Fue Alexander Graham Bell el verdadero inventor del teléfono?

En la actualidad todos asumimos como una verdad indiscutible que Alexander Graham Bell sea el inventor del teléfono, pero a mediados del siglo XIX, cuando aún no existía este artefacto, hubo un inusitado movimiento en torno a este posible invento que muchos ya avisoraban como el “telégrafo parlante”. Esto ocasionó que varios entusiastas trabajen en simultáneo sobre la misma idea, lo que finalmente se convirtió en una carrera maratónica para ver quién llegaba primero a la oficina de patentes. 

Lo que leerán a continuación está basado en el primer capítulo de un libro que publiqué hace algunos años y que he creído propicio compartir. En él notarán el trepidante desarrollo de acontecimientos que terminó en lo que hoy llamamos teléfono y también una de las más grandes polémicas en cuanto a patentes de todos los tiempos, tan importante que el Congreso de los Estados Unidos de América se pronunció al respecto más de un siglo después.

Transcurría el año de 1849 en la Habana, en ese entonces todavía colonia española. Antonio Meucci, químico y médico italiano, se había mudado allí con su esposa en busca de trabajo en uno de los teatros más importantes del continente, el Teatro Tacón. Le habían encomendado la misión de construir un sistema de purificación de agua para el teatro.

Trabajaba en sus diseños en una oficina que había adecuado en la planta baja de su propia casa y de cuando en cuando subía a su dormitorio a constatar el estado de salud de su esposa, quien sufría de dolores a causa del reumatismo. Supongo que como todo inventor, vio en esa incomodidad una oportunidad de solucionar un problema y tuvo la idea de construir un dispositivo para poderse comunicar con su esposa sin tener que subir al dormitorio. Instaló un cablerío desde su oficina hasta su cuarto y después de algunos intentos fallidos logró escuchar la voz de su esposa saliendo de un rudimentario diafragma. El invento fue motivo de sorpresa para sus vecinos y la población en general, pero en la Cuba de ese entonces no había una comunidad científica importante que se hiciera eco de su invento y luego de unos años, decidió mudarse a USA. Así fue como en 1854, el mismo Meucci ya con su dispositivo perfeccionado y con varios diagramas dibujados por él mismo, hace una nueva demostración de su invención en la ciudad de Nueva York.

Pero mientras Meucci se las ingeniaba para perfeccionar su teléfono, del otro lado del mundo, en Francia, se tejía una historia no menos interesante. Un modesto trabajador de la compañía telegráfica se encontraba realizando mejoras a la red de telégrafos y se le ocurrió un método para convertir la voz en electricidad. En realidad se puede decir que se trataba de un precursor de lo que hoy conocemos como micrófono. El nombre de este hábil ingeniero francés era Charles Bourseul.

La curiosidad de Bourseul no quedó allí, también se imaginó un sistema telefónico con todos sus componentes e inclusive se preocupó de redactar su idea y enviarla a una conocida revista parisina de la época, llamada L’Illustration. Los directivos de la revista no dudaron en publicar sus escritos. Lo curioso de todo esto es que la publicación se realizó casi en simultáneo con la demostración de Meucci en Nueva York, en 1854.

El único problema de Bourseul es que se preocupó de construir un prototipo funcional de su aparato transmisor de voz, pero nunca llevó a cabo el experimento completo y hasta donde sabemos, nunca terminó de construir la parte faltante: el receptor o parlante. Aparentemente comenzó su construcción, pero luego de unos cuantos intentos fallidos, perdió el interés por terminarlo. Lo único que a ciencia cierta queda como constancia de su aventura es el ejemplar de aquella revista parisina.

Tiene que haber sucedido alguna suerte de alineación de los planetas ese año, pues parece que un ejemplar de aquella revista cayó en las mejores manos posibles. Las del brillante y meticuloso ingeniero alemán Johann Philipp Reis.

Reis trabajaba como profesor de física en ese entonces y la idea lo capturó de inmediato. Decidió continuar con la idea de Brouseul y construir toda una serie de prototipos de la manera más prolija y obsesiva imaginable. Al principio lo hizo de forma rudimentaria, trabajando en un improvisado laboratorio en el patio de su casa y aprovechando materiales comunes de forma astuta y creativa. Usó corcho, una aguja de tejer y hasta la “piel” de una salchicha como membrana de su aparato transmisor. Talló un conjunto de orejas humanas en madera, para entender cómo ésta captaba las ondas sonoras y poder así emular su comportamiento. Realizó varias versiones de todos los componentes para encontrar la mejor alternativa de cada uno. Documentó todo el proceso de manera muy paciente y gracias a ello hoy poseemos toda una serie de hermosas ilustraciones de su trabajo.

Para construir el componente inconcluso de Brouseul tuvo una ingeniosa idea, visitó a su amigo el Profesor Peter, maestro de música y le pidió prestado su violín. Peter no sólo se lo prestó sino que le regaló un violín que no usaba. Hizo que una suerte de electroimán rozara sus cuerdas y después de algunos intentos, logró arrancarle sonidos al instrumento. El violín de por sí tiene una cámara acústica resonante y consiguió amplificar los sonidos de tal forma que se escuchó algo muy parecido a la voz.

Pero esto fue sólo el principio, al poco tiempo reemplazaría el violín por una caja resonante construida por él mismo y luego mejoraría aún más el dispositivo de recepción haciéndolo más compacto. Todo este proceso demoró varios años y es así como en 1860 Reis termina de perfeccionar su aparato telefónico y documenta su logro muy bien. Cabe destacar que fue el mismo Reis quien decide darle el nombre de “teléfono” a su recién nacida criatura, acuñando así el término. Para poner las cosas en perspectiva, en la época que Reis terminó su invento Graham Bell era un niño de 13 años.

Los meses siguientes fueron frustrantes. Reis notificó de su invento a varias revistas y gacetas científicas, obteniendo solo rechazo o respuestas incrédulas que subestimaban la importancia de su invención. En 1862 envió un artículo a la revista alemana Annalen, y su editor, el profesor Poggendorff se negó a publicar el artículo aduciendo que era científicamente imposible crear tal cosa. Fue tan sólo en 1864 cuando Reis decide jugárselas y hacer una demostración en vivo a los más reputados científicos alemanes. La respuesta positiva fue inmediata, incluso el mismo Poggendorff, le ofreció publicar su artículo, para de esta forma reparar la equivocación anterior, pero Reis, ahora hinchado de orgullo se opuso.

Johann Philipp Reis  pasó los siguientes dos años tratando de impresionar al público alemán, pues había calado en la esfera científica pero aun su invento no era conocido por las masas. Lamentablemente el tiempo no le alcanzó y pronto cayó enfermo y tuvo que bajar su ritmo de vida. Sólo pudo continuar con su trabajo de profesor, alternando su tiempo con esporádicas apariciones ante la comunidad científica. Se cuenta que instaló una línea telefónica hasta el salón donde impartía clases y los alumnos trataban de no decir cosas inapropiadas en su ausencia por temor a que los estuvieran escuchando a través del teléfono del profesor Reis. Murió en 1874, poco menos de 10 años después de su demostración a la élite científica germana y tan sólo un año antes de la patente de Graham Bell, luego de lo cual sus logros fueron prácticamente relegados al olvido.

Ahora hagamos un breve paréntesis aquí para hacernos una pregunta. Ustedes piensan que a estas alturas hay suficientes actores involucrados? Pues, qué les diré, hay todavía mucha más “tela por cortar” aunque parezca increíble.

Sucede que en Italia también había interés por el esperado “telégrafo parlante”. Incluso antes de Meucci, un inventor llamado Innocenzo Manzetti se imagina el artefacto ya en 1843 pero no se decide a construirlo sino hasta 1864.

Manzetti se encontraba trabajando en varios inventos al mismo tiempo, así que el teléfono era uno más y probablemente no le dio toda la importancia que debía. De hecho, se encontraba obsesionado con la construcción de una especie de robot autómata que tocaba la flauta. Por muy descabellado que parezca para mediados del siglo XIX, resulta que Manzetti tenía un prototipo más o menos funcional de su humanoide. Tan impresionante era su autómata, que para darnos una idea podía interpretar más de 10 arias de ópera. Seguramente el teléfono le pareció un invento de segundo orden al principio y sólo le dio el interés que merecía cuando se le ocurrió que su autómata no solo podía tocar la flauta sino también hablar! Así es, el teléfono resultó para Manzetti tan sólo un accesorio de su autómata.

Para dicha de los más curiosos el autómata cibernético tocador de flauta se conserva prácticamente intacto hasta nuestros días y es la principal atracción del Museo Manzetti, ubicado en Aosta, el pequeño poblado donde nació Manzetti, al norte de Italia. Les dejo un vínculo por si algún día deciden darse una vuelta http://www.manzetti.eu/il-museo/.

También es importante que nos percatemos de que Manzetti construye su teléfono en 1864, el mismo año en que Reis se encontraba mostrando su invento a la comunidad científica alemana. Más coincidencias.

Como el teléfono era sólo un accesorio de su autómata, Manzetti no lo publicita de inmediato sino hasta un año después, cuando se da cuenta de su aplicación transmitiendo voz sobre los cables de telégrafo. Fue sólo a finales de 1865 cuando una revista francesa llamada Le Petit Journal decide publicar una reseña en su sección CURIOSIDADES DE LA CIENCIA. Para suerte de los lectores más curiosos tengo una copia de este histórico ejemplar y lo pueden descargar de el siguiente vínculo.

Muchos rumoran que varios técnicos de la compañía telegráfica inglesa se interesaron en el invento de Manzetti, fueron a visitarlo a Italia y regresaron a Londres con información privilegiada que posteriormente llegó a los oídos de Bell y así fue que éste último se enteró de los detalles de la “mina de oro” que posteriormente patentó; pero todo queda en el campo de la especulación. Lo que sí parece cierto es que realmente técnicos ingleses fueron a visitarlo, pues existe registro de este episodio en el diario La Feuille d’Aoste en Agosto de 1865.

Los problemas con las patentes

Hasta aquí al menos ya algo es obvio, la invención del teléfono se trabajaba en simultáneo y sin respiro en varios países, de manera independiente. El conocimiento y la tecnología de la época habían apuntado todas sus lanzas en una misma dirección y muchos lo visionaron casi al mismo tiempo, como por arte de magia. La humanidad estaba lista para el invento, clamaba por él, lo necesitaba. La revolución en las comunicaciones humanas estaba por venir de cualquier forma, sólo era cuestión de poco tiempo, tal como sucede con otras invenciones humanas.

Lo cierto es que en este mundo todos podemos tener ideas, todos podemos construir prototipos, pero lamentablemente el rédito económico se lo lleva; no quien tiene la idea primero, tampoco quien la fabrica primero, sino quien la patenta primero. Injusto? No lo se, pero es tema de otro artículo seguramente. El lector, luego de leer esta historia podrá juzgar si algo del mérito tienen estos incansables predecesores que se quemaron las pestañas y prepararon el camino para lo que hoy conocemos como teléfono. En todo caso, el lector también debe saber que aún falta otro actor muy importante en esta historia y no se trata precisamente de Bell, como veremos más adelante.

En realidad, para ser objetivos, el primero en tratar de patentar el invento fue Meucci, de quien hablamos al principio de esta historia, quien en 1871 suscribió un documento de “aviso de patente” pero por su condición económica nunca pudo pagar el dinero para terminar este trámite y su documento expiró pocos años después. 

En 1875, un año después de expirar el trámite de patente de Meucci, Alexander Graham Bell, un escocés radicado en los Estados Unidos, logra patentar el esperado teléfono y es el primero en terminar el trámite de patente.

Lo cierto es que Bell había estado experimentando previamente con algunas ideas para concebir su dispositivo telefónico hasta que un día logró arrancarle a la electricidad algunos sonidos. Cuenta la historia que la primera llamada que hizo fue para decirle a su asistente las célebres frases “Mr. Watson, come here. I want to see you.” (“Sr. Watson, venga. Necesito verlo.”).

Pero aquí no termina la historia. Quizá el personaje que más desató polémica con la invención del teléfono no fue ninguno de quienes hemos hablado hasta aquí, sino Elisha Gray.

Lo que hace que el caso de Elisha Gray sea particularmente importante no es que también haya construido un teléfono como varios más, sino que increíblemente llegó a la oficina de patentes tan sólo unas horas después de Bell. Imagínense, la humanidad pasó miles de años acumulando conocimientos, estudiando la naturaleza del sonido, descubriendo la electricidad, inventando el telégrafo, fraguando todo lo necesario para darle forma y tiempo a un artefacto… y resulta que dos personas coinciden en la MISMA oficina de patentes a patentar la MISMA cosa sólo a horas de diferencia. Realmente asombroso y para algunos: imposible.

Los dos inventores entraron en una conocida disputa legal que finalmente ganó Bell luego de larga batalla. Esta disputa fue tan compleja y larga que constituye de por sí un interesante caso de estudio y a la vez un entretenido relato. Las coincidencias entre ambas solicitudes de patentes son tan asombrosas que han dado pie a las historias conspiratorias más fantásticas. Si alguien está interesado en conocer más detalles, les comparto el vínculo de Wikipedia y les recomiendo preparar un buen café https://en.wikipedia.org/wiki/Elisha_Gray_and_Alexander_Bell_telephone_controversy

Al final del día, gracias a la patente Bell pudo hacer de la idea del teléfono un negocio rentable y tiene el mérito de haber desarrollado la idea y convertirla en algo práctico para la sociedad. Bell se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Se cuenta que en determinado momento Bell trató de vender su patente a Western Union por $100 mil dólares pero el presidente de Western Union se negó pues consideró que el teléfono era nada más que un juguete. Tan solo dos años más tarde el mismo directivo de Western Union le comentó a sus colegas que si pudiera conseguir la patente de Bell por $25 millones de dólares lo consideraría una ganga!

Hasta aquí mi anhelo de dar a conocer la otra parte de los acontecimientos suscitados prácticamente en paralelo a la famosa patente de Bell, el resto de la historia ya la conocemos todos.


Dos experimentos misteriosamente interminables. Uno de ellos sigue funcionando desde el siglo XIX.

Parecerán dos historias de ciencia ficción, pero no lo son. Se trata de dos experimentos que, incluso luego de la muerte de quienes los comenzaron, aún continúan inconclusos hasta nuestros días, funcionando pacientemente después de décadas o hasta siglos de haberse iniciado.

La historia comienza en el año de 1840, cuando el físico Robert Walker, profesor universitario, adquirió un raro aparato: una especie de timbre activado por una inusual batería de alto voltaje llamada Pila de Zamboni. En ese tiempo debe haber sido un dispositivo bastante peculiar, pues la electricidad era aún poco conocida y muchos la consideraban un tema de magia o fuerza divina (o demoniaca). Se dice que lo hizo para demostrar unas hipótesis científicas de aquel entonces, como la teoría de Electrificación Por Contacto (ahora descartada). Pero en realidad poco se sabe con certeza, ni siquiera es seguro que el dispositivo tenga una pila de Zamboni, lo único que se sabe a ciencia cierta es que fue adquirido en 1840 y desde allí no ha dejado de funcionar. Tampoco ha existido quien se atreva a averiguar el misterio de esta batería aparentemente inagotable, pues desbaratar la dichosa maquinita, atrapada dentro de una campana de vidrio, podría destruirla. Están esperando a que la campana se detenga, algún día, para desarmarla, pues temen que cualquier cambio pueda detener la frágil maquinaria compuesta por una especie de largo péndulo de metal que toca delicadamente dos campanas de bronce.

Para tener una idea de la época en que ocurrió esto: muchos países de latinoamérica tenían poquísimo tiempo de vida y otros ni existían, tampoco se había inventado la bombilla incandescente, peor el avión y la “ópera prima” de Darwin: El Origen de las Especies, estaba aún a varios años de distancia de ser publicada.

En todo caso, ha pasado mucho desde entonces. A la fecha son casi 200 años en los cuales esta especie de reloj nunca se ha detenido y ha seguido zumbando levemente como una incansable abejita metálica. Se calcula que son más de 10.000.000.000 (diez billones) de veces las que el timbre ha sonado hasta la fecha y se piensa que aún le queda mucha vida por delante.

La peculiar campana se encuentra en un pasillo junto al laboratorio de Clarendon, en la Universidad de Oxford y ya ha recibido un lugar en el famoso libro de Récords de Guinness como la batería con mayor duración del mundo.

Y, aunque lo anterior parezca una cosa de locos, no se trata del único caso.

En 1927, en Australia, otro entusiasta llamado Thomas Parnell, ansioso por descubrir qué tan viscosa puede ser una sustancia decidió hacer otro de estos experimentos que no llegaría a su fin (o al menos mientras él estuviera vivo). Fue en la Universidad de Queensland y su motivación era demostrar a sus estudiantes que hay sustancias aparentemente sólidas, que pueden ser en realidad extremadamente viscosas, sólo que nuestro marco temporal no nos permite ver lo rápido que fluyen. De hecho muchos vidrios en realidad son sustancias viscosas, pero en nuestro tiempo de vida prácticamente los vemos intactos, sólidos. Si instaláramos una cámara que tome una secuencia de imágenes cada cierto tiempo y esperáramos el número de años suficiente (a lo mejor toda una vida), a lo mejor notáramos algo observando el video en cámara rápida.

En la práctica el experimento de Parnell no sólo sirvió para demostrar la idea a sus estudiantes, sino que por lo visto también a los nietos y bisnietos.

Lo cierto el experimento comenzó y aun no se detiene. Se trata de un embudo que contiene una especie de brea. La idea es que la brea gotee a través del embudo, vaciando todo su contenido. Hasta el momento han pasado sólo nueve gotas por el cuello del embudo, la última el 17 Abril de 2014 y se espera que la próxima gota caiga en algún momento del año 2028. Al principio de este artículo se puede observar una foto del experimento, acompañado de su actual custodio, el Professor John Mainstone de la Universidad de Queensland.

 

 


La extraña historia de aquella vez que amaneció a la medianoche (parte 1)

Esta es la primera parte de una historia basada en hechos reales, ocurridos en Siberia, en 1908. Un extraño fenómeno aun sin clara explicación, conocido como el Bólido de Tunguska.

La tarde del 27 de Junio de 1908, William Tallack se encontraba cerrando su zapatería. Caminó por la pequeña calle empedrada en dirección al río —le gustaba ver la entretenida vida fluvial antes de tomar el tranvía hacia su hogar, no muy lejos de allí. Al llegar vio un grupo de muchachos colgados del pasamanos de metal, mirando al cielo desde la mitad del puente… “está verde!” decían, mientras señalaban al cielo “mira, por detrás de esas nubes”.

William miró con atención. En realidad el cielo se había pintado de color verde intenso en dirección al horizonte. Miró hacia el otro lado y vio el natural resplandor naranja de todas las tardes. Llegada la noche, todos en el puerto de Bristol estaban hablando de lo mismo, del extraño fenómeno de colores aparecido en el firmamento.

En el tranvía, William notó que todos comentaban del extraño acontecimiento. Que horas antes vieron unas luces intensas en el cielo, que era el halo de un ángel que cayó en la tierra, que eran experimentos con la luz eléctrica, que era un castigo de Dios que se acercaba. Él no habló con nadie. Tenía el cansancio acumulado de toda la semana presionándole las palabras.

Llegó a su departamento en el último piso de un pequeño edificio de tres plantas cerca del río Avon, en el barrio de Hotwells. Era noche de sábado y William acostumbraba a tomar una taza de té en su pequeña mesa de madera. Solitario. El té no era un acontecimiento social para él, sino más bien todo lo contrario, un momento para refugiarse de la sociedad y disfrutar de las cosas elementales, que están de la piel para adentro, un acto de reflexión. Cerraba los ojos de vez en cuando y se imaginaba de chico, metido en el taller de su padre en la casa de campo, en las montañas de Dartmoor, al sur de Inglaterra.

Todo el día atendiendo clientes en la zapatería, en medio del bullicio de la zona comercial de la bullente ciudad, le habían hecho apreciar sus momentos de ermitaño.

No podía dormir esa noche. Se acordaba del cielo verde fulgurante al final de la tarde. Recordaba también una leyenda de su abuelo en Dartmoor. De aquella vez que la iglesia de San Pancracio fue impactada por una gigante bola de luz que vino del cielo y que mató a varios fieles en medio de la prédica. Un esférico latigazo luminoso que dañó parte del techo de la iglesia. Trataba de asociar ambos acontecimientos de algún modo, no podía recordar si la leyenda de su abuelo estaba pintada de verde en algún lado, pero sí recordaba que su abuelo le decía que el rayo aniquilador había sido enviado por el demonio para llevarse las almas de los que juegan cartas o apuestan en secreto durante la misa. Luego de examinar los cadáveres se confirmó que se trataba de los apostadores más voraces de la región.

Amaneció como cualquier domingo. William sacó la cabeza por la buhardilla y miró al cielo con dirección al Este. No vio nada raro, sólo un hermoso y no muy frecuente, pero tampoco imposible, cielo azul. Tenía una carta de su hermana sin abrir sobre su mesa, que no había podido leer la noche anterior por andar pensativo. La abrió.

Su hermana le contaba de la apacible vida en el campo y le confesaba su preocupación por el estilo de vida que él llevaba, que se dé un descanso de tanto trabajar y que deje la zapatería encargada con su primo y ayudante por unos días, que se tome unas vacaciones, que ya tenía 25 años y aun no tenía descendencia, que ya era mucho tiempo sin verlo, que sus padres lo echaban de menos, que tenía mucho que contarle.

El domingo transcurrió sin sobresaltos, se sentó a revisar las cuentas del negocio, se puso a responder la carta de su hermana —se le hizo difícil decidir una respuesta, pues le atraía la idea de despejar la cabeza e ir unos días a Dartmoor.

En la tarde salió a visitar a un amigo. Había quedado en llevarle un par de zapatos recién reparados. Caminó por el empedrado de la vereda y de repente notó un súbito alboroto en la calle, en dirección al río. Siguió a la multitud movido por la curiosidad. No hizo falta preguntar a nadie, la razón del alboroto de mostró obvia ante sus ojos justo antes de llegar a la multitud. Un verde fulgor en el cielo, más intenso que el del día anterior, se develaba hacia el Este, con magnitud variable, como latiendo y despidiendo de cuando en cuando destellos luminosos, incluso después de entrada la noche. La curiosidad de la ciudad, despertada el día anterior, se comenzó a transformar en temor, temor a lo desconocido.

(Continuará)


Buscando el puente perdido de Eiffel en Ecuador

Hace unos meses (2013), leyendo un libro de la historia del ferrocarril ecuatoriano, me topé con un párrafo donde se mencionaba un supuesto puente sobre el río Chimbo construido por Eiffel.

Me llamó mucho la atención no haber escuchado antes de esto. Sería verdad?.. Eiffel es todo un personaje y las obras de Eiffel suelen ser atractivos en todo el mundo. Cómo podía ser que la existencia de este puente no sea vox populi?

La curiosidad me llevó a investigar más. Luego de un tiempo pude conseguir dos fotos del mencionado puente y el año de su instalación: 1886.

puente_chimbo

Lo primero que salta a la vista es que se trataba de un puente sencillo. Yo esperaba un monumental puente de arco o algo parecido. Eiffel había construido algunos grandes puentes de arco que le habían dado renombre en la época como diseñador de estructuras metálicas, como el Viaducto de Garabit o el puente María Pía. Sin embargo, al observar las fotos del puente de Chimbo es evidente que se trataba de un puente de poca “luz”, lo que hacía innecesario un puente de arco; hubiera sido un desperdicio de recursos. Eiffel hizo lo correcto.

Pero, a pesar de lo simple de la estructura, a final de cuentas seguía siendo un puente de Eiffel!… la curiosidad se incrementó… Rondaban por mi cabeza muchas preguntas sin respuesta: existirá el puente todavía? En qué condiciones? Estará enterrado entre la maleza? Se usará todavía?

Sólo había una manera de resolver este misterio… había que encontrarlo!

Lo siguiente fue determinar su ubicación. En libros viejos se menciona que el puente se encontraba muy cerca de la población de Chimbo, así que por varias semanas estuve confundido. La única población de Chimbo que aparece en los mapas actuales es San José de Chimbo en la provincia de Bolívar y no habían rastros de la línea férrea allí, peor del puente.

Entonces, dónde estaba aquel Chimbo? Dónde estaba el dichoso puente?

ALGO DE HISTORIA

Aquí voy a hacer un paréntesis, para contar brevemente un pasaje de la historia del ferrocarril ecuatoriano que nos permitirá esclarecer la situación un poco más.

Resulta que en 1886 (fecha de instalación del puente), el plan de tendido de la línea del ferrocarril del Sur era diferente al que finalmente se concluyó en la época de Eloy Alfaro (en 1908).

García Moreno había construido con éxito la línea Yaguachi-Chimbo y en 1885 el Presidente Plácido Caamaño contrató al ingeniero inglés Marcus J. Kelly para que continúe con la obra, desde Chimbo hasta la población serrana de Sibambe.

Kelly le propuso a Caamaño crear 82 kilómetros de vía y construir oficinas administrativas tanto en Chimbo y Sibambe.

De hecho, fue el mismo Kelly quien trajo e instaló el puente, como nos lo relata el investigador Karl Dieter Gartelmann en su libro NARIZ DEL DIABLO Y MONSTRUO NEGRO.

En París, Kelly había tenido la oportunidad de conocer los talleres del ingeniero Alexandre-Gustave Eiffel, quien gozaba en Europa de una amplia fama como constructor de puentes metálicos. Kelly le encargó la construcción de un nuevo puente sobre el río Chimbo, que fue instalado en 1886.

Como dato interesante, y para agregar más condimento al asunto, hay que destacar que en 1886 la obra magna de Eiffel todavía no había sido erigida: la famosa torre Eiffel.

EXISTIO EL PUEBLO DE CHIMBO?

Con lo leído hasta aquí uno ya se hace la idea de que Chimbo debía haber sido un lugar importante. La línea férrea llegaba hasta allí (era la última estación), lo que aparentemente lo convertía en un lugar clave, donde la mercadería del ferrocarril era embarcada a lomo de mula para ser transportada hasta Quito. Además, Kelly planeaba hacer oficinas administrativas allí.

Pero esta idea de un Chimbo importante contrasta totalmente con la realidad… Chimbo, no existe en los mapas actuales.

El misterio se hace aun más interesante cuando uno lee lo que el científico y aventurero Edward Whymper escribió en las memorias de sus viajes por los Andes ecuatorianos alrededor de 1880 (es decir 6 años antes de la instalación del supuesto puente de Eiffel).

El puente de Chimbo, una construcción de madera, cruzaba el río del mismo nombre antes de que éste se volviera bruscamente hacia el Oeste. la vía estaba escondida entre malezas, y hubo que descubrirla; pero, no encontramos ni estación ni trenes, casa, cabaña, ni personas o medios de procurarnos informes. La orilla derecha del río formaba el término de la vía que llegaba hasta el borde del torrente, sin obstáculos que previnieran la caída de un tren a las aguas…

Resultan evidentes aquí varias cosas. Lo primero, Whymper se topó con el final de la vía, donde supuestamente estaba ubicada la población de Chimbo; lo segundo, nos da una referencia de ubicación cuando dice “antes de que éste (el río Chimbo) se volviera bruscamente hacia el Oeste”; y tercero Chimbo no existía como poblado en ese entonces (1880). No había siquiera una estación ni personas en ese lugar, sólo el metal de las rieles.

Sin embargo, Whymper luego relata que en efecto llegó un tren a aquel lugar abandonado, y que lo transportó hasta Yaguachi. Es decir, en efecto Whymper se encontraba en el lugar donde debería nacer luego el poblado de Chimbo.

En algún punto de la historia Chimbo fue creciendo en importancia, eso es claro. Es más, en el transcurso de la investigación pude encontrar dos fotos de Chimbo. Estas no revelan mucha información acerca de la importancia del poblado, pero al menos se puede concluir que se trataba de un caserío establecido. Es decir, que existió!

chimbo

Esta hipótesis es reforzada por el escritor Galo García Idrovo, cuando escribe en su obra El Ferrocarril más Difícil del Mundo:

Con el pasar del tiempo, todo este sector poco a poco se fue habitando de inmigrantes llegados de otros sectores de la provincia de Bolívar y de la parroquia de Sibambe, hasta formar una pequeña población que justamente tomó de nombre “El Chimbo”.

DETERMINANDO LA UBICACION DE CHIMBO

Las primeras pistas de la ubicación aproximada de Chimbo aparecieron por simple lógica. Debía quedar junto al río Chimbo y, como la había escrito Whymper, donde el río gira bruscamente hacia el Oeste. Además, era el fin de la línea del ferrocarril.

Analizando estas dos pistas resulta obvio que Chimbo debía quedar cerca de la actual población de Bucay.

Esto es consecuente con el testimonio de Don Daniel Barragán en el libro de Galo García:

…logrando llegar hasta el sector denominado “del Chimbo”, sitio ubicado a muy pocos kilómetros al norte de Bucay y que toma este nombre justamente por estar ubicado contiguo al río Chimbo.

Sin embargo, la ubicación exacta vendría de un antiguo mapa levantado por el propio Whymper.

Whymper era un ávido observador, buen dibujante y amante del detalle. Se dio el tiempo de elaborar un mapa de la ruta que recorrió, basado en sus propias mediciones y en ciertas referencias de los mapas de La Condamine y Pedro Vicente Maldonado, que existían hasta ese entonces. Whymper no se basó en ellos por completo, pues descubrió imprecisiones.

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Gracias a esta prolijidad documental de Whymper, la ubicación de Chimbo quedó develada por completo.

A PONERSE LAS BOTAS Y SALIR A BUSCAR EL PUENTE

A estas alturas ya había contagiado de curiosidad a mis buenos amigos Vicente Adum (Chento) y Paul Estrella; y los había convencido de ir a buscar el puente. El día elegido fue el Sábado 10 de Enero del presente.

Chento es un aficionado de la historia del ferrocarril y de las locomotoras al igual que yo y Paul, como aficionado a la fotografía, nos acompaño a la aventura equipado con su cámara de fotos.

La primera parada del viaje fue Bucay. No conseguimos mucha información del puente aquí, excepto por el testimonio de Don Eduardo Benavides, ex-maquinista, quien nos mencionó que nuestro puente podía ser uno cercano al caserío llamado La Victoria, en la vía hacia Pallatanga. Nos dirigimos en esa dirección.

Nos detuvimos en el ingreso a La Victoria y tratamos de buscar una forma de llegar al río. El plan “A” era caminar por la ribera del Chimbo, en algún punto de ella tendríamos que toparnos con el puente o con sus bases.

buscando

Lo espeso de la vegetación dificultó un poco la tarea, así que decidimos buscar una ruta alternativa, cuando de pronto Chento gritó: “aquí está, aquí está el puente!”.

Resulta, que el escurridizo puente de Chimbo, o lo que quedaba de él, se encontraba justo debajo del actual puente vehicular que pasaba sobre el río Chimbo. Algo cubierto de vegetación, pero visible. Estuvo todo el tiempo en nuestras narices!

La mala noticia es que ya nada queda de la estructura metálica que algún día fue construida en los talleres de Eiffel. Sin embargo, las bases se encuentran casi intactas, como en sus mejores días.

Nos apresuramos a buscar algunas marcas únicas en el puente, las cuales íbamos encontrando sin mucha dificultad. Una de ellas era un detalle rectangular, en forma de ventana, en una de las columnas principales; otro era un borde horizontal que dividía la mampostería… En pocos minutos nos fue obvio comprobar que se trataba del mismo puente: el histórico puente de Chimbo.

puente

En la foto anterior se puede observar la base oriental, construida de piedra. Se puede distinguir la diferencia de color entre la mampostería rectangular (abajo) y la piedra irregular revocada (arriba). Entre ellas se observa un bordillo horizontal y sobre la piedra revocada un detalle rectangular de color ligeramente diferente.

La mezcla de emociones era intensa. Nos sentíamos como expedicionarios legendarios. La alegría del hallazgo competía con la tristeza de no haber encontrado ya nada de la estructura metálica que algún día reposó sobre estas bases. También fue como transportarnos al lejano siglo XIX e imaginar los días en los que se construyó esta obra sobre la quebrada del Chimbo, sin la ventaja de la maquinaria e instrumentos actuales; nos asombraba cómo la construcción seguía casi intacta.

QUE PASO CON LA ESTRUCTURA METALICA?

Ya en el camino de regreso a Guayaquil y con la satisfacción de haber encontrado nuestro botín nos preguntábamos cuál había sido la suerte de la estructura metálica de Eiffel. Habría sido reutilizada en otro puente? La habrían robado? La habrían fundido?

Todo era especulación hasta ese momento, hasta que un día después, todavía emocionado y devorando un par de libros de la historia del ferrocarril, me encontré con un informe, de la Guayaquil & Quito Railway Company, escrito por John Harman, hacia el Ministro de Obras Públicas de ese entonces. El informe tiene como fecha Julio de 1900 y parecería sugerir lo que menos nos habíamos imaginado –el desenlace más triste de un puente construido por Eiffel– que el puente de Eiffel se había deteriorado en el transcurso de unos pocos años (aproximadamente 14 años).

No es nuestro propósito, sin embargo, abandonar lo hecho; al contrario, nos proponemos concluir la obra hasta el río Zhaurin, distante unos 18 kilómetros de Chimbo y dejarla como un ramal. Con tal fin construiremos un nuevo puente sobre el río Chimbo, pues el que existe, abandonado como ha estado por tanto tiempo, se encuentra deteriorado e inseguro para el tránsito de trenes.

No he querido aceptar la posibilidad anterior, sin embargo, no hay más puentes sobre el Chimbo a los que se haya podido referir este comunicado.

Mucho después de este viaje aventurero, mi buen amigo Ed Crowe, un apasionado del ferrocarril, publicó esta fotografía de los aparentes restos del puente de Chimbo antes de ser llevados a chatarrización, hace dos o tres décadas. Según rumores, luego de desmantelarse el puente, la estructura terminó en Riobamba. Aparentemente esta fotografía pertenece al Archivo Nacional de Fotografía del Ecuador.

Hasta aquí, la aventura de encontrar el puente perdido llega a su fin. Sin embargo, hay algunos cabos por atar todavía y que serán motivo de investigación posterior. Los mantendré informados.

Espero les haya gustado la presente crónica. Para condimentar los dejo con un video que hice a bordo de una de las legendarias locomotoras a vapor que transitaron por las históricas rieles del ferrocarril ecuatoriano.


Eloy Alfaro quería morir?

Mucho se ha hablado de los acontecimientos bárbaros en los que fueron inmolados Eloy Alfaro y sus más cercanos colaboradores a inicios del siglo pasado. Sin embargo, poco se habla de los días anteriores; de la situación que desembocó en estos hechos lamentables.

El presente ensayo pretende explorar brevemente, pero con sustento histórico, el enfoque de un Eloy Alfaro que, para preservar sus ideales en el tiempo, no ve otra salida que la de convertirse en mártir.

Como lo diría su amigo José Peralta, en discurso pronunciado en Panamá a los pocos días de la muerte del Viejo Luchador:

Alfaro, sin el horroroso martirio el 28 de Enero de 1912, acaso se habría confundido con otras celebridades. Pero los mismos que ansiaban exterminar y anonadar al reformador y al héroe, los mismos que profanaron su cadáver y lo redujeron a cenizas, han contribuido eficazmente a la inmortalidad del fundador del liberalismo ecuatoriano.

O como predicaba el propio Alfaro:

Los mártires son los que han redimido a los pueblos. Sin mártires, no habría Libertadores: estos recogen la buena simiente que sembraron y regaron aquellos con el sacrificio de la vida.

En este escrito veremos cómo a través del tiempo el General Alfaro habla del concepto del martirio y cómo, en su “Ultimo Viaje” incluso rehusa a escapar de sus captores cuando se entera de que había un operativo en marcha para rescatarlo.

Los días anteriores

Para quienes no han tenido la oportunidad de conocer los hechos ocurridos, previos a la muerte de Alfaro, haré un repaso muy breve a continuación.

Eloy Alfaro se encontraba en Panamá, desterrado. Con sus 70 años encima se sentía cansado físicamente y ya con algunos achaques propios de la vejez, que se le venía acercando inminente. Se dormía en las sobremesas con amigos y su respiración era fatigosa, “señal evidente de un cansancio orgánico trascendental” [1]. Anímicamente también estaba un poco desencantado y triste. El movimiento liberal del cual él mismo había sido bandera, se encontraba dividido. Para sorpresa de muchos, son los propios liberales los que ostentaban el poder en la fecha de su muerte y son los propios liberales, a quienes Alfaro había tendido la mano en el pasado, los que ahora gritaban en su contra.

Ahora, muchos se burlaban de él, como lo relata Roberto Andrade:

“… estaba tan enfermo, que en El  Oro fue a dormirse en el campamento mientras conversaba con los suyos, y se convirtió en la burla de sus soldados: la causa de este sueño era la arteriosclerosis que lo atormentaba desde 1908”

El periódico liberal El Guante publicó en 1910 la caricatura que se expone a continuación, donde se aprecia un Alfaro corcovado y falto de fuerzas.

alfaroviejo

El Ecuador se encontraba en medio de una guerra civil propiciada por los liberales cercanos a Alfaro (Partido Liberal Radical), en busca de arrebatarles el poder a estos nuevos liberales (para muchos, conservadores disfrazados). Al mando del ejercito revolucionario se encontraba el propio sobrino de Eloy Alfaro, el General Flavio Alfaro.

En este contexto, el 30 de Diciembre de 1911, Alfaro recibe en Panamá (pocos días antes de su muerte) un telegrama muy breve de su más fiel compañero de batallas, el General Montero, que dice:

Urge presencia suya aquí. Si es preciso vapor expreso. Pedro J Montero.

Y Alfaro, sin pensarlo mucho, emprende viaje a Guayaquil. Con los años encima no tenía entre sus planes pelear una guerra, ni siquiera ser Presidente (como le manifestara a su hijo Olmedo en una carta personal, cuyo resumen copio en breve). Su objetivo era, según él mismo manifestara, servir de mediador en este conflicto entre liberales.

… he manifestado con sinceridad que no quiero más volver a regir los destinos del país y todos aquellos que necesitan destinos para vivir se han enfriado y retirado…

Hay que destacar que Alfaro venía a una situación muy peligrosa. El sabía que el riesgo de morir era muy alto.

En el Gobierno de ese entonces ya se rumoraba de un posible regreso de Alfaro, tanto así que el propio Presidente Emilio Estrada, el 17 de Diciembre de 1911 (pocos días antes de morir de insuficiencia cardiaca) escribe una carta intimidante a un allegado de Alfaro.

Repetidas noticias del Istmo (Panamá) han avisado de que el General Alfaro tomará en Panamá el próximo vapor que sale de allá mañana, con ánimo de dirigirse a esta ciudad (Guayaquil). Usted mejor que nadie medirá las consecuencias de este viaje; pero tengo el deber de comunicarle que tengo impartidas instrucciones severas, aunque no crueles; las que en último resultado, llevarán al General a Quito, donde, no estando yo, es peligrosísima la presencia del General. Su prudencia y talento le aconsejarán en este trance.

Es notorio que Estrada trata de hacer llegar su mensaje de manera indirecta a Alfaro, y persuadirlo de que no viaje, so pena de ser trasladado a Quito, sin garantías. Lo que también causa asombro es que esta carta parece una predicción de lo que realmente sucedió días después.

Para el lector resultará obvio entonces de Eloy Alfaro sabía de las posibles consecuencias de su retorno al Ecuador, pero no vaciló en su decisión de emprender el viaje a Guayaquil.

CONTINUARÁ…