y sexto que me descalificaron. Cada cual cuidaba su gallinero, decía la abuelita. ¿Pero él, no debió él haberme defendido?

El intelectual tomó la palabra. Dijo que sentía vergüenza ajena (desde entonces llevo esa expresión como un florero en un rincón de mi cerebro.) ¿Descalificar a un niño por ser menor a los otros concursantes? Era un síntoma de la enfermedad, dijo, que cada día hundía más al país en la mierda.

Un suspiro ahogado recorrió la capilla. Jamás nadie había dicho mierda desde el pulpito.

El intelectual pidió que se pusiera de píe el autor de la composición Los curas y los gallinazos. Me puse de píe. No será El Conde de Montecristo, dijo al verme, pero es mi último libro de cuentos y te lo regalo.

El Padre Paredes se interpuso. Dijo que nunca era tarde para reparar un daño, y con puñales en los ojos le quitó la novela ilustrada de Dumas al profesor de sexto grado y me la entregó después de un fuerte apretón de manos, añadiendo: Al Cesar lo que es del Cesar y al Escolar Ecuatoriano lo que es del Escolar Ecuatoriano.

Yo tenía siete años. Mucho después, ya cuando emigré a Estados Unidos, le encontré al padre Paredes caminando de la mano con la señorita rectora en Nueva York. Solté un grito de emoción: ¡Padre Paredes! Tremenda fue su sorpresa. Estaba en viaje de compras, dijo, y al caer en cuenta que aun tenía en su mano la mano de la señorita rectora se sonrojó. Una precaución, dijo, no fuera a ser que se perdieran en un país extranjero.


La historia del camino a Cuenca y los hombres que cargaron una planta hidroeléctrica y un auto a través de la selva.

Cuenca es una pintoresca ciudad ecuatoriana, muy interesante de visitar. Se encuentra clavada en medio de los Andes y fue inspiración de reconocidos escritores. Pero no siempre se pudo visitar como ahora; por su ubicación, en medio de las montañas, durante mucho tiempo estuvo aislada de las demás regiones del país, pues no habían caminos que condujeran a sus encantos.

Son increíbles las proezas de las que fueron testigos los primeros caminos del Ecuador. Alguna vez escuché el relato de cómo llegó un enorme piano de cola a la sierra, atravesando la cordillera de Los Andes. Había sido traído de Europa y desembarcado en el puerto de Guayaquil. Al principio se transportó en vapor, aguas arriba, a través del río Babahoyo y luego, básicamente a lomo de indio. La travesía duró semanas.

Cuenca fue cuna de muchas de estas historias. En la época en la que se construyó el Ferrocarril Trasandino, que une la costa con la sierra del Ecuador, la G&Q, compañía a cargo de completar la obra, se encargó de fundar un pueblo llamado Huigra, en un hermoso cañón esculpido por el río Chanchán. El ferrocarril no pasaba por Cuenca, para variar, la Carretera Nacional tampoco; pero Huigra quedaba relativamente cerca, así que la G&Q abrió un camino de algo más de 2 metros de ancho a petición del Gobierno Nacional. No se engañen tampoco, el viaje a caballo podía tomar días, pero comparado con nada, el lodoso camino se convirtió en una importante vía de comunicación.

Este camino se llamaba Camino al Tambo, pues ese era el nombre de la pequeña población a la que se llegaba. Del Tambo a Cuenca había un camino pre-existente.

Dicho caminito maltrecho y peligroso sirvió de vía de intercambio comercial (y ruta de viajeros) entre Cuenca y la Costa ecuatoriana. Su importancia fue tal, a pesar de lo difícil de la travesía, que en el pequeño poblado de Huigra se instalaron decenas de agencias de consignación de mercadería, que recibían sus encomiendas de Guayaquil a través del ferrocarril y de allí las embarcaban en mulas u otros animales rumbo a Cuenca. Tantas agencias hubo, que formaron un barrio entero al inicio del polvoriento camino, hoy llamado “Barrio Azuay”. Azuay es la provincia donde se encuentra Cuenca.

Las peligrosas travesías eran encomendadas a una tribu descendiente de los incas, con reputación de ser los más diestros para sortear los peligros de las montañas. Los llamaban indios guanderos, pues llevaban en sus espaldas una especie de pequeña cama de madera que llamaban “guando”. Allí ponían las encomiendas.

Pero la misión más importante jamás encomendada a los guanderos fue digna de una película. Cuenca quería solucionar sus problemas de electricidad con una planta hidroeléctrica y el único modo de transportarla era por el Camino al Tambo. Se cuenta que 3 mil indios guanderos fueron reclutados para este fin, en una de las empresas más asombrosas jamás vistas en esos altos de montaña. Se utilizó todo recurso disponible, las haciendas aledañas pusieron a disposición todo su ganado, para usar la fuerza de sus toros para arrastrar la pesada maquinaria.

Muchos indios murieron en las montañas: unos de cansancio, otros cayeron de las paredes rocosas o aplastados por el enorme peso de las turbinas y algunos perecieron de enfermedades contraídas en la aventura; pero asombrosamente lograron llegar un día de Julio de 1914 y fue así que Cuenca tuvo su anhelada “luz eléctrica”.

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Algunas partes de la planta hidroeléctrica llegando a Cuenca.

Pasarían décadas más para que finalmente el ferrocarril llegara a Cuenca y en 1965 los cuencanos vieron por primera vez acercarse a sus tierras una imponente y agitada locomotora de vapor. Pero como nadie está satisfecho sólo con lo que tiene, pronto pasó que los cuencanos quisieron también carretera. Lo extremadamente curioso es que en Cuenca ya existían autos desde 1912, muchísimo antes de que llegara la línea férrea o la carretera. Seguro el lector ya se está imaginando cómo llegaron estos vehículos hasta allí?

De algún modo estas hazañas multitudinarias deben haber inspirado a los cuencanos a cargar más cosas sobre sus hombros, pues para presionar al Gobierno a construir una carretera “decente” resolvieron seguir cargando cosas inverosímiles, a puro músculo. Y así fue que una mañana de octubre de 1969, decidieron cargar un auto.

Las calles se llenaron de júbilo, el delirio se apoderó del populacho. Un grupo de temerarios miembros del Club Deportivo de Choferes de Cuenca, alentados por la verborragia de un cura vecino, se ofrecieron a cargar un jeep hasta la Costa, para demostrar que el camino –que el Gobierno había puesto reparos en construir– era totalmente factible de hacer. Claro, si alguien podía transportar un vehículo en peso, atravesando las selvas andinas, seguro el trayecto no era tan imposible como se decía.

La idea era buena al principio, pero no tenían jeep, así que la fabrica de llantas GENERAL solucionó el percance de inmediato. Se programó la partida para la mañana del 19 de Octubre de 1969. Aquella mañana un emotivo desfile fue tomando forma de manera espontánea y el pueblo de Cuenca despidió a sus héroes. Juan Samaniego se puso al volante y el resto de valerosos subieron al Jeep o simplemente caminaron escoltando a la nave. La multitud los acompañó varios kilómetros hasta las afueras de la ciudad.

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Improvisado y emotivo desfile de despedida de los héroes

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Amores de ultratumba

Por: Santiago Duque Arias

Hacia 1930 corrió por todo el país la noticia que el mar estaba echando doblones de oro en las playas de Mar Bravo cercanas a Salinas, donde hoy se levanta la Base Naval.

Entonces el sitio era desierto y venteado, una brisa marina envolvía el ambiente y los pescadores evitaban sus playas por considerarlas de grave peligrosidad. Los buques que hacían cabotaje desde Guayaquil pasaban lo más lejos posible para no encallar en sus traicioneras rocas y las pocas familias Guayaquileñas que invernaban por los contornos se cuidaban mucho de frecuentar la región; pero con la novedad de las monedas, en un dos por tres la región cobró vida y hasta se levantaban carpas para dormir y ser los primeros en bajar a las playas a hurgar las famosas monedas coloniales.

Pepe Viteri fue uno de los más entusiastas pues había visto algunos doblones en poder de don Primo Díaz en la fábrica de hielo “La Polar”, única que existía en la península y también quería tener en sus manos las tan ansiadas piezas de metal, que según anunciaban los periódicos provenían de un gran tesoro que transportaba la fragata “Leocadia”, cuando por los vientos y las olas encrespadas había naufragado cerca de las costas de Mar Bravo.

Así pues, también llevó su carpa y se estuvo con otros aventureros varios días, buscando y buscando, hasta que halló tres monedas de la época de Carlos IV, Rex Hispanorum, iguales a las que había palpado en Salinas. Feliz con su hallazgo emprendió el regreso, pero en mitad del camino fue asaltado y murió de una certera puñalada. Nunca se encontraron sus monedas que se perdieron con los asesinos. Sus amigos de aventura llevaron pocas horas después el cadáver a la estación del ferrocarril y la familia concurrió a recibirlo en la actual ciudadela Ferroviaria, donde su novia Carmela lo abrazó, como solía hacerlo siempre que se despedían.

Un año después Carmela se animó a conocer el sitio donde había muerto Pepe y pidió a sus padres que la llevaran a Salinas, pues quería depositar unas flores en Mar Bravo. Al principio trataron de explicarle que mejor era olvidar el asunto pero viendo la insistencia de su parte terminaron por acceder a sus deseos. Bien es cierto que se trataba de una chica resuelta, que cuando se le ponía algo en la cabeza no desmayaba hasta hacerlo.

Llegados a Salinas se alojaron en el Hotel Tívoli y al día siguiente empezó la marcha a Mar Bravo. Carmela portaba un ramo de rosas de la Sierra que había adquirido en Guayaquil y casi desde el comienzo fue arrojándolas de una en una, a la vera del caminito que la llevaba a cumplir su destino; claro está que esto último nadie lo sabía.

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Cuando llegaron a las rocas, se detuvo y quiso que le indiquen el sitio exacto donde su amado Pepe había buscado las monedas y entonces, sin que nadie pudiera sujetarla, se lanzó al vacío y se estrelló al caer, muriendo de contado.

Desde ese día dicen los cholos playeros dicen que no es bueno pasear por la zona, sobre todo si se lo hace en compañía del ser amado, porque unos brazos mortales jalan con fuerza hacia el mar; y que no han sido pocos los novios que se han estrellado y muerto, pues el club que iniciaran Pepe y Carmela aumentará mucho más hasta la consumación a los siglos, en amorosa unión de las almas de un asesinado y una suicida.

Otros pescadores relatan que de tarde en tarde se ve algo así como dos sombras que más que caminar se deslizan unidas por las playas y luego se internan en el mar plomizo y bravo, desapareciendo por momentos para reaparecer después; que estas visiones acarrean mala suerte y que quien las ve debe persignarse y huir.


El monte Everest NO es la montaña más alta del mundo. Pero, por qué se la mide así?

Antes de comenzar hay que aclarar que el monte Everest es la montaña más alta del mundo siempre y cuando se mida desde el nivel del mar, que ha sido la costumbre. Este artículo pretende ilustrar acerca del por qué se adoptó esta práctica y contar un poco la historia detrás de estas mediciones y sus intereses.

Medir las montañas desde el nivel del mar estaba bien hace unos siglos. Después de todo, era algo relativamente fácil de hacer, porque los científicos podían medir la presión atmosférica en un lugar determinado, con un barómetro, y calcular la altura de dicho lugar en relación con el nivel del mar, con una formulita. La mayoría de altímetros, inclusive hoy en día, funcionan así. Hay una serie de variables adicionales que pueden influir en el cálculo, como las variaciones de presión, de temperatura, la latitud, etc, pero para fines prácticos el resultado era aceptable. Por esa razón las altitudes de los lugares se comenzaron a medir de ese modo.

Pero había un problema, para medir la altitud de una montaña con este método había que llevar un barómetro hasta su cima. En la actualidad los montañistas suelen llevar uno en su bolsillo, pero imagínense hace aproximadamente doscientos años cuando se comenzaron a medir las montañas más altas y los equipos de medición eran armatostes precarios, frágiles, voluminosos y pesados, algunos del tamaño de un mueble. En ocasiones los científicos tenían que cargar sus equipos con la ayuda de mulas, caballos y hasta personas. Largas caravanas de ayudantes acompañaban a las misiones científicas de antaño. Debido a estas dificultades, para medir la altura de las montañas más altas, no se llegaba hasta su cima, sino que se llegaba hasta cierto punto desde donde se divisaba la cima de la montaña, se medía su altura barométrica, y a partir de allí, con métodos topográficos, usando algo de óptica y calculando ángulos, se determinaba la altura restante.

Los métodos antes descritos se han usado desde hace mucho hasta la actualidad y se usaron también en 1802, cuando Reino Unido inició su proyecto de medición topográfica en sus colonias de las indias orientales, donde se encontraba el Everest.

Resulta que en esos días ni siquiera el Everest se llamaba así. Los habitantes locales lo llamaban Chomolungma (en realidad este viene a ser el nombre oxidentalizado) y a pesar de su fama actual, en aquel entonces era un pico más; tanto así que los expedicionarios británicos a cargo del proyecto topográfico de las Indias (Great Trigonometrical Survey) lo habían catalogado como la Cima 15. Sin más pena ni gloria que la de un número, ni siquiera el número uno, sino un número más.

(Continuará)…

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