La historia del camino a Cuenca y los hombres que cargaron una planta hidroeléctrica y un auto a través de la selva.

Cuenca es una pintoresca ciudad ecuatoriana, muy interesante de visitar. Se encuentra clavada en medio de los Andes y fue inspiración de reconocidos escritores. Pero no siempre se pudo visitar como ahora; por su ubicación, en medio de las montañas, durante mucho tiempo estuvo aislada de las demás regiones del país, pues no habían caminos que condujeran a sus encantos.

Son increíbles las proezas de las que fueron testigos los primeros caminos del Ecuador. Alguna vez escuché el relato de cómo llegó un enorme piano de cola a la sierra, atravesando la cordillera de Los Andes. Había sido traído de Europa y desembarcado en el puerto de Guayaquil. Al principio se transportó en vapor, aguas arriba, a través del río Babahoyo y luego, básicamente a lomo de indio. La travesía duró semanas.

Cuenca fue cuna de muchas de estas historias. En la época en la que se construyó el Ferrocarril Trasandino, que une la costa con la sierra del Ecuador, la G&Q, compañía a cargo de completar la obra, se encargó de fundar un pueblo llamado Huigra, en un hermoso cañón esculpido por el río Chanchán. El ferrocarril no pasaba por Cuenca, para variar, la Carretera Nacional tampoco; pero Huigra quedaba relativamente cerca, así que la G&Q abrió un camino de algo más de 2 metros de ancho a petición del Gobierno Nacional. No se engañen tampoco, el viaje a caballo podía tomar días, pero comparado con nada, el lodoso camino se convirtió en una importante vía de comunicación.

Este camino se llamaba Camino al Tambo, pues ese era el nombre de la pequeña población a la que se llegaba. Del Tambo a Cuenca había un camino pre-existente.

Dicho caminito maltrecho y peligroso sirvió de vía de intercambio comercial (y ruta de viajeros) entre Cuenca y la Costa ecuatoriana. Su importancia fue tal, a pesar de lo difícil de la travesía, que en el pequeño poblado de Huigra se instalaron decenas de agencias de consignación de mercadería, que recibían sus encomiendas de Guayaquil a través del ferrocarril y de allí las embarcaban en mulas u otros animales rumbo a Cuenca. Tantas agencias hubo, que formaron un barrio entero al inicio del polvoriento camino, hoy llamado “Barrio Azuay”. Azuay es la provincia donde se encuentra Cuenca.

Las peligrosas travesías eran encomendadas a una tribu descendiente de los incas, con reputación de ser los más diestros para sortear los peligros de las montañas. Los llamaban indios guanderos, pues llevaban en sus espaldas una especie de pequeña cama de madera que llamaban “guando”. Allí ponían las encomiendas.

Pero la misión más importante jamás encomendada a los guanderos fue digna de una película. Cuenca quería solucionar sus problemas de electricidad con una planta hidroeléctrica y el único modo de transportarla era por el Camino al Tambo. Se cuenta que 3 mil indios guanderos fueron reclutados para este fin, en una de las empresas más asombrosas jamás vistas en esos altos de montaña. Se utilizó todo recurso disponible, las haciendas aledañas pusieron a disposición todo su ganado, para usar la fuerza de sus toros para arrastrar la pesada maquinaria.

Muchos indios murieron en las montañas: unos de cansancio, otros cayeron de las paredes rocosas o aplastados por el enorme peso de las turbinas y algunos perecieron de enfermedades contraídas en la aventura; pero asombrosamente lograron llegar un día de Julio de 1914 y fue así que Cuenca tuvo su anhelada “luz eléctrica”.

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Algunas partes de la planta hidroeléctrica llegando a Cuenca.

Pasarían décadas más para que finalmente el ferrocarril llegara a Cuenca y en 1965 los cuencanos vieron por primera vez acercarse a sus tierras una imponente y agitada locomotora de vapor. Pero como nadie está satisfecho sólo con lo que tiene, pronto pasó que los cuencanos quisieron también carretera. Lo extremadamente curioso es que en Cuenca ya existían autos desde 1912, muchísimo antes de que llegara la línea férrea o la carretera. Seguro el lector ya se está imaginando cómo llegaron estos vehículos hasta allí?

De algún modo estas hazañas multitudinarias deben haber inspirado a los cuencanos a cargar más cosas sobre sus hombros, pues para presionar al Gobierno a construir una carretera “decente” resolvieron seguir cargando cosas inverosímiles, a puro músculo. Y así fue que una mañana de octubre de 1969, decidieron cargar un auto.

Las calles se llenaron de júbilo, el delirio se apoderó del populacho. Un grupo de temerarios miembros del Club Deportivo de Choferes de Cuenca, alentados por la verborragia de un cura vecino, se ofrecieron a cargar un jeep hasta la Costa, para demostrar que el camino –que el Gobierno había puesto reparos en construir– era totalmente factible de hacer. Claro, si alguien podía transportar un vehículo en peso, atravesando las selvas andinas, seguro el trayecto no era tan imposible como se decía.

La idea era buena al principio, pero no tenían jeep, así que la fabrica de llantas GENERAL solucionó el percance de inmediato. Se programó la partida para la mañana del 19 de Octubre de 1969. Aquella mañana un emotivo desfile fue tomando forma de manera espontánea y el pueblo de Cuenca despidió a sus héroes. Juan Samaniego se puso al volante y el resto de valerosos subieron al Jeep o simplemente caminaron escoltando a la nave. La multitud los acompañó varios kilómetros hasta las afueras de la ciudad.

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Improvisado y emotivo desfile de despedida de los héroes

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